Israel sopesa sabotear el acuerdo nuclear entre Trump e Irán

Marginado por Washington, el gobierno de Netanyahu baraja acciones militares o presión política para frustrar un pacto que considera una rendición

La administración Trump ha decidido dejar a Israel al margen de las negociaciones. Foto: NYT

El acuerdo de paz que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está negociando con Irán para poner fin a casi tres meses de guerra, enfrenta un obstáculo inesperado: la férrea oposición de su principal aliado en la ofensiva, Israel.

A pesar de haber lanzado la campaña militar conjunta en febrero, el gobierno de Benjamín Netanyahu se ha convertido en el mayor detractor de un posible pacto, al que tilda de «mal acuerdo» y una «rendición» ante Teherán. La pregunta clave es si Israel tiene la capacidad o la voluntad de sabotear unas negociaciones que avanzan a buen ritmo.

La administración Trump ha decidido dejar a Israel al margen de las negociaciones. Según The New York Times, la Casa Blanca tomó esta drástica medida por la frustración ante las promesas «excesivamente optimistas» de Netanyahu, que aseguró que una guerra relámpago provocaría el colapso del régimen iraní en semanas, un escenario que nunca se materializó. Este aislamiento ha generado una enorme alarma en Israel, cuyos servicios de inteligencia se han visto forzados a espiar a su propio aliado y a recurrir a líderes regionales para conocer los detalles de un pacto que consideran existencial.

El borrador del acuerdo, que Trump ha calificado de «prácticamente negociado», se estructura en dos fases. En una fase inmediata, Irán se comprometería a reabrir el Estrecho de Ormuz —cuyo cierre ha disparado el precio del petróleo— a cambio de que Estados Unidos levante su bloqueo naval sobre los puertos iraníes. En una fase posterior, en un plazo de 60 días, se negociaría un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear de Irán, incluyendo el desmantelamiento de sus centrifugadoras y la salida del uranio enriquecido del país.

Para Israel, este esquema es una trampa. Altos funcionarios israelíes han declarado abiertamente que prefieren una reanudación de la guerra para «exprimir» más a Irán.

Sus principales objeciones abarcan varios frentes. En la cuestión nuclear, Israel exige el desmantelamiento total e inmediato de las instalaciones iraníes, mientras que el acuerdo actual solo garantiza iniciar conversaciones al respecto tras el alto el fuego.

Temen que, una vez reabierto Ormuz, la presión internacional para lograr un pacto nuclear completo se desvanezca. Además, el borrador no menciona el programa de misiles balísticos de Irán ni su apoyo a grupos como Hezbolá en Líbano, temas considerados líneas rojas por Israel. Por último, la liberación de fondos iraníes congelados como parte del alivio de sanciones es vista como una inyección económica que permitiría al régimen de los ayatolás rearmarse.

El propio Netanyahu ha intentado fijar su postura públicamente, insistiendo en que cualquier acuerdo debe incluir el desmantelamiento de las plantas de enriquecimiento, mientras prepara a su ejército para una posible vuelta a las hostilidades. La oposición israelí, incluido el líder Yair Lapid, acusa a Netanyahu de haber llevado a Israel a un callejón sin salida y de haber perdido toda influencia sobre Trump.

A pesar del malestar, la capacidad real de Israel para descarrilar el pacto es limitada, aunque dispone de tres vías potenciales de sabotaje. La opción más drástica es la acción militar unilateral: Netanyahu exige mantener el derecho a operar contra Hezbolá en Líbano pase lo que pase.

Una ofensiva israelí en Líbano o un ataque encubierto —similar al supuesto intento de ataque con drones cerca de una planta nuclear emiratí para culpar a Irán— podría dinamitar la tregua.

En Washington, figuras del Partido Republicano, como el senador Lindsey Graham y grupos de presión como AIPAC, están presionando a Trump. Aunque inicialmente se calmaron con la idea de expandir los Acuerdos de Abraham, el escepticismo sigue siendo alto si el pacto final no es lo suficientemente duro con Irán.

La tercera vía, la obstrucción diplomática, es casi nula, pues al quedar excluido de las conversaciones directas mediadas por Pakistán, Israel ha perdido toda capacidad de influencia en los términos del acuerdo, como admite el propio Netanyahu.

En un giro para calmar a su aliado, Trump ha exigido públicamente a países como Arabia Saudita y Pakistán que normalicen relaciones con Israel como parte del acuerdo, una maniobra que suavizó las críticas republicanas pero que fue recibida con un silencio significativo por parte de los líderes árabes en la llamada.

Por el momento, la dinámica ha cambiado: Trump busca un legado de paz y estabilidad económica que le exige pactar con Teherán. Israel se ve como el principal perdedor de un acuerdo que, lejos de destruir a su enemigo existencial, podría terminar reflotándolo. Aunque carece de la fuerza para vetar el pacto en la mesa de negociaciones, su capacidad para provocar una escalada militar que lo haga inviable es una amenaza real mientras las conversaciones entran en su fase final.

Redacción Escambray

Texto de Redacción Escambray

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