La ciencia que aprendió del hígado de los fallecidos por covid

Aunque ya no haya nuevos grupos con covid-19 y hayan disminuido los fallecidos, todavía hay personal cubano, científico y médico, tratando de obtener información e investigando

La Doctora en Ciencias Licet González Fabián, especialista de Segundo Grado en Anatomía Patológica. (Foto: Naturaleza Secreta.)

Hay preguntas que, a primera vista, resultan incómodas: ¿por qué investigar a los muertos? ¿Para qué estudiar a quienes ya fallecieron por una enfermedad que, además, ya no tiene los impactos de los primeros años? La respuesta está en una historia de ciencia, paciencia y vocación: la de un grupo de patólogos cubanos que, desde el inicio de la pandemia, decidió mirar en los tejidos de los fallecidos por covid-19 para encontrar claves que sirvieran a los vivos.

La Dra. C. Licet González Fabián es especialista de Segundo Grado en Anatomía Patológica y trabaja desde 2007 en el Instituto de Gastroenterología del ministerio de Salud Pública (MINSAP). Ella relata que, desde el inicio de la pandemia, se creó un grupo especial de trabajo en Anatomía Patológica, a solicitud MINSAP, con el objetivo de estudiar los órganos de los fallecidos por esta enfermedad. El grupo estuvo liderado por el profesor Israel Borrajero y continuado por la doctora Teresita Montero, especialista del Hospital Naval Dr. Luis Díaz Soto. A él se incorporaron otros patólogos.

A inicios de la pandemia se creó ese grupo especial de trabajo con el objetivo de diagnosticar y evaluar las alteraciones histopatológicas en los diferentes órganos de los pacientes fallecidos por covid-19. Para ello se realizaron autopsias. Cuba fue líder en Latinoamérica en este tipo de procedimiento. Se lograron estudiar alrededor de 800 fallecidos por esta enfermedad. En La Habana, los hospitales líderes fueron el Hospital Naval Dr. Luis Díaz Soto y el Hospital Salvador Allende. Se estudiaron varios órganos y, en particular, el hígado.

Uno de esos estudios, precisamente el que obtuvo premio de la Academia de Ciencias de Cuba, fue la caracterización histopatológica de los hígados de fallecidos por covid-19. Se estudiaron un total de 559 hígados obtenidos mediante autopsia. El objetivo fundamental fue caracterizar el daño hepático. Hasta el momento en que se comenzó el estudio se habían reportado internacionalmente algunos trabajos, pero con muy escasa cantidad de fallecidos. Casi todos se apoyaban en estudios bioquímicos y en la descripción clínica, no en la anatomopatológica.

Los resultados mostraron que primó el daño hepático agudo. Los patrones histológicos característicos incluyeron necrosis hepatocelular. Se logró identificar como principal patrón de daño celular la muerte de los hepatocitos, que son las células principales del hígado. También fue posible demostrar patrones de muerte celular que no habían sido descritos en otras publicaciones internacionales. Además, se identificaron factores predictores independientes de daño, como la cirrosis hepática y la enfermedad hepática esteatósica, es decir, el hígado graso. Los pacientes que tenían estos antecedentes tuvieron mayor riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad e incluso de fallecer.

El estudio también observó cambios morfológicos en el hígado que demuestran el efecto del virus en el tejido hepático. No fue únicamente el efecto citopático lo que provocó el daño, sino que además se encontraron lesiones en los vasos sanguíneos, lesiones en el endotelio vascular e hiperplasia de los macrófagos de Kupffer. Esto habla a favor de una importante respuesta inflamatoria sistémica en este tipo de pacientes. El estudio no habla de causalidad, pero sí permite demostrar que existen otros factores, como la respuesta inflamatoria sistémica y las lesiones del endotelio vascular, que influyen en el daño hepático.

Entonces surge la pregunta que muchos se harían: si la covid-19 ya pasó, si las personas fallecieron y si ya existen vacunas, ¿qué sentido tiene seguir estudiando esto? La propia especialista responde: la covid-19 no ha terminado en términos científicos. Aunque ya no haya nuevos grupos con covid-19 y hayan disminuido los fallecidos, todavía hay personal cubano, científico y médico, tratando de obtener información e investigando. Esa información es útil para adoptar determinados tratamientos en personas convalecientes de la covid-19 y en pacientes con enfermedades del hígado. Sabemos que los pacientes que tuvieron formas graves tienen riesgo de mantener daño hepático crónico, sobre todo fibrosis, por la extensión de la lesión y la muerte celular. También quienes ya tenían antecedentes de cirrosis o hígado graso tienen mayor riesgo de secuelas y de desarrollar enfermedad crónica.

Demostrar que estos pacientes corrieron mayor riesgo de enfermedad grave e incluso de fallecer permite trazar nuevas políticas de seguimiento para los pacientes recuperados. Los especialistas apoyan a los gastroenterólogos y hepatólogos en sus consultas, brindándoles esta información, porque les permite dar un seguimiento más estrecho a los pacientes que sobrevivieron y, en caso necesario, trazar nuevas estrategias de tratamiento para quienes pueden evolucionar a fibrosis.

La autopsia, dice la entrevistada, sigue siendo importante; sigue siendo la regla de oro para demostrar realmente las causas y los fenómenos que ocurren durante las enfermedades, sobre todo en enfermedades emergentes. Llevan años de trabajo desde 2020 y aún continúan estudiando, porque la enfermedad no ha terminado.

Este estudio lo han llevado a cabo desde el año 2020. Han sido un grupo de patólogos —cinco patólogos—, pero además se incluyeron gastroenterólogos dedicados al estudio del hígado y un bioestadístico, cuyo aporte ha sido esencial para llegar a estos resultados. Hay que agradecer a las instituciones a las que están vinculados todos los profesionales que forman el grupo, porque sin su apoyo no hubiera sido posible llegar a estos resultados.

Cuando recibieron la noticia del premio académico, realmente se sorprendieron. Siempre uno presenta un trabajo para premio tratando de aspirar a obtener un buen resultado, pero todos quedaron sorprendidos. Creen que fueron los resultados y los años de esfuerzo, sobre todo tratar de demostrar que nuestro país, con las limitaciones que tiene, puede hacer mucho aun con pocos recursos, en comparación con instituciones de otros lugares que cuentan con mayores recursos económicos.

Muchas veces se pregunta cómo se siente un patólogo, que no ve directamente al paciente, sino que trabaja con fallecidos. Ella aclara que el patólogo no solo trabaja con fallecidos; también realiza estudios en pacientes vivos, como biopsias y citologías. Muchas veces tienen interacción con el paciente, porque necesitan datos clínicos que les ayuden a llegar a un diagnóstico correcto. La interrelación del patólogo con los especialistas a cargo del diagnóstico clínico es muy importante. Su diagnóstico permite que los pacientes reciban los tratamientos adecuados. Por eso considera que su especialidad es importante.

En el camino han sido varios años de investigación. La situación del país es muy dramática, pero mantienen la motivación. En la profesión médica, dice, lo importante es la motivación. No pueden estar ajenos a los problemas, pero cuando se trabaja con seres humanos hay que olvidarse de esos problemas al llegar a la institución. Estuvieron y continúan motivados. Ven que con su aporte permiten obtener nuevas herramientas para mejorar la calidad de vida de quienes sobrevivieron, aunque hayan tenido formas graves y puedan vivir con secuelas. Continúan estudiando porque las enfermedades siguen ahí; en estos momentos hay alzas de arbovirosis en el país y el mismo equipo se mantiene trabajando.

Las limitaciones existen, pero afortunadamente cuentan con el apoyo de los directivos de las instituciones para lograr los recursos necesarios. Cuando les falta algo, lo buscan en otro lugar. Hasta ahora no han dejado de hacer su trabajo por falta de recursos. Cuando no hay electricidad, no queda más remedio que parar, pero las instituciones de salud están preparadas: hay plantas de energía de emergencia que permiten continuar la labor asistencial. En este edificio no han tenido ese tipo de problemas. Ella vive cerca del Instituto, así que en su caso no tiene problemas con la transportación; el resto del equipo busca igualmente la forma de llegar a su trabajo.

Los profesionales de la salud en general tienen un salario que se ha tratado de subir, pero en el contexto inflacionario de la Cuba de hoy es un problema el salario real; pero ella no se arrepiente de haber estudiado Medicina. Si no fuera médico, no se ve haciendo otra cosa. La Medicina fue lo único que siempre le gustó, y esta especialidad fue la que defendió desde que era estudiante. En esta profesión uno no puede mirar solo lo que está pasando alrededor; tienen problemas y no están ajenos a la situación económica, pero en su caso personal llega a su departamento, que es pequeño pero acogedor, y se olvida de esas limitaciones.

Al final, con sencillez, confesó que traía un guion de todo lo que iba a decir, y que el guion se le olvidó. Quizá por eso su testimonio suena más verdadero: el de una científica que, más que palabras ensayadas, entregó la memoria viva de un equipo que sigue trabajando para que los fallecidos de ayer ayuden a vivir mejor a los pacientes de hoy.

(Tomado del perfil en Facebook de Armando Rodríguez, ministro del Citma)

Cubadebate

Texto de Cubadebate

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