La Picadora, una comunidad de otro tiempo (+fotos)

Este asentamiento poblacional de Yaguajay tiene normas de convivencia que parecen sacadas de un libro y, desde 2017, se convirtió en un peculiar destino agroturístico

Desde 2017 funciona en La Picadora un proyecto agroturístico que involucra a buena parte de la comunidad. (Fotos: Roberto Javier Bermúdez/ Escambray)

Justo en el kilómetro 436 del circuito norte de Cuba se encuentra un pequeño asentamiento poblacional, cuyos vecinos ponen en práctica normas de convivencia muy peculiares.

En La Picadora, perteneciente al consejo popular Mayajigua, del municipio de Yaguajay, sus habitantes no andan en taparrabos ni hablan ningún dialecto aborigen, pero la manera de relacionarse entre ellos y con la naturaleza parece no haberse infectado con los estándares de la vida moderna.

Para Esther Denis Pérez fue complicado adaptarse porque no podía creer que en pleno siglo XXI existiera una comunidad así.

“Yo vine para acá a vivir con mi esposo, que es el delegado de la circunscripción, y, la verdad, al principio me costó trabajo. Aquí las casas prácticamente no se cierran. Cualquier vecino entra por una puerta y toma café o se queda a almorzar”.

Esther Denis Pérez lleva 30 años viviendo en La Picadora y reconoce que al principio le parecía extraño el modo de vida de la comunidad.

¿Cómo te sientes hoy viviendo aquí?

“Ya lo veo como algo normal. Incluso me gusta porque es muy saludable que nos ayudemos unos a otros, sobre todo en estos momentos tan difíciles para Cuba”.

UN PROYECTO PARA TODA LA COMUNIDAD

En La Picadora se desarrolla desde hace algunos años un proyecto agroturístico. Esther es una de las mujeres con mayor participación en este empeño y, aunque el proyecto es de todos, los vecinos la identifican como la persona que lidera el emprendimiento.

De cómo surgió la iniciativa de combinar la agricultura y la belleza natural del entorno con el turismo conversamos con José Ángel Rodríguez (Titi), delegado de la circunscripción desde 1992 y natural de la comunidad.

José Ángel Rodríguez (Titi) es el delegado de la circunscripción desde 1992.

“Yo recuerdo que en una ocasión se comentó en el Gobierno Municipal que los eventos de arqueología y paleontología que se desarrollaban en Yaguajay se tenían que suspender. Era el período especial y la situación estaba difícil.

“Tiempo después surgió la idea de albergar a esos científicos en las casas de la gente de aquí y así se evitaba el gasto de alojamiento en hoteles. Entonces, en 2009 se comenzó hacer cada dos años con el apoyo del Gobierno. Esta es la génesis del proyecto agroturístico La Picadora”.

Entonces, ¿el proyecto funciona desde 2009?

“En 2009 surgió lo de los científicos que mantenemos hasta hoy, pero como proyecto comunitario que vincula el turismo con la naturaleza fue en el 2017 que comenzó.

“Mandamos a uno de los vecinos a un evento de agronaturaleza y regresó con las pilas cargadas hablando de las potencialidades de la zona para desarrollarlo.

“No teníamos mucha confianza en que aquello pudiera resultar, pero, como somos tan unidos, decidimos poner manos a la obra para apoyar a los que sí lo creían posible.

“Construimos las primeras casitas para alojamiento con las condiciones mínimas. Y sí dio resultados porque, a pesar de tiempos difíciles como la covid y la etapa posterior, ya son miles los turistas que han pasado por aquí”.

El turismo que llega a La Picadora no es de sol y playa. A la comunidad arriban estudiantes y científicos extranjeros en busca del contacto con la naturaleza o de la tranquilidad del lugar, hasta para poder estudiar con más calma.

El turismo que llega a La Picadora no es de sol y playa.

LA SOLIDARIDAD: EL BIEN MÁS PRECIADO DE LA PICADORA

De todos los encantos del lugar, lo que más sorprende a los visitantes, incluidos los cubanos, es la manera colaborativa de convivencia. Aquí hay gente que trabaja por ayudar, sin preocuparse por lo que va a ganar a cambio.

Luisa Bárbara y Ovilfredo Carbó no tienen tierras propias, pero convirtieron un barranco pedregoso en tierra fértil para el cultivo de malanga, plátano, melón y café.

“Le pedí a Desiderio, que es el usufructuario de la tierra, que me diera este pedacito para hacer algo y él me dijo que si yo era capaz empezara cuando quisiera”, comenta Luisa.

“Y nada, aquí poco a poco he logrado cultivar la tierra y embellecer el entorno agrupando las piedras para hacer canteros y rodear los árboles”, apunta.

Luisa Bárbara tiene más de 60 años y en ese pedacito de tierra trabaja a diario para garantizar alimentos. Como era de esperar, no lo hace sola.

“Muchos vecinos me han ayudado. Ovi (Ovilfredo) es el que más trabaja; con un machete en la mano hace maravillas”.

Ovifredo no nació en la comunidad, pero lleva varios años en La Picadora y no piensa marcharse.

“Lo mío es trabajar —sentencia—. No estoy midiendo qué gano y qué pierdo. Desde que vivo aquí nunca me faltó la comida y vivimos con más calma que en las ciudades”.

Aunque la comunidad pertenece al Plan Turquino de la provincia, sus habitantes no se quedan cruzados de brazos esperando lo que el Gobierno les garantice.

Entre todos y con los beneficios económicos del turismo lograron construir un acueducto comunitario. Tanques, turbinas, tuberías y herrajes salieron del esfuerzo común y para el beneficio de todos.

El círculo social, la bodega y el consultorio médico también han recibido la intervención comunitaria.

A la pregunta constante de si han pensado en irse del poblado, la respuesta de todos es rotunda y directa. “Nunca hemos pensado en eso”, asegura el delegado, quien resume el sentir de los poco más de 200 vecinos.

Mientras el reportero se pasea admirando la belleza natural y la calidez de la gente, advierte un ajetreo inesperado.

“Hay vecinos que han podido poner paneles solares en sus casas y ahora estamos llevando algunas neveras para esas viviendas a conectarlas para conservar los alimentos”, comenta Titi.

Entonces, ¿esas personas prestan servicio a la comunidad?

“No lo restan, lo regalan. No cobran nada por eso. Lo hacen como se hace todo aquí, por ayudar”.

La solidaridad de los cubanos es reconocida en todo el mundo y La Picadora es, sin duda alguna, un reservorio inagotable de esa cualidad que nos define y nos mantiene vivos, a pesar de los pesares.

Roberto Javier Bermúdez Portal

Texto de Roberto Javier Bermúdez Portal

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