Los Oscar tras bambalinas

Aunque, sin dudas, el poder de convocatoria de ese certamen es planetario y la distribución de sus premios constituyen una garantía de éxito para los afortunados, no siempre se reconoce al filme que realmente puede trascender en el tiempo

El agente secreto, filme del brasileño Kleber Mendonça Filho, fue nominado en varias categorías sin lograr una sola estatuilla.

Han pasado varias semanas y aún los medios hacen referencia a los premios Oscar del presente año. Aunque, sin dudas, el poder de convocatoria de ese certamen es planetario y la distribución de sus premios constituyen una garantía de éxito para los afortunados, no siempre se reconoce al filme que realmente puede trascender en el tiempo. La historia de los premios registra más de un desacertado veredicto, donde han primado los intereses ideológicos, comerciales y propagandísticos sobre los potenciales valores cognitivo y estético. Esta vez, se ignoró al filme El agente secreto, del brasileño Kleber Mendonça Filho, nominado en varias categorías sin lograr una sola estatuilla. 

Para mí fue decepcionante el premio de la mejor película con cuatro galardones más a la norteamericana Batalla tras batalla, de Paul Thomas Anderson. Estimo se lo merecía la de Kleber Mendonça Filho. La de Paul Thomas tiene demasiados clichés del cine hollywoodense: mucha acción armada, sexo como tela de fondo, epidérmica contextualización de una época convulsa de los años sesenta en los Estados Unidos donde los “revolucionarios” son latinos frustrados. La brasileña está sostenida por una estructura narrativa sólida sobre la década de 1970, cuando imperaba la represión militar brasileña. En ella se cuenta la historia en clave de thriller político sobre un profesor universitario condenado a muerte.

Confieso que me identifiqué más con El agente secreto, pese a sus casi tres horas de duración, que me parecieron excesivas, por ofrecer una parábola ficcional sobre el contexto de una dictadura brasileña capaz de dañar la condición humana de personas inocentes, incluso llegar al asesinato. La propuesta constituye un mensaje sobre la nociva pérdida de la memoria colectiva ante hechos políticos criminales.

El filme tiene como tejido argumental la historia de un  poderoso industrial ligado a la cúpula del poder que siente en peligro su negocio por un profesor, jefe del departamento de investigación de una universidad, sobre inventivas que según él lo perjudicarían y lo manda a matar. Ofrece un entramado de corrupción, chantaje, violencia, impunidad policial y medios de prensa al servicio de los políticos poderosos.

Lo interesante de su estructura dramatúrgica descansa en ofrecer la vitalidad de los brasileños, quienes defienden sus raíces culturales populares a través de la celebración de los carnavales famosos por la masividad y la brillantez de las escuelas de samba. En medio del jolgorio colectivo, se ofrecen en paralelo los desmanes de las fuerzas policiales quienes respaldan los asesinatos con inusitado cinismo. Este contrapunteo visual constituye un logro indiscutible del director al darnos una visión integral acerca de una sociedad como la brasileña, sometida a dictaduras militares, pero con ganas de vivir. Quizás podría considerarse el tema del filme como la extensión de dictaduras latinoamericanas que tantas víctimas inocentes han provocado y la pérdida de la memoria político social ante acciones deleznables.

Aunque es una película del género de realismo social, apoyado en el thriller policial, El agente secreto apela a recursos simbólicos para subrayar que estamos ante una historia terrorífica de irracional violencia ciudadana. A través de los dibujos realizados por el hijo de menor edad del protagonista se hace referencia al filme Tiburón, del cineasta norteamericano Steven Spielberg. De igual modo, aparece en el vientre de un escualo la pierna de una persona. A ello se suma historias fabuladas del imaginario popular donde se revela por la prensa sensacionalista que la pierna encontrada deambula en horas nocturnas por los espacios públicos agrediendo a las parejas furtivas. Es una visión poliédrica sobre un asunto de rango dramático de connotación nacional.

Entre los aciertos formales del filme se observa una cuidadosa fotografía que subraya la calidez de la luz tropical brasileña con tomas panorámicas y primeros planos brutales de lúgubre resonancia. De igual modo, el actor Wagner Moura quien hace el papel protagónico del perseguido Armando, oculto bajo el nombre de Marcelo, ofrece una personalidad serena, sin exteriorizar el miedo que siente ante su sentencia de muerte, de noble calidez humana para con su hijo y personas que le rodean. Este excelente actor brasileño, nominado en la categoría de actuación protagónica por los premios Oscar, se dio a conocer con el papel del oficial violento de Tropa de élite, filme brasileño de acción policial.

Los invito a que busquen en los llamados paquetes a domicilio los filmes El agente secreto, del brasileño por Kleber Mendonça Filho y la norteamericana Batalla tras batalla, de Paul Thomas Anderson para que saquen sus propias conclusiones. Hace unos días se proyectó por la televisión cubana Batalla tras batalla. Solo añadir que, si bien ambos filmes se afincan en el thriller, hay un elemento que los diferencia: el del brasileño aborda la impunidad de las dictaduras y sus consecuencias terroríficas en el tejido social con la peligrosa pérdida de la memoria colectiva; y la del norteamericano se apoya más en lo espectacular con clichés propios del cine hollywoodense. Quizás las preferencias del tribunal de los Oscar se deban, tras bambalinas, a la era Trump con sus obsesionadas guerras antiinmigrantes.

El filme de Anderson se llevó la estatuilla a mejor película en la más reciente edición de los Oscar.

Luis Rey Yero

Texto de Luis Rey Yero
Doctor en Ciencias del Arte. Especializado en temas culturales.

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