No necesita cerrar los ojos para sentir la furia de la bestia de hierro “asaltar” la vieja estación de ferrocarril de Jarahueca. Roly Peña vuelve a correr por el borde de los desgastados rieles. Se deleita con tropezar, una y otra vez, con el olor a madera de las casas y el polvo que en círculos se desplaza por el ancho trazado del norteño poblado de Yaguajay.
“Mi abuelo era de Meneses. Se casó con mi abuela que vivía en Sagua la Grande. Se mudaron para esa localidad, donde nacieron mi mamá y sus hermanos”.
Y justo en los retazos de esas memorias, una de las firmas audiovisuales más seguidas por tener la fórmula exacta para atrapar a los públicos, incluso los más exigentes: adolescentes y juveniles, suelta espontáneos destellos de añoranza. No fue a Jarahueca —aclara— tantas veces como las que hubiera querido, pero sí las necesarias para nutrirse de la magia de un entorno de personas humildes y con inmensos corazones.
“La adoro porque en la familia se hacen muchos cuentos de esa tierra. Incluso, llego cada vez que paso por esa zona. Tengo una estrecha relación con la Colmenita de Jarahueca y con la parte humana de la gente de allí. Es un sentimiento de familia que no se agota en ningún esfuerzo del uno por el otro. Y así somos en casa, aunque residamos en La Habana”.
Culpa también de esa atmósfera cómplice a su cuna en la región central del país. Hijo de padre caibarienense y madre oriunda de esa tierra fértil para frijoles, se define como villareño.

“Es mi realidad. Cuando nací esto era Las Villas. No nos hemos desprendido de las costumbres campesinas o guajiras —como les quieran decir sin tono despectivo—. En eso está todo nuestro cariño”.
Es el mismo afecto que profesa a dos espirituanos hallados en los días en que la Escuela Nacional de Instructores de Arte fue casa: el sierpense Abel Domínguez y el jatiboniquense Julio César Ramírez Ojito. De su última graduación, antesala de la Escuela Nacional de Arte, egresaron con el impulso de vestirse de directores de teatro y, también, actuar.
“Han dirigido más teatro que televisión, pero Ojito, como le decimos cariñosamente, ya compartió dirección en una telenovela. Yo sí he estado más presente en ese medio. En el caso del cine, me llegó no porque quiera hacerlo ahora y no antes, sino como oportunidad. Tocó en estos momentos a mis puertas.
“He sido feliz haciendo las series de televisión que muchas generaciones han podido disfrutar. El no haber estado antes en el cine no me convierte en menos feliz. Sencillamente, es otro tipo de espacio muy productivo”.
Lo confiesa a Escambray cuando aún en la sala del cine Conrado Benítez, de Sancti Spíritus se sienten los ecos de las ovaciones. Con el último crédito de Nora, su más reciente producción audiovisual, se rompió el silencio del auditorio. La presentación resultó el pretexto de su retorno a Sancti Spíritus. Dejó aquí un filme que rompe un tanto con lo más común en los últimos tiempos, en tanto él se llevó de regalo a La Habana un fragmento de la cuarta villa, construido con colores y trazos auténticos de Luis García Hourruitiner.
Su filme devela, con una fotografía, banda sonora y actuaciones destacadísimas, las esencias de quienes en silencio construyen hoy fragmentos de nuestra historia.
¿No resultó arriesgado apostar por la realización de un thriller policíaco cuando históricamente argumentos más apegados a las realidades cubanas se han robado la popularidad?
“Lo es desde su esencia: un thriller policíaco y, mucho más, porque es comprometido. Cuando hacemos la sátira, porque he trabajado el humor, resulta muy fácil llegar a los gustos de las multitudes. En tiempos complejos, incluso esos discursos se agradecen mucho porque se ejerce la crítica.

“En Nora hablamos de valores del ser humano en función de su país, Cuba. Sabemos que eso no aviva el mayor entusiasmo en las audiencias. Como creadores asumimos ese riesgo, pero también tenemos que crear en lo que se considera interesante y necesario. A mí no me va a quedar grande que falten titulares. El producto está”.
Se visibiliza una parte de nuestra historia, una menos conocida por su propia naturaleza. ¿Cuántas deudas hay con esas mujeres y hombres que desde el anonimato protegen a esta nación?
“Nuestra generación, y debemos reconocerlo, es hija de En silencio ha tenido que ser. Realmente, no es recurrente el tema, pero en el entorno actual, en el futuro o en el que sea va a tener un espacio propio. No deja de cumplir los parámetros de la industria: entretener, que los públicos acompañen al protagonista y que sientan que no perdieron su tiempo en el cine. Técnicamente se logra con la banda sonora, la fotografía y los actores. No está en el ánimo actual, quizá oportunistamente, hacer este tipo de película. Por eso no creo que esté corriendo riesgo, sencillamente corro mi momento con el riesgo de que sea más o menos popular”.
En el currículo de Roly predominan los elencos de jóvenes. En Nora la protagonista lo es, pero rodeada de consagrados ¿Satisfecho con esta fórmula?
“Muy. Quienes han visto la película disfrutan de una actriz que debimos envejecer un poco porque quien la inspiró era mayor. Creemos que el receptor asimila mucho o tiene muy en cuenta quién es el comunicador. Por eso, apostamos por jóvenes para jóvenes. Nos funciona mejor el lenguaje, siempre muy alejado del teque, del discurso viciado.
“En nuestras investigaciones hemos constatado que la juventud está distante de eso y también está carente de cultura política. Si preguntamos por los héroes, quizás Messi y Cristiano Ronaldo tengan más presencia que los héroes nacionales. Los seguimos viendo en el mármol y no en 3D.
“Romper con las construcciones en blanco y negro es nuestra lucha. Digo que la historia hay que contarla como la madre de uno, con debilidades y defectos, pero ha sido tan mayor su virtud que no la dejas de amar. Así veo la historia de mi país”.
¿Por qué los públicos jóvenes están en la mira de Roly Peña?
“Es por la personalidad de un momento de crecimiento, de transformación, de formación… Les doy mucha importancia a las visiones humanistas de la realidad y, sobre todo, a la historia de mi país que es la base cultural de todo ser humano. Los jóvenes llevarán o no el futuro de mi nación. Por tanto, necesitan de esa base cultural. Cuando no contamos con ese sostén somos presa fácil de cualquier cultura externa. Por eso también digo que no trabajo para convencidos, sino para los que están en el área de duda o en contra, para que entiendan”.
Recientemente, declaró que en la mesa de espera tiene más de una producción audiovisual ambiciosa relacionada con la historia de Cuba como LCB de la Seguridad del Estado, Calixto García y los Hermanos Saíz. En medio de tantas necesidades, ¿por qué aventurarse con esos retos?

“Los riesgos, como en el amor, se cometen a partir de que hay algo que te impresione o que tú desees. Siempre va a haber escasez, necesidades, inconformidades. Pero lo que no podemos salir a la calle con la jabita de las justificaciones para decir: No se hace. Vamos a correr el riesgo y ya veremos qué pasa. No puedo ver desde ahora el futuro como algo imposible porque me quedaría en mi casa trancado. Creo que es posible, y lo hemos demostrado”.
Fue ese el espíritu que lo acompañó durante todo el proceso de Nora, no exenta de tropiezos lógicos y otros, como toda obra humana. Pasado un tiempo y con más de una visualización en La Habana y otras salas del país, Roly Peña siente el mismo placer del primer día de esta su historia y de quienes dialogan con el largometraje.
“Ha pasado lo que queríamos. Tiene aceptación, llega a los públicos y siento que la gente la agradece. Esa es mi mayor satisfacción. Podremos ponerla en 12 circuitos internacionales, pero no es mi público. Mi público es de Cuba, por eso hago mi recorrido por toda la isla y me enfrento a los espectadores. Lo haré siempre”, concluyó.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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