Palacio Cantero, un museo vivo (+fotos)

A 46 años de su fundación, el Museo de Historia Local de Trinidad se erige como un espacio dinámico y comprometido con su comunidad

El museo es uno de los puntales en el trabajo comunitario en la tercera villa de Cuba. (Fotos: Facebook)

En el corazón de la villa, donde las calles empedradas parecen detener el tiempo, el antiguo Palacio Cantero vuelve a vestirse de gala. Este sábado 8 de noviembre, el Museo de Historia Local de Trinidad celebra su aniversario 46, una fecha que no solo conmemora la apertura de una institución cultural, sino que reafirma el compromiso de la Ciudad Museo del Mar Caribe con la salvaguarda de su patrimonio más auténtico.

La historia de esta institución es inseparable de la majestuosidad del inmueble que la acoge. Construido entre 1828 y 1829 por el acaudalado hacendado azucarero José Mariano Borrell y Padrón, el edificio pasó a manos de la familia Cantero en la década de 1840, época en que adoptó el nombre que lo inmortalizaría. Con sus amplios salones, decoraciones murales realizadas por pintores locales e italianos, y una imponente torre mirador, el palacio es un testimonio vivo del esplendor de la sacarocracia criolla del siglo XIX.

Sin embargo, no fue hasta el 8 de noviembre de 1980 cuando el Estado cubano, tras un proceso de restauración iniciado en 1967 para detener su deterioro, inauguró en su sede el Museo Municipal de Historia. Desde entonces, sus 12 salas exhiben valiosas colecciones de mobiliario, documentos y objetos de la época, y recrean cronológicamente el devenir de la tercera villa, desde sus orígenes fundacionales hasta las transformaciones sociales y económicas del siglo XX.

La directora de la institución, Enriqueta Ramírez Caro, ha subrayado en diversas ocasiones la relevancia de este espacio como eje de la vida cultural trinitaria. Las celebraciones de este año, diseñadas bajo el programa Entre Arcadas, han tenido como centro a la comunidad, con iniciativas que van desde talleres de tejido y bordado hasta visitas a centros educacionales y hogares de ancianos. El plato fuerte del agasajo fue la edición 31 del Taller de Historia Local, que sesiona este sábado 7 de noviembre y reúne a investigadores y estudiosos del patrimonio para debatir sobre tradiciones, usos y costumbres de la villa, así como sobre nuevas técnicas para la enseñanza del patrimonio.

Uno de los aspectos más destacados de la celebración es el habitual Concurso Infantil de Artes Plásticas y Literatura. Según explicó la directiva, esta iniciativa busca incentivar en los más pequeños el apego por el legado de los ancestros, al permitir que los pioneros dibujen su ciudad, narren sus historias y escriban poesías sobre ella. Es, en esencia, una apuesta por garantizar la continuidad de la memoria histórica a través de las nuevas generaciones.

El valor agregado del museo trasciende sus valiosas colecciones. Su torre mirador, a la que se accede por una escalera estrecha, ofrece una vista panorámica inigualable donde se conjugan la ciudad antigua, el Mar Caribe y las montañas del macizo Guamuhaya. Este mirador, además de un atractivo turístico, constituye un punto de referencia visual que permite comprender la dimensión patrimonial de Trinidad, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1988.

No obstante, la celebración convive con desafíos significativos. El paso del tiempo y las limitaciones materiales han dejado su huella en la infraestructura del palacio. Filtraciones y problemas constructivos han puesto en riesgo las valiosas pinturas murales que decoran algunas de sus salas, lo que ha obligado a tomar medidas para proteger las colecciones.

A pesar de estas dificultades, el colectivo de trabajadores mantiene viva la institución, demostrando que la defensa del patrimonio es, ante todo, un acto de voluntad y resistencia cultural.

A 46 años de su fundación, el Museo de Historia Local de Trinidad se erige como un espacio dinámico y comprometido con su comunidad. Desde sus salas y su torre, el Palacio Cantero sigue contando la historia de una ciudad que, como su museo, se resiste a olvidar sus raíces.

Redacción Escambray

Texto de Redacción Escambray

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