Casi olvidado, el patrimonio funerario en Trinidad tiene en el Cementerio Católico uno de sus principales exponentes. Documentos históricos confirman que los primeros enterramientos datan del año 1803, pero varias acciones constructivas continuaron en ese recinto hasta la mitad del siglo XIX.
La necrópolis trinitaria no se destaca por su majestuosidad, ni por su aspecto monumental como otras de su tipo. La ampliación del camposanto se realizó de forma irregular; por tanto, no existe simetría en la distribución del espacio; y la posición de las bóvedas, en ocasiones, impide caminar entre algunas de ellas.
Mas, ninguno de esos detalles le resta valor y encantos a este sitio sagrado, ubicado a la salida de Cienfuegos, y una reliquia que se resiente no solo por el paso de los años, sino también por el abandono que pone en riesgo sus valores.
UN LEGADO QUE NO SE PUEDE PERDER
“La principal razón de su abandono, pudiéramos decir, institucional, es que no se conocen sus valores patrimoniales”, expone con pesar Bárbara Venegas Arboláez, Historiadora de Trinidad.
“Este cementerio que la iglesia católica administró durante la colonia española tiene más de dos siglos de existencia, y es una joya del arte funerario en la ciudad por su arquitectura y todos los elementos que se encuentran dentro de él”.

La entrada del recinto es un frontis de mampostería cerrado por una reja de hierro y en lo alto se lee la fecha 1803. Hacia el interior, hay un arco con una frase en latín, al igual que en el Cementerio de Espada, “Ecce nunc in pulvere dormían”, cuyo significado en español es “He aquí los que ahora duermen en el polvo”.
Pero lo que más resalta del lugar —asegura la Historiadora— es su capilla dedicada a Nuestra Señora de la Salud, y que acoge en su interior el Altar de las Ánimas, trasladado hasta allí desde la Parroquial Mayor en 1814.
“Son pocos los cementerios del país que poseen capilla con cúpula. Por su rigor técnico, esta estructura da la medida también del alcance tecnológico y constructivo que alcanzó Trinidad durante la etapa colonial.
“En su interior se encuentra el altar donde se colocaba el ataúd para la ceremonia eclesiástica, custodiado por el retablo de madera y un Cristo Crucificado encima como expresión de la devoción cristiana de aquella época”.
“Esto es también Trinidad”, comenta el incansable investigador Víctor Echenagusía Peña. Y menciona el apellido de familias acaudaladas que encuentran allí descanso eterno: Malibrán, Sánchez Iznaga, Borrell y Lemus, Brunet, Maury…

Una de las más antiguas, detalla Bárbara Venegas, es la de Isabel Malibrán de Calatrava. Según recoge la historia, murió joven. Fue una tragedia y el esposo mandó a construir una lápida muy decorada, con el escudo de la familia y unos preciosos versos como epitafio.
“En otro cuadrante, a la izquierda de la entrada, tenemos otra muestra de la historia que ha vivido la ciudad, la tumba de Berta Machado, de la familia de Gerardo Machado. Esta mujer falleció en 1930, pero cuando cae el dictador, en 1933, el pueblo se lanza para las calles a acabar con toda la memoria de esa familia. Todavía los impactos de las balas están ahí”.
Aunque en este camposanto prevalece un modelo funerario simple, en las bóvedas se admiran escudos de nobleza esculpidos, obeliscos y esculturas de mármol, cuyas decoraciones reflejan los estilos arquitectónicos en la ciudad del siglo XIX.
Las más elaboradas —reseña el investigador José Antonio Pérez Menéndez en un artículo publicado en la revista Tornapunta— fueron construidas en el siglo XIX y recrean el dolor, la tristeza, la compasión y, en ocasiones, hasta la resignación.
Sobresalen, asimismo, los herrajes que circundan algunas lápidas y las farolas. Otros elementos —números romanos, frases, cruces, flores y lazos— se mezclan en bellísimas composiciones.
Llama la atención la bóveda de la familia Sánchez Iznaga, construida en 1890 y que cautiva por su lujosa herrería fundida, que la diferencia dentro del recinto funerario. A ello se suman elementos iconográficos en forma de columnas cuya parte superior semeja una antorcha como símbolo del fuego eterno.
“Y si se fijan, entre las imágenes predominan la de la Virgen de la Caridad y la del Cristo de la Vera Cruz, porque es el patrón de Trinidad. También está la cruz, común en este tipo de sitios”, apunta Víctor.
EL CEMENTERIO DE HOY
A pesar de su valor histórico y patrimonial, la necrópolis carga con el peso del tiempo y del abandono. Lo reconoce Lorenzo Fidel González Salabarría, nombrado recientemente director de Servicios Necrológicos en Trinidad.
“Lo primero es organizar el trabajo”, admite consciente de que dirige un sector fuertemente deprimido por la carencia de recursos, los bajos salarios y la poca atención al hombre. “Son, a mi juicio, los tres factores que más inciden y en los que debemos enfocarnos para revertir la imagen no solo de este sino del resto de los cementerios en el municipio”.
Osmani Cebey Ramos y Ramón Fundora, sepultureros ambos, se las arreglan para tener a mano un mínimo de cemento con el cual sellar las lápidas. “Se gestiona por aquí y por allá, pero se necesitan machetes, palas y otros instrumentos de trabajo”, dice el primero.
—¿Cuál es su salario?, indaga Escambray
—Dos mil quinientos pesos. Es un trabajo importante, aunque no todos lo valoran. Esto no es pago con nada.
Mejorar la imagen del Cementerio Católico de Trinidad —como bien refiere la Historiadora de la urbe y en lo que coincide también el director de Servicios Necrológicos— requiere un enfoque integral desde la institucionalidad.
A pesar de que este año se ejecutan algunas acciones constructivas, la rehabilitación de ese espacio debe incluir además la restauración de todos los elementos del arte funerario que posee y que hoy muestran señales evidentes de deterioro.
Para ello, afirma Felipe Ruiz Gutiérrez, director de Inversiones de la Oficina del Conservador de la Ciudad y el Valle de los Ingenios, se requiere la intervención de artistas y otros especialistas. “Hoy no contamos con recursos ni financiamiento para respaldar labores de esa envergadura”.
Como uno de los planteamientos de la economía (con asignación de un nivel de materiales y poco más de 2 millones de pesos en presupuesto), en 2026 deben concluir las acciones constructivas en la cubierta de la entrada, la capilla y los muros perimetrales, además de la pintura. Pero al interior del camposanto, ¿qué sucederá con el patrimonio funerario del Cementerio Católico de Trinidad?
Escambray Periódico de Sancti Spíritus


















Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.