Como una bola de fuego cayó la noticia en las manos del experimentado teatrista espirituano Jose Ángel Meneses Ortega. Resultó el elegido para dirigir la puesta en escena, ejercicio de graduación del perfil profesional de Actuación de los espirituanos del Centro Provincial de la Enseñanza Artística Olga Alonso, en Villa Clara.
“Estábamos centrados en otro espectáculo totalmente alejado a lo que se concibió para Humberto Daniel Toledo González, el único que regresó de la academia — rememora el director de Teatro Garabato —. Al conocer de ese imperativo como consecuencia de las adecuaciones de la enseñanza artística por el complejo contexto le dije a Félix vamos a buscar un libro de Virgilio Piñera, autor al que nunca había trabajado”.
Justo es ese el primer valor de la puesta en escena defendida con dignidad por el joven espirituano y sus colegas Kely de la Caridad Hernández Calvo, Anthony Evelio Pérez López, Ana Lía Mencía Domínguez —estudiantes del primer año del centro villaclareño— y Regla Naomi Rodríguez López —egresada del mismo hace un año—.
“Es un texto escogido a partir de las posibilidades actorales del estudiante —añade Félix Ramón Delgado Barrizonte, el otro guía de la puesta—. Se pensó como unipersonal con apoyatura de los otros actores. José realizó la recreación teatral de tres cuentos, escritos en la década del 40 del pasado siglo XX”.
El insomnio, La cena y La carne parecen redactados en este mismo instante. Dan voz a carencias materiales, vicisitudes, hambre, demagogia, miserias humanas… Dan vida con estremecimiento a Réquiem por Virgilio.
“Los escogí de una primera lectura. Fueron llevados de la literatura narrada a la dramática. Son cosas que pasan, que a veces uno ni se explica, cosas absurdas como es la vida nuestra y como fue la de Virgilio”, alega Meneses Ortega.
Una decisión más que acertada para la salud del teatro espirituano. Demasiado predominio sobre la escena provincial, en los últimos tiempos, de puestas endebles, facilistas, con estridentes gestualidades más que textos para hacer reflexionar.
“No creo que sea la gran obra —enfatiza Jose—. Simplemente, salió de la nada. No teníamos dinero para la producción y se hizo en tiempo récord. Los muchachos el otro día me aclararon que todo se logró en poco más de un mes de trabajo. Pero sí estoy contento porque ha tenido buena aceptación en los públicos espirituanos que al final son para quienes trabajamos.
“Más allá de las opiniones de estudiosos se ha entendido, interactuado, se han tomado las energías del espectáculo y ya para mí es el valor más grande de la obra”.
Otro de los añadidos de Réquiem por Virgilio, puesta que se puede disfrutar en las tardes de todos los fines de semana de este mes de mayo en el Centro para las Artes Serafín Sánchez Valdivia, de Sancti Spíritus, es que el texto profundo, estremecedor de esencias se escucha en la voz de un joven. Es un gancho seguro para atraer a otros de su generación distantes de las tablas por la propia ausencia de propuestas de esa manifestación en esta tierra.
“Fue un proceso complicado —reconoce el actor salido del cascarón—. Venía directo de la academia y, fue mi primera vez enfrentándome a un grupo profesional. Agradezco infinitamente a José y Félix por el texto. Espero que los espectadores descifren el lenguaje encriptado que hay detrás de cada palabra. La puesta tiene que cumplir la función del teatro: hacer conciencia en muchas personas.
“Nunca había trabajado el absurdo. Me costó un poco porque provengo de un lugar donde la poética es más realista para llamarlo de alguna manera”.
Para reforzar el trágico y carente contexto del protagonista de Réquiem por Virgilio, se apuesta por una escenografía discreta y ausencia de luces desde la parrilla del propio teatro. Además, de legitimar el universo desgastado de la obra se contextualiza ya que la habitual ausencia de energía eléctrica no se convierte en impedimento para disfrutar la puesta. Sin embargo, el romper con una particularidad del teatro: visualizar con nitidez las expresiones del personaje ha generado opiniones encontradas.
“Desde que se entra a la sala se está totalmente a oscuras. Ya eso prepara a los espectadores a lo que se van a enfrentar. Hemos escuchado todos los criterios y tenemos como máxima que como toda obra humana tiene que enriquecerse.
“Réquiem… desde su propio significado nos dice lo que vamos a ver. Incluso, tiene relación con la música de Mozart que se escucha a través de un bafle que podemos encontrar en cualquier lugar”, explica Félix Ramón.
Literas en forma de cuadrilátero y donde ocurre todo, bandejas, calderos, cucharas, fragmentos de tela y celulares complementan la penumbra que atrapa al protagonista que después de tantos insomnios decide suicidarse.
“Es un espectáculo de estos tiempos totalmente. El vestuario es reciclado de otra puesta. No había de otra. Nos enseña que, con pocos recursos, pero bien organizados se pueden hacer buenas cosas”, concluyó Jose Ángel Meneses.
La suerte está echada. Solo queda ir al Centro para las Artes Serafín Sánchez, de la urbe del Yayabo, para dialogar, reflexionar, opinar… Interactuar con la escena siempre se agardece. A diferencia de Vacío, la puesta en escena que permitió el pasado año el egreso del nivel medio de cuatro espirituanos y no se pudo sostener en cartelera, Réquiem por Virgilio —un salto superior a ese ejercicio— ya hasta cocina cómo llegar hasta algunos municipios.
“Agradezco a los dos elencos por creer en lo que uno puede lograr como artista. Me ha permitido refrescar, recapitular todos los conocimientos de mi formación como instructor de arte en la especialidad de teatro. Por lo tanto, me ha fomentado el disfrute por el teatro. Volver a las tablas con Réquiem por Virgilio me ha hecho volver, repito insistentemente, a mis orígenes”, resume el joven Félix Ramón Barrizonte.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus






















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