A la Ginecobstetricia ha dedicado más de 30 años de su vida y, al decir del profesor espirituano Mario Enrique Berea Turiño, es esta la especialidad que atiende dos vidas a la vez: la de la madre y la del niño. Con certeza, cada parto es sinónimo de luz, de futuro.
Graduado en 1991 de Médico General Básico, Mario agradece su formación a los profesores de las áreas básica y clínicas, fundamentalmente, a los doctores Pérez Castro, Muga, Anastacia Valdivia y, especialmente, a Alejandro Zayas Borrell, quien “dedicó buena parte de su tiempo a mi formación. Toda mi experiencia se la debo a ese gran profesor de profesores”, subrayó Berea Turiño.
En más de tres décadas de servicio, ¿qué sobresalto quedará por experimentar frente a un monitor fetal cuyos indicadores avisan que algo anda mal, frente a un parto de emergencia donde peligra la vida de dos seres humanos a la vez? En esos instantes, este doctor espirituano solo sabe que tiene dos manos para salvar dos vidas.
Así lo ha experimentado en la antigua Maternidad Provincial Isabel María de Valdivia, en el Hospital Provincial General Camilo Cienfuegos; también como ginecólogo en los ocho municipios del territorio y en otras provincias como Las Tunas, La Habana y Camagüey.
Durante nueve años, con diferentes responsabilidades en la Dirección General del Programa de Atención Materno Infantil en Sancti Spíritus, el doctor Mario supo de desvelos, discusiones de casos de neonatos y maternas graves y críticas; supo, además, de intervenciones quirúrgicas complejas en las que no había un después, era un ahora.

Ese cruzar la línea fina que separa a la vida de la muerte devino desafío diario durante la covid. “Fue la prueba más fuerte que he tenido en mi vida profesional”, dice, y no hay dudas, se trataba de enfrentar un virus letal que engullía vidas sin detenerse en números.
La grandeza de haber sido útil fue el resultado: Sancti Spíritus terminó la pandemia con una de las más bajas tasas de defunciones maternas del país y cero muertes de neonatos por esta causa.
Y esta apuesta por la vida la ha protagonizado el doctor Berea Turiño en otras naciones: en los hospitales de La Providencia y Roubot, en Haití; en la provincia de Tete, en Mozambique; en la ciudad de Medellín, Colombia, donde recibió curso de entrenamiento en Hemorragia Obstétrica y Planificación Familiar.
Desde 2024, este espirituano forma parte de la brigada médica que junto a personal sanitario italiano atiende a una población de más de 250 000 habitantes. En el Hospital Gino Iannelli, ubicado en la Región de Calabria, provincia de Cosenza, municipio de Cetraro, más de un familiar agradecido, como aquel que le pidió una foto junto a su primer hijo de solo horas de nacido, ha estrechado su mano con calidez. Cada día, asomarse a una sala de niños acabados de nacer junto a sus madres es redescubrir la ternura en Maternidad, aquel óleo sobre lienzo del pintor realista italiano Giuseppe Magni, que aún conquista miradas y hace creer en la génesis del amor.
Por estas razones, en fecha reciente, el gobernador de Calabria, Roberto Occhiuto, no cedió a las fuertes presiones del gobierno de Estados Unidos para que pusiera fin a la presencia de la brigada médica cubana en esa sureña región italiana.
“Algo que no está en discusión es que los médicos cubanos que actualmente prestan su servicio en Calabria — un poco más de 400 —se quedan. Han estado y siguen siendo fundamentales para garantizar el funcionamiento de las estructuras sanitarias”, aseguró Occhiuto.

El pronunciamiento del legislador Angelo Bonelli, líder de la alianza parlamentaria entre los partidos Europa Verde e Izquierda Italiana, resulta concluyente: “La presión del gobierno estadounidense sobre la presencia de médicos cubanos en el sistema de salud pública es inaceptable. Su aporte en Calabria ha sido fundamental y no podemos más que expresar nuestra gratitud por su profesionalismo”.
En el Hospital Gino Iannelli, en cada parto, cesárea, intervención quirúrgica de Ginecología, en cada acto de salvación queda la huella de la Medicina solidaria que ya una vez, cuando la pandemia de la covid, quedó allí en el este de Calabria, hacia el Mar Mediterráneo, donde el invierno es muy frío, pero la calidez de la gente es absoluta.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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