Virgen de la Caridad: patrimonio espiritual de los cubanos (+fotos y video)

El culto a la virgen, presente en cada rincón del país, sigue siendo el lazo invisible que une a una nación diversa y única

En Sancti Spíritus se erigió el segundo templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba. (Fotos: Yosdany Morejón/ Escambray)

Aunque le piden con fe durante todo el año, cada 8 de septiembre los cubanos rinden culto especial a la Virgen de la Caridad del Cobre —Cachita, para sus más fieles devotos—. Tatuada en la piel, colgada al cuello como dije, resguardada en el monedero para la buena suerte, pintada en las paredes del hogar o venerada en un cuadro sobre el escaparate, su presencia es un murmullo constante que recorre la isla de punta a punta.

Los creyentes cubanos la reconocen como su Patrona, y su figura, hallada en 1612 en las aguas de la bahía de Nipe, es mucho más que un ícono religioso: es un símbolo de identidad y amparo que ha trascendido el tiempo.

Cuenta la leyenda que el descubrimiento, protagonizado por Juan Moreno —el negrito de la Virgen— y dos hermanos indígenas, marcó el inicio de una devoción que ha perdurado por más de cuatro siglos.

Según relató el propio Moreno, estando una mañana de mar calma, antes de salir el sol, vieron una cosa blanca sobre la espuma que al acercarse resultó ser la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos, sobre una tablita pequeña.

Para asombro de los halladores, sus vestiduras no estaban mojadas y en la madera se leía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Desde entonces, la llamada Virgen Mambisa ha acompañado a los cubanos en todos los momentos, desde la plegaria más íntima hasta las gestas colectivas por la libertad.

Su historia está indisolublemente ligada a las luchas independentistas. Carlos Manuel de Céspedes, al entrar en Bayamo con las fuerzas liberadoras, pidió una misa solemne en su honor y puso al ejército revolucionario bajo su cuidado. Antonio Maceo portaba su escapulario en el cuello, y Fermín Valdés Domínguez, el entrañable amigo del Apóstol, llevaba su medalla siguiendo el consejo materno: “Lleva, hijo mío, tu medalla al cuello y no le temas a las balas de los españoles”. La copla de la Guerra de los Diez Años refleja ese sentir: “Virgen de la Caridad, / Patrona de los cubanos,/ Con el machete en la mano/ pedimos la libertad”.

Fueron los propios héroes de la manigua quienes, el 24 de septiembre de 1915, escribieron una carta al Papa Benedicto XV para solicitar su declaración como Patrona de la República de Cuba. Firmada por 200 generales, oficiales y soldados desde el Santuario del Cobre, la petición fue aceptada y el 10 de mayo de 1916 se firmó el decreto de su proclamación.

Cien años después de aquellas letras, el Papa Francisco visitó su Santuario, siguiendo la estela de Juan Pablo II —quien la coronó y bendijo en 1998— y de Benedicto XVI, que en 2012 le entregó la Rosa de Oro y se postró a sus pies en el mismo santuario.

La huella de Cachita, sin embargo, no se circunscribe a la región oriental. Su devoción se extendió con rapidez por todo el archipiélago; prueba de ello es la iglesia erigida en su honor en la ciudad de Sancti Spíritus, que constituye el segundo templo dedicado a la Virgen de la Caridad en Cuba, antecedido únicamente por el santuario de El Cobre.

Levantada en el corazón histórico de la villa espirituana, esta edificación no solo es un lugar de culto, sino una constatación física de la rápida expansión del fervor entre los habitantes de la antigua región central, mucho antes incluso de que se oficializara su patronazgo.

Esta iglesia da fe de cómo, desde épocas tempranas, el centro de la isla también abrazó su manto protector, con lo cual se consolidó una veneración que trasciende fronteras geográficas y credos.

Como expresara Eusebio Leal, los símbolos juegan un papel importante en la historia y son una expresión de la poesía sin la cual no se pueden explicar los misterios.

En medio de esos misterios, millones de cubanos celebran a la Virgen cada septiembre, porque, más allá de las religiones y la concepción que del mundo cada cual tenga, ella es genuinamente nuestra. Su rostro, presente en cada rincón del país, sigue siendo el lazo invisible que une a una nación diversa y única.

Escambray reproduce un audiovisual producido en 2020

Redacción Escambray

Texto de Redacción Escambray

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