En brazos de la Patria

Operación Tributo en Sancti Spíritus.El 7 de diciembre de 1989 junto al mausoleo de El Cacahual, donde descansan los restos gloriosos del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales y de su ayudante, el capitán Panchito Gómez Toro, muertos en combate precisamente en ese lugar 93 años antes, se efectuó el acto nacional de homenaje a los internacionalistas cubanos caídos en diferentes países, que coincidió con ceremonias similares a lo largo y ancho de Cuba.

Preside Raúl homenaje a Maceo y la Operación Tributo

Allí, ante miles y miles de compatriotas y con la presencia de importantes personalidades foráneas, entre las cuales se encontraba José Eduardo Dos Santos, Presidente de la República Popular de Angola, el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció un histórico discurso en el cual explicó —entre otras cosas— las razones por las cuales se había escogido precisamente ese sitio tan querido y simbólico para los hijos de esta tierra.

Porque, en esencia, allí yace el más insigne de nuestros generales independentistas, descendiente de africanos, y el hijo predilecto del más brillante de los internacionalistas que lucharon en la manigua insurrecta contra el yugo de España: el Generalísimo Máximo Gómez, y porque fue en África, concretamente en la patria de Agustino Neto, donde ofrendaron su vida la inmensa mayoría de esos mártires, a los cuales, a partir de ese momento, y en cada lugar donde descansan sus restos se les rendiría homenaje.

Luego de la extensa intervención de Fidel, se procedió a dar sepultura simultánea en toda la ínsula a los venerados despojos de los hombres y mujeres que lo habían dado todo por una causa justa.

EVOCACIONES DE UN PROTAGONISTA

Al Coronel Ángel Moreno Urquiza, por entonces teniente coronel al frente de la Dirección de Atención a Combatientes, Familiares y Mártires, en Sancti Spíritus, le sorprendió la citación que recibió un día de finales de 1988 para presentarse en el Minfar en La Habana, a donde estaban convocados todos sus iguales del país.

En el encuentro sostenido con el General de Cuerpo de Ejército  Sixto Batista Santana —ya fallecido—, este les informó que había recibido de Fidel y del entonces Ministro de las FAR, el General de Ejército Raúl Castro, la honrosa misión de organizar la repatriación de los restos de los cubanos caídos bajo otros cielos, que se llevaría a la práctica con el nombre de Operación Tributo.

“Allí —refiere Urquiza— se nos plantea la tarea de preparar en todos los cementerios municipales una especie de bóveda o panteón destinado a los restos de los mártires internacionalistas y,   en fecha posterior, cuando se repatriaran, darles sepultura en ellos de acuerdo con sus territorios de procedencia.

“Pasó el tiempo y nosotros continuamos trabajando en esta tarea. Se hicieron aquellas obras, pero a inicios de 1989, el General Sixto se vuelve a reunir con nosotros y nos dice que hay que hacer en cada provincia y en cada municipio unas obras que se van a llamar Panteón de los Caídos por la Defensa, y que donde no hubiera cementerio, había que hacerlo, y también el panteón, como ocurrió en La Sierpe”.

EN LA RECTA FINAL

A mediados de noviembre de 1989, Urquiza y Julio son citados nuevamente para La Habana. Una vez en la capital, los llevan para la Base de San Antonio de los Baños, donde a los representantes provinciales se les asignan lugares en hangares de la aviación para que fuesen depositando los restos correspondientes a cada territorio, según fuesen arribando.

“Allí —recuerda Moreno Urquiza— empezaron a llegar los restos y durante once días estuvimos recibiéndolos. Los organizamos por provincias según una lista, y el día seis de diciembre por la madrugada, se nos cita para la Dirección Nacional de Atención, en Kohly 43, donde nos reunimos con el General Sixto Batista y otros oficiales. El motivo era firmar el Acta de Conformidad, de qué traíamos para cada provincia”.

Julio Hernández, hoy funcionario del Inder, señala sobre este aspecto que en las naves de la Base Aérea “estaba el doctor Jorge González, con el equipo de Medicina Legal y expertos forenses, y ahí, ataúd por ataúd, osario por osario, los revisamos todos, porque no se admitía que hubiera en ellos ni siquiera una pequeña imperfección”.

Sobre esta etapa final, evoca el Coronel de la reserva Ángel Moreno Urquiza: “Nos entregaron una patrulla con equipo de comunicación que permitía mantener enlace permanente con el país, y Julio y yo salimos de la Base de San Antonio con dos camiones Kamaz, con remolques, en los que trasladamos los restos de los 119  espirituanos caídos en otras tierras, de ellos 26 en ataúdes y el resto en osarios.

“De ahí los trajimos para La Trinchera, específicamente para lo que era una escuela de la Agricultura, hoy politécnico de Informática. Llegamos a las once en punto de la mañana, como estaba previsto, y nos estaba esperando la dirección del Partido en la provincia y el Consejo de la Administración.

“Yo rendí parte de mi misión y Jorge Valdés, entonces primer secretario del Partido en Sancti Spíritus, me planteó la tarea de tomar los restos correspondientes al municipio cabecera para llevarlos a la escuela Serafín Sánchez, donde se expusieron desde las 6.00 p.m. del 6 de diciembre.

“A continuación continuamos entregando los restos de nuestros internacionalistas a los distintos territorios, labor que concluimos a las dos de la tarde. Luego llegó una comisión nacional presidida por Pepe Ramírez, de la cual formaban parte el General Sergio del Valle, y otros compañeros. No se reportó ni el más mínimo tropiezo”.

BALANCE DE LA OPERACIÓN CARLOTA

El recuento final de la Operación Carlota, de asistencia militar cubana al Movimiento Popular para la Libración de Angola (MPLA), que se inició en 1975, poco antes de la fundación de la República Popular el 11 de noviembre de ese año —y se extendió por casi 16 años, hasta inicios de 1991— es la historia de una epopeya sin igual en el largo devenir de la humanidad.

La pequeña Cuba, de solo 110 000 kilómetros cuadrados y, por entonces, unos 10 millones de habitantes, ayudó a preservar la independencia de un territorio 11 veces mayor, asediado por tres movimientos contrarrevolucionarios financiados y apertrechados desde el exterior, y de la agresión directa de Sudáfrica, con la complicidad de los EE.UU., Israel y algunos socios europeos.

Por Angola pasaron 377 033 combatientes cubanos, de los cuales 56 622 eran oficiales y alrededor de 50 000, cooperantes civiles. Uno de cada cuatro de los 2077 fallecidos era oficial, lo que da una idea de su valentía y arrojo.

Como expresara el General de Ejército Raúl Castro en un discurso pronunciado el 27 de mayo de 1991 en El Cacahual, al dar por concluida la Operación Carlota: “Honramos sobre todo a los  compañeros que no sobrevivieron para ver la victoria porque la fecundaron con su sangre. Ellos figurarán siempre entre los hijos más entrañables de la patria”…

La Operación Tributo incluyó también a 160 internacionalistas caídos en Etiopía y a otros 113 que dieron sus vidas en otros países hermanos. Como premio de su sacrificio, Angola preservó su soberanía; Namibia, antigua colonia surafricana, alcanzó la ansiada libertad, y en África del Sur cayó el odiado régimen del apartheid y surgió un gobierno popular bajo el liderazgo de Nelson Mandela.

Desde entonces, más de 76 000 colaboradores cubanos han prestado sus servicios de salud en 39 países africanos y se han formado gratuitamente en Cuba un total de 3 392 médicos provenientes de 45 naciones de ese continente. Según cifras recientes, más de 4 000 cooperantes cubanos de la salud laboran en 32 de esas naciones. Solo en Angola hay 90 espirituanos, entre médicos y personal técnico del sector.

Por si fuera poco, en este instante trabajan en África Occidental en la dura batalla contra el ébola 256 médicos y enfermeros cubanos, de los cuales 165 en Sierra Leona, 53 en Liberia y 38 en Guinea Conakry. Es un esfuerzo gigantesco, como no ha realizado nunca ninguna otra nación en el mundo. Es también el mejor de los homenajes para aquellos que con su sacrificio lo hicieron posible.

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