Arroceros espirituanos no recogen los bates

Con menos área sembrada por la falta de agua, Sur del Jíbaro se propone aportar más cereal que en la anterior cosecha

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El secadero Los Españoles fue de los primeros en activarse para la cosecha. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Quien mire el desolador panorama de la presa Zaza pudiera aconsejar a los arroceros de Sur del Jíbaro: recojan los bates, que ese juego está perdido. Cuesta creer que con el embalse enseñando casi todo el fondo, pueda hablarse de cosecha del cereal en La Sierpe.

Claro, a la hora de plantar el arroz de frío la Zaza tenía un poco de agua para respaldar más de 8 000 hectáreas y finalmente el estirón de la siembra permitió llegar a 9 756, el 93 por ciento del plan de la campaña invernal.

El ciclo arrocero de este período —incluye las cosechas de frío y primavera— programa una plantación total de 12 902 hectáreas, superficie que cubriría el 43 por ciento del terreno dedicado al cultivo.

“Como el agua era escasa decidimos usarla en la campaña de frío porque los rendimientos en esta etapa son superiores en una tonelada a los de primavera”, comentó Orlando Linares Morell, director de la Empresa Agroindustrial de Granos (EAIG) Sur del Jíbaro.

De manera que para completar las cerca de 3 000 hectáreas del programa anual de plantación se depende, más que de la Zaza, del cielo porque el proyecto de los 40 pozos para utilizar agua subterránea —en espera del arribo de las bombas— debe comenzar a explotarse para fines de año.

Es tanto el anhelo del agua que cabría hasta pronunciar la célebre frase: ¡Ábrete sésamo!; mas, Orlando Linares acude a otra expresión que, a la luz de hoy, casi implora lo mismo: “Tiene que llover”. Su optimismo radica en que no se pierde tiempo en la preparación de tierra y lo que falta por plantar se puede sembrar en un mes desde que tengan las condiciones.

ABRIL DESPERTÓ LA COSECHA

En los primeros días de abril arrancó la recolección del grano y al paso de dos semanas la cosecha comienza a levantar el ritmo con la incorporación de la mayoría de las unidades, en tanto, el diseño de la contienda concentra el 70 por ciento de la producción en las Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC) y el resto  en las Cooperativas de Créditos y Servicios.

A juicio del director de la EAIG, se ha buscado compactar la siembra en bloques para tener mejor aprovechamiento del riego de agua, más organización y eficiencia en el empleo de la maquinaria, la aviación y las cosechadoras, a la vez que se favorece el trabajo agrotécnico y existe mayor seguridad con la utilización de los productos químicos.

Sur del Jíbaro planifica producir este año unas 30 000 toneladas de arroz consumo, sobre la base, señala la propia fuente, de que unas 12 000 toneladas no dependen directamente de la cosecha, sino del excedente que aportó sobrecumplir el rendimiento agrícola en la pasada campaña y ello permitió a la entidad guardar en silos unas 19 000 toneladas de arroz cáscara.

Los recortes que últimamente ha impuesto la escasez de agua a la producción de arroz no han hecho más que despertar la cultura de apegarse a las normas de consumo y también abrir estrategias de trabajo para el mejoramiento de la infraestructura arrocera.

Raúl Hernández Negrín, especialista de Riego en la empresa, considera importante la recuperación del 80 por ciento de las obras de fábrica y mecanismos hidrorreguladores porque se trata, afirma, de lograr mayor productividad del agua. “Necesitamos 6.81 metros cúbicos de agua para obtener un kilogramo de arroz húmedo y en ese parámetro estamos empleando menos de 5 metros cúbicos”.

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El respaldo de la aviación resulta fundamental para las atenciones al cultivo. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

DEL LOTE A LA INDUSTRIA

Para Gualberto Saucedo Bandomo, jefe de lote en la UBPC Mapos, esa estructura de producción facilita mejor atención al cultivo, toda vez que ha permitido crear en los colectivos una cultura arrocera.

“El lote da muchos resultados, estabilidad en el personal, cada cual sabe lo que tiene que hacer y, desde la preparación de la terraza hasta llevar el grano al secadero, todos los pasos son determinantes”.

Aunque la cosecha recién ha comenzado y es temprano para realizar valoraciones, Pedro González Guerrero, jefe de Producción en la propia UBPC, opina desde su experiencia: “El arroz que se siembra en noviembre no suele rendir mucho; sin embargo, el que ya hemos picado despunta con un rendimiento de 5.5 toneladas por hectárea, la aspiración es llegar a 6, en eso mucho tiene que ver que la arrocera vive el mejor momento en la calidad de la semilla”.

En el componente industrial prosigue una amplia agenda de inversiones, modernización y desarrollo para garantizar mayores capacidades en los procesos de secado, molinado y almacenamiento.

Una planta priorizada en la ruta inversionista es el secadero Los Españoles, donde se labora este año en la obra civil con vistas a instalar después tres silos que elevarían las posibilidades de guardar arroz seco, la tradicional limitación en esta industria, según Leonardo Puentes, director de la unidad.

La escasez de agua no tiene cruzados de brazos a los productores de arroz en La Sierpe y, si bien han disminuido los aportes del cereal, el bajón productivo es aprovechado para transformar la infraestructura agroindustrial; tanto, que la empresa ha ejecutado trabajos e inversiones en los últimos años por un valor superior a los 100 millones de pesos.

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