Taguasco: Santa Rosa también cultiva el aprendizaje (+fotos y video)

En pleno campo de Taguasco se asoma la escuela rural de ese Consejo Popular, una instalación que ilumina el aprendizaje, tan humilde como los alumnos y maestros que la habitan

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Los niños en Santa Rosa aprenden igual que si estuvieran en una escuela en Sancti Spíritus, aseguran los maestros. (Fotos: José Luis Camellón/Escambray)

Santa Rosa casi ni se distingue en el mapa; apenas se le conoce por su palpitar agrario, el típico caserío rural con casas arrimadas al camino y otras que se descuelgan campo adentro. Trasciende por ser un paraje agropecuario de renombre, que cobija a familias atadas a la vida rural, al tabaco y los potreros.

Santa Rosa también cultiva el aprendizaje y tiene en la escuela un verdadero aposento del saber; nadie allí vive ajeno a la enseñanza, a la lealtad de los dos maestros que a diario llegan de lejos; a esos jinetes con pañoletas que cabalgan kilómetros para estar cada mañana frente al pizarrón y aprender.

Es una escuela modesta, con tres aulas —incluida la de computación—, dos maestros y un puñado de alumnos que cursan la Enseñanza Primaria. Para acuñar su entorno, una vega de tabaco se le arrima por un costado; por el otro, amarradas al cercado, las bestias que traen y llevan los niños en una cruzada de kilómetros.

Bien lo sabe Daliana Lorenzo Sosa, estudiante que acaba de vencer el sexto grado y dará continuidad a sus estudios en la Secundaria Básica; una alumna que desde pequeña tuvo que aprender también a montar a caballo para superar la lejanía.

“Mi sueño es estudiar Medicina, aquí he aprendido mucho y pienso seguir adelante”, dice y la alegría ilumina su rostro; se anima y narra pasajes de su tránsito por la Enseñanza Primaria. “Vivo lejos, para llegar puntual siempre tenía que levantarme temprano y venir a caballo, no tenía otra forma; al principio no sabía montar, me caí muchas veces, pero llegaba siempre; ¿aguaceros?, ¡uhhh!, me mojé bastante. Quiero ser doctora, para cuando el maestro sea viejito atenderlo aquí en el consultorio”.

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“Llevo 49 años en el magisterio, 15 en esta escuela”, expresa Alberto Valdés Pina.

LOS NIÑOS IMPULSAN A SEGUIR

Como cada mañana, el caserío despierta con el bullicio típico de la zona rural: tractores que se desplazan en busca de la tierra, carretones con cantinas de leche, jornaleros que amanecen en las vegas de tabaco y, en ese ir y venir llega también Alberto Valdés Pina, un maestro que ha sembrado su alma en Santa Rosa.

“Trabajaba en Taguasco en la Enseñanza Primaria, faltaba un maestro aquí, me propusieron venir y llevo ya 15 años”, asiente, como si desandar los 6 kilómetros de terraplén que separan a la cabecera municipal de Santa Rosa fuera pura rutina.

“Aquí el transporte es muy malo, pero cojo mi bicicleta todas las mañanas y no falto a la escuela; bueno, cuando me ha fallado la bicicleta he venido a pie, o en lo que pase por el camino, un tractor, un caballo, lo que aparezca. Cuando llego y veo a los niños con ese amor que me reciben, el cansancio se me quita.

“Muchos viven en zonas intrincadas, entonces la escuela es el único lugar que tienen para entretenerse. Atiendo los primeros grados, es complejo porque los alumnos de primero no están adaptados como los de segundo y tercero, entonces tengo que dedicarles más tiempo; nos preocupamos también por sus traslados, a los de primer grado los tenemos que ayudar muchas veces a bajarse de los caballos”, relata el maestro.

Estudiar en una escuela apartada no supone ninguna desventaja de aprendizaje, nada les impide a los alumnos adquirir los conocimientos, afirma Valdés Pina y argumenta: “Estamos especializados en trabajar el multigrado; los niños en Santa Rosa aprenden igual que si estuvieran en una escuela en Sancti Spíritus; tienen el televisor para las teleclases, vienen las profesoras de Arte y de Computación; varios de los que han pasado por aquí estudian hoy carreras universitarias”.

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Daliana Lorenzo Sosa pasó a la enseñanza Secundaria con los sueños de ser doctora.

En el período de la pandemia Alberto Valdés Pina y Florentino Ramírez Zazeta —el otro maestro— visitaron casa por casa a cada niño, por intrincado que viviera. “Para orientarlos, ver las dudas, las dificultades que tenían; así fuimos avanzando hasta que volvimos a las clases en el aula; recién terminamos el curso satisfactoriamente, se cumplieron los objetivos y no tenemos ninguno desaprobado.

“Ya presenté el retiro, tengo 66 años, pero debido a que no hay maestro voy a seguir aquí hasta que tenga fuerzas y salud; los niños son los que impulsan a uno a seguir, no los voy a abandonar, ellos son también mis nietos, mis hijos, mi vida” sentenció Valdés Pina.

SI ME FALTA SANTA ROSA ME ENFERMO

Al borde del medio siglo en el magisterio está también Florentino Ramírez Zazeta, maestro que vive en Los Charcazos, un paraje rural de Taguasco separado a casi 8 kilómetros de Santa Rosa, y desde hace 16 años imparte clases en esa comunidad.

“Domino el contenido y las asignaturas, ya son más de 30 años en estos grados. Al igual que muchos niños, vengo a caballo, por un camino en medio del marabú, pantanoso y con mucho fango, pero a las siete y media de la mañana estoy aquí, nunca falto.

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Los jinetes con pañoletas son parte del paisaje diario de la escuela del Consejo Popular Santa Rosa.

“Ellos y sus padres son mi familia también; me reciben todos los días con un abrazo, se portan muy bien; ahora con los teléfonos celulares me llaman mucho para aclarar las dudas y durante la pandemia eso fue de mucha ayuda para ellos. Mis alumnos me dan los deseos de vivir”, afirma conmovido el maestro.

Más que presentar el retiro, Ramírez Zazeta ya pactó seguir en la escuela de Santa Rosa, “porque es un deber, un compromiso con mis alumnos y sus padres. Cuando veo la cantidad de estudiantes que he formado en esta escuelita y hoy tienen niveles profesionales, siento regocijo; por eso digo que nada de fatalismo geográfico, estos niños tienen las mismas oportunidades que en cualquier otro lugar. Separarme de aquí será para mí difícil”; lo dice con tanto sentimiento que se le humedecen los ojos,  pero retoma la palabra: “Te aseguro que hoy si me falta Santa Rosa me enfermo”.

José Luis Camellón

Texto de José Luis Camellón
Reportero de Escambray por más de 15 años. Especializado en temas económicos.

6 comentarios

  1. Cuántos lindos recuerdos de mi infancia, estudié en esa escuelita hasta el sexto grado, muy buenos maestros con mucho cariño y respeto, y varios años después fui de las primeras maestras de computación . Que Dios Bendiga mi tierra!

  2. Salud y bendiciones para esos maestros que cultivan el aprendizaje con tanto amor y humildad. Muy afortunados esos niños.

  3. Eso es Amor, sentido de pertenencia, respeto por la profesión y todo lo que conlleva!!!!!!

  4. Yudania gutierrez

    En esa escuelita estudiaron mis 2 hijos gracias a fredy y albe por guiar a tantos niños y felicidades por su labor y esfuerzo diarios

  5. Irina Ramírez Moreno

    Dios mío que nostalgia yo fui médico allí desde el 96 al 98 en mi servicio social y fui la primera doctora en vivir la casita del consultorio allí me hice mujer tuve que aprender a cocinar a montar a caballo para visitar los pacientes fue una linda experiencia aún mis pacientes me recuerdan como la doctora de Santa Rosa ellos aprendieron de mí y yo mucho más de ellos gracias santa rosa

    • Mirta Rosa Gamez Vazquez

      Que alegría fui alumna de esa escuela en los años 1970 es un bello lugar y siempre tuvo muy buenos maestros:algunos de ellos fueron: Elsy Hernandez, Raulito Calero, Marlenys Pérez , Eroilda Lorenzo y muchos más. De ahí aún conservo bellas amistades que quiero como familia

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