En la comunidad yaguajayense de Seibabo, entre aulas y alumnos improvisados, comenzó a nacer el amor por el magisterio en Iraida Valdés Medina. Mas, aquellos impulsos de infancia tomaron forma un poco más tarde, cuando se sumó al movimiento Guerrilleros por la Enseñanza, y transitó por las escuelas pedagógicas Rafael María de Mendive y Manuel Ascunce Domenech, de Sancti Spíritus y Villa Clara, respectivamente, para iniciar la ruta de Maestro Primario.
Como parte de su formación, realizó prácticas docentes en Zaza del Medio, hasta que tuvo entre sus manos el título que la acreditó como licenciada en Maestro Primario. Y aunque el perfil de ocupación se ceñía a esa enseñanza, bastó el llamado de profesores de Secundaria Básica para que esta mujer tocara a las puertas de dicho nivel educativo como docente de Educación Laboral y Dibujo Básico.
Su despegue como educadora tuvo lugar en la Secundaria Básica (ESBU) Camilo Cienfuegos, de Yaguajay, plantel que la acogió siendo apenas una muchacha y que la abraza hasta los días de hoy. Allí estuvo delante de un aula como profesora hasta que llegó la posibilidad de desempeñarse como secretaria docente.
“Aunque muchas veces apoyé el trabajo de la secretaría docente, otra cosa era adentrarse en él. No obstante, lo asumí. Como secretaria docente llevo todo el trabajo de la escuela. Emito informaciones oficiales al municipio, como resultados de promoción y asistencia de estudiantes y trabajadores. Conservo la documentación del centro, custodio los expedientes acumulativos del escolar, los registros de asistencia y del ciclo de evaluación de los estudiantes, al tiempo que velo por el otorgamiento de becas, entre otros procesos”, detalla Valdés Medina.

En medio de esta rutina, Iraida espoleó los instintos de superación. No se conformó con los honores de Maestro Primario. Estaba dentro de la Enseñanza Secundaria y debía estar a su altura. “Para alcanzar el título de profesor de Secundaria Básica tuve cuatro años de formación.
“Luego, hice la licenciatura en Educación Laboral y Dibujo Básico y, más tarde, hace 12 años, cursé la maestría en Ciencias Pedagógicas, enfocada en una problemática de la formación vocacional”, apunta.
Y es que Iraida es una profesional que crece, que aboga por el enriquecimiento cultural de los docentes, incluso, cuando ya no esté frente a un aula. Por ello, al cabo de 46 años ininterrumpidos en el gremio de la Educación yaguajayense, se siente orgullosa de trabajar bien, en completa armonía con los directores que la acompañan.
“En el transcurso de estos años de labor he trabajado con cerca de 10 directores y con todos lo he hecho bien. El quehacer de un secretario docente debe estar interrelacionado con el director de la escuela, porque las informaciones que se emiten a la Dirección Municipal tienen que tener su visto bueno”, recalca la educadora, con más de cuatro décadas al servicio de la pedagogía.

Tal consagración la ha hecho permanecer en el magisterio, aun cuando la jubilación tocó a su puerta. “Me jubilé en marzo del 2022 y en mayo de ese propio año me reincorporé. Amo esta profesión y me siento cómoda trabajando. He aprendido mucho con mis colegas, con los que me han dirigido. Por eso, estaré aquí hasta que pueda.
“Hay días en los que me siento agobiada por tanto trabajo, porque los secretarios docentes, desde que llegamos a la escuela, estamos trabajando. También me llevo cosas para la casa y las termino allí. Llevo 46 años de labor y he tenido frutos en lo que hago. Nunca me han señalado, pues trabajo para eso, para no tener dificultades. Mas, no siento que me lo sé todo. Siempre aprendo de los demás, incluso, de los nuevos, de los que empezaron ayer”, confiesa. Con esa determinación, tomó Iraida Valdés Medina el camino del magisterio hace 46 años. Ha pasado el tiempo y mantiene intacto el amor por la pedagogía, ese que profesaba entre aulas y alumnos improvisados, sin saber que un día, estaría delante de ellos para crecer juntos en la ruta del aprendizaje.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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