Muy poco conocido es el polígrafo Anastasio, hermano del pintor Oscar Fernández Morera. En su época se le consideró uno de los intelectuales ilustres de la antigua villa espirituana. Él abordó la poesía, el cuento, la crítica literaria e incursionó en el teatro. Fue, junto con el padre Jacinto, fundador de la revista literaria Hero, de alcance continental.
Aunque la poesía de Anastasio mantiene ciertos influjos del clasicismo español decimonónico en épocas de renovación modernista, se siente el aliento humanista que evocan su cuidadosa versificación, la sencillez sentimental y dominio de las diversas formas estróficas. Por lo general se trata de poemas que abordan temas inusuales de sabor alegórico o sobre la existencia humana, creando, en ocasiones, ambientes de predominio policromado y exótico propio de la poesía modernista como se infiere en el poema Bajo la paz de las estrellas que dice: Admiro las doradas colgaduras/ los pictóricos lienzos inmortales, / las blancas y desnudas esculturas/ y los góticos arcos medioevales.

A mi entender sus cuentos exponen modos de narrar sin ningún referente de escritores cubanos de su tiempo, más inclinados a revelarnos contextos sociales en crisis moral como se aprecia en las novelas de Jesús Castellanos, Miguel de Carrión o Carlos Loveira. Quizás podría establecerse cierta conexión con la obra del cuentista Alfonso Hernández Catá, quien diseñó personajes con conductas psicopatológicas. Esta visión un tanto enfermiza de la narrativa de sesgo naturalista de Anastasio posee el don de la cuidadosa prosa, el pulimento estilístico y las descripciones sintéticas de ambientes. Algunos críticos de su época lo vinculan con la narrativa de un Edgar Alan Poe o Fiodor Dostoievski al exponer personajes con fealdades físicas o mentales desde una bien manejada estructura del cuento que apela en ocasiones al suspense y la intriga policíaca.
En particular hay referencias cruzadas sobre su colección de cuentos titulado Anormales, que obtuvo comentarios especializados de Europa y América Latina. Por ejemplo, Pastor del Río, secretario general de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos de la época, subraya su estilo propio y agudeza en la penetración sicológica de los personajes creados por él y lo vincula a las formas de narrar de Poe y Dostoievski. Mientras que el poeta cubano Agustín Acosta expresa textualmente: “a usted puede decírsele ‘el último clásico’ y como tal quedará en las letras patrias”.
Cierro estas valoraciones con el comentario que hiciera Gaspar de la Cruz Beci, poeta espirituano de la época, sobre la producción literaria de Anastasio:
Anastasio Fernández-Morera, espíritu moderno, de una racional amplitud de miras, más vastas, más plenas de exquisitez y colorido, y hasta más complejas, si se quiere, se aparta triunfalmente de los ceñidos dogmas del clasicismo tradicional, y sin caer en ridículos artificios ni exageraciones, sabe hábilmente entresacar de la jugosa savia del Modernismo, todas esas indiscutibles bellezas que forman en la actualidad los implementos básicos, sobre los que se asientan en el día tan sólidas reputaciones literarias.
En definitiva, el polígrafo Anastasio Fernández-Morera desbordó las fronteras locales al lograr crear, junto a su padre Jacinto, la revista literaria más importante de su tiempo: Hero, que acogió a sustanciales escritores y ensayistas cubanos y latinoamericanos como Rubén Darío, Lorenzo Cernuda, Agustín Acosta, Enrique José Varona y Fernando Ortiz. Si bien la tendencia preferida de padre e hijo se mantenía dentro del sustrato españolizante, ambos estuvieron abiertos a las nuevas corrientes que circulaban por entonces. Sus páginas acogieron a la sana polémica y poseía un cariz culterano a favor de preservar las raíces más auténticas de la literatura nacional y continental.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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