Dora Alonso dibujó milímetro a milímetro la grandeza de su corazón. Pepe Camejo, pionero del arte del títere, supo cómo mostrar sus esencias; una fusión única que subió al instante a lo más genuino de las tablas cubanas. Sucedió en el año 1956 y toda esta nación vio con sus propios ojos el parto sui géneris de Pelusín del Monte y Pérez del Corcho.
“Para mí es un niño que vive, siente, piensa y, aunque hace un tiempo no pisa retablos espirituanos es mi hijo adoptivo —dice con nostalgia Ana Betancourt Hernández, Anita, como la conocen más allá de los escenarios—. Es la esencia propia de este país. En estudios anteriores, específicamente en el Diplomado de Teatro para Niños, pude aprender quién fue Dora Alonso y lo que sintió como progenitora de su propia literatura, pero además desprendió una esencia maternal a la identidad nacional”.
Habla desde su propia experiencia. No olvida jamás el año 2003, cuando Pedro Antonio Venegas le puso en sus manos más que un títere de guante. Al instante, entendió al simpático pequeño de cara ancha, sombrero de yarey y ojos vivarachos con sus deseos inmensos por conquistar y ser conquistado, al unísono, por La Habana. Luego, de fallecer esos anhelos, el Pelusín frutero con sello espirituano y con la estética de Guiñol Paquelé regresó a su casa guajira con muchas lecciones de vida.
“Una u otra adaptación es la expresión más autóctona de nuestra cultura. Es el reflejo minimizado de lo mejor del ser humano, por lo que jamás envejece. Cada vez que toma vida sobre un escenario es un acto de magia único e irrepetible para mí”, evoca quien, además, asume la dirección del Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Sancti Spíritus.
Peluso Patatuso, como le suele decir la abuela esculpida por la propia Dora Alonso, es un personaje que desde su debut en la obra Pelusín y los pájaros ha sido pensado y amado por importantes referentes del teatro cubano. A ese título le siguió Pelusín frutero, en 1957 y, en 1963, El sueño de Pelusín. Mas, se expandió con mayor rapidez cuando la televisión apostó por la serie Aventuras de Pelusín. Los entonces menores de edad de los primeros años de la década de los 60 imitaban al inquieto pequeño, amigo de la naturaleza.
Pasado un tiempo de todo ese boom creativo, pareció que el emblemático personaje quedaba dormido sobre la escena cubana. Su despertar aconteció en la década de los 90, de la mano de paradigmas de las tablas cubanas como Teatro de las estaciones, de Matanzas. Precisamente, de manos del Premio Nacional de Teatro 2020 Zenén de Jesús Calero Medina llegó hasta la Casa de la Guayabera, de Sancti Spíritus, un verdadero tesoro: la réplica de Pelusín; certero lujo para el patrimonio de esta añeja villa que, entre tantas piezas, atesore una expresión cultural que convive en el imaginario de muchas generaciones de cubanos.
“Por tanta historia y significado quisimos homenajear su aniversario 70 en tierra espirituana al dedicarle el evento más importante de las artes escénicas aquí: el René de la Cruz In Memóriam —reconoce Anita, que ostenta el Premio Provincial de Teatro Hugo Hernández 2021—. También fue un estímulo tanto para mí como para María del Rosario Muñoz, al conocer que el XVI Festival Internacional de Títeres de Matanzas honró la efeméride y Sancti Spíritus no asistió. Entonces, aprovecharemos nuestro encuentro, previo a la Jornada Villa del Yayabo 512, para que palpite sobre este escenario”.

La fecha escogida es del 26 al 31 de mayo, pero desde ya se han previsto conferencias, intercambios con expertos, presentaciones teatrales y otras muchas sorpresas para agasajar el cumpleaños de nuestro títere nacional.
“No será el evento que conocemos debido al complejo contexto actual. Por ello, aspiramos que los invitados puedan estar al menos un día junto a nosotros. Entre las acciones está el conversatorio con Julio M. Llanes, autor de La pequeña Doralina, su homenaje a Dora Alonso, y el panel sobre la literatura cubana y la identidad del propio Pelusín, con la presencia de un material audiovisual enviado por Fara Madrigal, una de las protagonistas de la puesta Pelusín y los pájaros, de Teatro de las Estaciones. Ese montaje más que ovaciones le otorgó al proyecto yumurino más de un lauro”.
Una de las novedades del René de la Cruz In Memóriam 2026 es que ha involucrado a estudiantes de la Enseñanza Primaria. Desde hace semanas Anita y quienes le siguen en el Consejo Provincial de las Artes Escénicas han recorrido varias de las instituciones educativas de la urbe para presentar al icónico personaje y lograr seducirlos con su magia natural. A partir de esos encuentros han sido convocados a participar en un concurso de dibujo, donde ellos recrean al entusiasta muchacho.
“Se otorgarán tres lauros desde las artes escénicas. Pero otras instituciones se sumarán a los reconocimientos. Igualmente, ya hemos conciliado que nos acompañen dentro de las propuestas unidades artísticas del movimiento de artistas aficionados como la Compañía Haciendo Futuro y el Grupo Comunitario de Teatro Infantil Los Yayaberitos”.
Además de los homenajes, también durante ese día se evaluarán las puestas en escena en competencia. La mejor se reconocerá con el Premio de la Ciudad, el más importante que se entrega en la urbe del Yayabo.
“Cerraremos con una gran fiesta, donde estará presente el resto de las manifestaciones. Incluso, ya ha sido invitada la Enseñanza Artística. Al ser la antesala de la celebración por el 512 de Sancti Spíritus servirá para también honrar a la cuarta villa de Cuba”, concluyo Betancourt Hernández.
Por muy discreto que se materialice el programa del evento será inolvidable para la cultura cubana por volver a poner en la escena a sus 70 años a Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, el eterno niño campesino travieso, con sombrero de yarey, pañuelo al cuello y guitarra en mano. En cada acto, donde sus ocurrencias se han robado el show entre colores, voces y movimientos llenos de vida, se fragua la memoria cultural de esta nación; una necesidad vital en tiempos tan difíciles como los de hoy.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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