Ciclista espirituano Jorge Rojas aspira a cupo en la MTB de Santo Domingo 2026

El espirituano se ha convertido en uno de los másteres ejemplos de entrega, disciplina y voluntad por el deporte que ama

“Con 39 años de edad acabados de cumplir, me siento más motivado que nunca y muy bien. El camino es fuerte, muy duro, pero me gustan los retos”. (Foto: JIT)

El espirituano Jorge Rojas, exintegrante del equipo nacional de ciclismo de pista y ruta, hoy uno de los más destacados corredores máster, aspira a clasificar a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.

   No es de los que se rinden fácilmente y menos cuando se trata del deporte que lo apasiona, por lo que está seguro de que sus 39 años acabados de cumplir no serán óbice para lograr el cupo en la disciplina de mountain bike (MTB).

   Todos sus sueños no los pudo lograr en plena juventud, pero aprovecha la que exhibe, reforzada por el ejercicio físico y su calidad de vida, para mostrar estabilidad y rendimiento en carreras de largo aliento y en ciclismo de montaña.

   “Pillo”, así lo bautizó desde niño un amigo de la familia por despabilado, y él le hace honor al mote sobre la bicicleta cuando de discutir esprines se trata. Sin embargo, contrasta con su hablar pausado y la ecuanimidad a la hora de tratar problemas o tomar decisiones.

   “Cuando comenzó 2025, ya sumaba no pocos kilómetros. Había merecido representar a Cuba en el campeonato panamericano de MTB, en abril de ese año, en Costa Rica, pero una aparatosa caída me provocó fractura en dos costillas y el desgarro de los ligamentos de un hombro, así como dos meses sin montar hasta que en julio retomó los entrenamientos y las sesiones de fisioterapia.

   Recuerda las duras jornadas para poder reaparecer en noviembre, en la Vuelta a Chiriquí 2025, en Panamá. En la medida en que mejoraba fue aumentando las cargas, sobre todo con mucho entrenamiento de base, y en el giro panameño hizo las carreras fuertes en cada una de las ocho etapas.

   “Me sentía mejor cada día, en el tercer segmento ocupé el lugar 13, en el siguiente, el cuarto y en el último el octavo. Terminé la clasificación general en el puesto 36 entre 88 corredores. Estuve cerca de ganar una etapa, pero me alegró el solo hecho de volver a ese nivel y con un nuevo camino lleno de metas, cada vez más seguro de lo que hago por el ciclismo”, aseguró.

   “Estoy muy contento por rodar más de 700 kilómetros con el equipo colombiano HYF Kronos, gracias a la gestión de Ricardo Delgado, del equipo nacional, que antes había integrado esa escuadra. Le agradezco la oportunidad de demostrar lo que significa para mí el deporte, sin importar los sacrificios que me exija”.

   Confiesa que su amor por el ciclismo data del 2000, cuando el regreso de las Vueltas a Cuba. Su padre -Jorge Luis Rojas Ferrer- lo llevó a Topes de Collantes a ver la escalada y, aun observando todo lo que se sufre, le dijo que quería empezar en ciclismo.

   Ingresó a la EIDE Lino Salabarría, de Sancti Spíritus, en la categoría de 13-14 años, y su papá, que hacía unos diez años ya no trabajaba como entrenador, volvió a su profesión para atender esas edades en el propio centro. Así pudo prepararlo tres años, hasta que promovieron a su hijo al equipo Cuba juvenil.

   “Siempre me destaqué en los eventos de grupo en la pista y en algunas carreras de ruta, siendo en su momento campeón nacional escolar y juvenil en la Puntuación, Scrach y Madinson, y en ruta también en topes nacionales”, acotó.

   Al pasar al nivel élite integró las selecciones nacionales de pista y ruta, y compitió en seis vueltas internacionales a Cuba, en las que se ubicó entre los tres primeros en varias etapas.

   “Participé en el panamericano juvenil, celebrado en 2005 en el estado venezolano de Lara, en el cual logré séptimo en Scratch, tal vez nada relevante. En cambio, mi mayor premio allí fue reencontrarme con mi papá que estaba de misión en Venezuela, nunca lo olvidaré”, confesó.

  “En 2011 corrí la Vuelta a Uruguay, en la que logré cuarto lugar en una etapa. Ese mismo año me gradué en Cultura Física, y causé baja del equipo. Creo que no me dieron el tiempo suficiente, pues el ciclista a veces necesita mucho más que dos o tres años para ver logros positivos, y yo apenas tenía 23”, dijo.

   De regreso a la capital espirituana entrenó a muchachas y muchachos juveniles, con quienes alcanzó quinto y tercer lugares por provincias en dos años de trabajo.

   “Al llegar a casa en 2011 emprendí con mi papá la creación del taller El Ciclista, para reparar bicicletas. Lo organizamos de tal manera que pudiera trabajar y entrenar, ya que después de cinco años sin montar, volví a abrazar el deporte de mi pasión”.

   Se embulló con el MTB a los 30 años, y le gustó tanto que, a pesar de lo exigente que es su práctica, se sintió más motivado que nunca. Hoy Jorge es un asiduo participante en cuanta carrera se convoca, ya sea de MTB o de ruta, lo mismo en categorías élite que en la de másteres de 30-39 años, y se puede ver en su terruño, en La Habana o en Panamá, sufragándose sus gastos.

    Rojas no solo corre, hay competencias en las que combina su entrega de atleta con la de excelente organizador, muestra de ello son las tres versiones del Challenger Escambray de MTB, en el que pedaleaba por montes, ríos y lomeríos entre los delanteros, sin olvidar cada detalle como uno de los principales creadores de esa atractiva lid.   

 “Para poder trabajar, entrenar y salir a competencias el taller tiene un horario conforme a esas necesidades, de lunes a jueves, de dos de la tarde a ocho de la noche, para entrenar en las mañanas y también los fines de semana”.

   Su papá se queda atendiéndolo junto a Ivani González y Yulier Díaz, quienes hacen la mecánica, de manera que el taller nunca deja de funcionar. Completan lo que denomina Jorge un colectivo muy fuerte, constante en el trabajo y unido.

   La familia para “Pillo” es algo especial, su niña Marlene Lucía, con solo cinco años, ya se inclina por el ciclismo; la esposa Odelaine Rodríguez, su mamá, Fátima Prado, y su hermana Kenia Rosa, son horcones insustituibles junto a su papá, con quien lleva a vías de hecho todos los proyectos.

   “Siempre están a mi lado, es algo vital. Me animan a luchar para mantenerme, porque trabajar y luego salir a entrenar no es fácil, pero lo hago con deseos y mucha voluntad”.

   Pillo destaca la cooperación de la Peña 336, cuyo nombre lo toma por ese número del kilómetro de la autopista nacional, donde se reúnen el último sábado de cada mes ciclistas del centro, sobre todo de Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

   “Siempre les agradeceré, ayudan a mantenernos activos, corremos tanto los másteres como los más jóvenes, y es una posibilidad de foguearnos y confraternizar”.

   “Con 39 años de edad acabados de cumplir, me siento más motivado que nunca y muy bien. El camino es fuerte, muy duro, pero me gustan los retos”.

   Rojas se mantiene todo el tiempo luchando por su superación personal y expresa que “lo hago día a día, para medirme y corregirme. Hay Pillo para rato, mientras que la salud me lo permita, porque estoy muy enfocado”.

   “Después de tantos meses sin poder competir, Chiriquí solo fue el inicio de la temporada, en la que el principal objetivo será el evento de MTB de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026. Me preparo de forma constante, corrijo errores para mi superación personal y poder mejorar”, reveló.

   “Mi mayor rival y las grandes metas soy yo mismo. No tuve tiempo cuando era más joven de hacer historia, ahora quiero sentir la satisfacción y demostrar que todavía “Pillo” está aquí”.

Jit

Texto de Jit

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