En la larga historia del béisbol cubano, el nombre de Frederich Cepeda está grabado hace tiempo en el pedestal de los elegidos. Y en fechas recientes, un episodio antiguo que el periodista Pavel Otero rescató en sus redes sociales devolvió al primer plano de la conversación los años japoneses del legendario espirituano: vistiendo la franela de los Gigantes de Yomiuri, Cepeda le conectó un doble a Shohei Ohtani cuando el astro nipón apenas comenzaba a despuntar.
El detalle merece atención no solo por la jerarquía del rival, sino porque ilumina un capítulo breve, pero singular en la carrera del «Gallo Mayor»: su incursión transoceánica. Mientras tanto, la cosecha de récords del cubano en los diamantes nacionales no se ha detenido: en 2026 alcanzó hitos históricos como los 2600 hits y los 400 jonrones.
En 2014, Cepeda firmó con los Gigantes de Yomiuri, uno de los equipos más poderosos de la NPB, y se convirtió en uno de los nombres emblemáticos de la apertura del béisbol cubano a la contratación en ligas extranjeras.
Aunque sus números en Japón no fueron deslumbrantes —72 partidos en dos temporadas, average de .163 y apenas 6 vuelacercas—, el instante que evoca Pavel Otero, ese doble ante Ohtani, captura esa tensión sutil que el deporte competitivo ofrece más allá de las planillas estadísticas.
Ohtani todavía no había desembarcado en las Grandes Ligas, pero su talento en el montículo ya era considerado una anomalía en el ámbito japonés.
Que Cepeda haya dejado un extrabase en ese enfrentamiento limitado funciona, para quienes conocen su dominio absoluto en el circuito cubano, como una suerte de confirmación: aquel bateador ambidiestro que hace temblar a los pitchers en cualquier estadio, incluso en su período de adaptación a los lanzamientos foráneos, conserva la capacidad de alterar un partido en un solo swing.
Más allá de su breve etapa de adaptación en Japón, la resistencia de Cepeda en los torneos domésticos cubanos resulta asombrosa. 2026 ha sido, para él, otro año de récords.
A inicios de mayo de 2026, en el partido inaugural de la IV Liga Élite con los Huracanes de Mayabeque en el estadio Victoria de Girón de Matanzas, Cepeda conectó ante el lanzador villaclareño José Carlos Quesada su hit número 2600 de por vida, y se convirtió en el primer pelotero en la historia de los campeonatos cubanos en alcanzar esa cifra.
Esos 2600 indiscutibles se reparten a lo largo de 28 años y 5 meses de carrera: 2365 en Series Nacionales, 136 en la Liga Élite y 99 en la Súper Liga. Los 2266 hits que conectó con la franela de los Gallos de Sancti Spíritus constituyen el sustrato más robusto de ese registro.
En octubre de este mismo año, Cepeda conectó un cuadrangular de tres carreras ante el joven lanzador avileño Dioslis Pérez y se convirtió en el cuarto pelotero en la historia de las Series Nacionales en llegar a los 400 vuelacercas. Antes que él, solo tres leyendas habían cruzado ese umbral: Orestes Kindelán (487), Lázaro Junco (405) y Omar Linares (404). Teniendo en cuenta que quedó a solo 4 de Linares y a 5 de Junco, y que a sus 46 años mantiene una condición atlética envidiable, escalar hasta el segundo lugar histórico no es una quimera.
Además, Cepeda acecha otro registro largamente sellado: quedó a solo 17 anotaciones de igualar el récord histórico de 1638 carreras anotadas que ostenta Enrique Díaz, y a 23 hits de convertirse en el primer cubano en llegar a los 2700 indiscutibles. Aunque en octubre de 2026 se ausentó del terreno durante algunas semanas para desempeñarse como entrenador de bateo de la selección cubana Sub-18, ya está de regreso entre los Gallos y, como él mismo dijo, «el tiempo dirá».
Al rescatar aquel doble de Cepeda ante Ohtani, Pavel Otero quizá buscaba reivindicar al veterano frente a quienes cuestionan su edad o su desempeño en el exterior: ese swing, por sí solo, es una respuesta silenciosa. Sin embargo, el argumento verdaderamente irrefutable de Cepeda nunca estuvo en esas dos temporadas japonesas, sino en la acumulación de 2600 hits y 400 jonrones en los torneos cubanos.
Un pelotero que a los 46 años sigue liderando la tabla histórica de hits y acaba de ingresar al salón de los 400 jonrones no necesita que ningún turno aislado le sirva de aval. Ohtani es hoy el símbolo del béisbol mundial, y Cepeda es una raíz que brotó de la propia y larga historia del béisbol cubano: dos trayectorias que se cruzaron brevemente en algún partido del Tokyo Dome, dejaron un instante que la memoria conserva.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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