La humildad que acompaña sus esencias como médico y persona le viene de los orígenes, allá en Bacuino, un punto de la geografía espirituana. José Esteban Rodríguez Castillo vivió en casa hecha de guano y palma junto a sus padres, abuelos y tres hermanos; casa que se tragó la presa Zaza en 1972, cuando las fuerzas de las aguas arrasaron con todo a su paso.
Tenía entonces cinco años, y recuerda el agua subiendo y subiendo y los Zil de guerra sacándolos de aquel lugar del que solo se llevaron las memorias.
Luego, cuando se fundó la comunidad de La Sierpe, la familia encontró refugio allí y comenzaron a echar raíces los sueños de ser médico, alimentados por su abuelo Adolfo Castillo Castellano, campesino y alfabetizador, de mirada larga y sabios consejos.
EL NACIMIENTO DE UN MÉDICO

En 1984, el joven salió para La Habana a iniciar los estudios de Medicina, concluidos después en la Facultad de Ciencias Médicas de Sancti Spíritus; ya en Peralejo, un lugar rodeado de arrozales, tuvo su primera experiencia como médico de la familia; que, de hecho, se convirtió en fundador de este programa de Salud impulsado por Fidel.
“Era el primer médico de la familia que llegaba a vivir allí porque solo había una enfermera. La población era muy humilde, muy pobre. Me acogieron con cariño.
“Muchos pobladores se convirtieron en mis padres, en mis familiares más cercanos: Felicito, Guillermo Brunet, Adela, los Vargas, los Castellanos; todos me invitaban a desayunar, a almorzar. Allí era médico las 24 horas, cada vez que me necesitaban; aunque fuera de madrugada, atendía a la población”.
El hábito de andar de puerta en puerta despabilando las mañanas de los pobladores nunca abandonó al joven doctor, quien en otros consultorios del municipio de La Sierpe estuvo trabajando hasta 1998, y llegó a convertirse para muchos, como dijera alguien en jarana, en el médico y en el Dios, y no precisamente porque hiciera milagros, sino porque sabía lidiar lo mismo con el manejo de un niño pequeño que con una anciana de 85 años. Nada más salía a hacer terreno y la gratitud brotaba silvestre en cada hogar que visitaba junto a la enfermera.
PAQUISTÁN Y LA MANO DE FIDEL SOBRE EL HOMBRO

En 2005, José Esteban Rodríguez Castillo vivió una experiencia única con el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, artífice principal de la creación del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, y a cuyo legado se debe el gesto de ayuda solidaria escrita por el personal de la Salud cubano en Paquistán, luego del terremoto del 8 de octubre del 2005, que afectó fundamentalmente la región de la Cachemira y causó miles de muertos y heridos.
Tal como lo rememora el doctor, en aquel encuentro era imposible no reparar en la calidez del hombre y del líder.
“Fidel estuvo con nosotros en el Palacio de la Revolución desde las diez de la noche hasta las tres de la madrugada. Tuvo el gesto de firmarnos un librito a los 46 que conformábamos aquel grupo. Me costó trabajo llegar hasta él; pero a todos nos atendió.
“En ese breve instante, le hablé de un radio VEF que Raúl Castro le regaló a mi abuelo cuando era alfabetizador y que yo me había ocupado de conservar. ¿Todavía funciona ese radio?, me preguntó Fidel y le dije que sí y sonrió. Luego, nos invitó a un bufet e iba de mesa en mesa pasándoles la mano por el hombro a todos los compañeros y yo tuve el privilegio de que él me pasara la mano por el hombro.
“Ya en Paquistán, la llegada fue muy dolorosa, pueblos desolados, todo derrumbado, recuerdo una escuela donde había 23 alumnos y un maestro en el momento del terremoto, y se cayó la placa completa y quedaron sepultados”, relató el doctor.
Con un diplomado en Ultrasonografía, el médico José Esteban asumió el diagnóstico de los casos que llegaban, generalmente, con traumatismos severos y hasta embarazadas con anomalías congénitas como aquella que presentó un feto de más de cinco meses, acráneo, una malformación incompatible con la vida, y en medio de tanto dolor que dejó el sismo, el médico espirituano le comunicó ese diagnóstico.
OTROS ABRAZOS SOLIDARIOS

En 2009, en Isla Salomón, Australia, también estuvo la mano solidaria de José Esteban, quien participó en el Programa Integral de Salud fruto del convenio entre Cuba y esa nación.
Allí atendí a un paciente que lo mordió un cocodrilo y le fracturó el húmero, la clavícula, la escápula y tres costillas del lado derecho; gracias a la atención médica que le dimos, sobrevivió, rememora el especialista en Medicina General Integral.
Siete años después, este médico sierpense llegó hasta la península de Paraguaná, estado de Falcón, una de las zonas más áridas de Venezuela. En la comunidad pobre de Pueblo Nuevo, más de un nativo agradecía los diagnósticos ultrasonográficos del galeno cubano en los que los aciertos hablaban de su calidad profesional.
Con posterioridad, en Paraná, Brasil nacieron otras vivencias junto a los campesinos, obreros y gente de bajos salarios; también con personas acaudaladas que terminaron por preferir las manos y los saberes de los médicos cubanos.
Con los curas de las iglesias, los líderes sociales, con los habitantes del lugar teníamos muy buenas relaciones. Trabajábamos todos los días, estábamos a su disposición las 24 horas para quien nos tocara a la puerta. Esa forma de ejercer la Medicina es poco usual, y eso era lo que nos distinguía, el humanismo.
En Brasil tuve un paciente muy querido por la comunidad, un líder social que se llamaba Francisco y lo apodaban Chico Prieto. Tenía 71 años y comenzó a sentir dolor en la espalda, tos persistente y pérdida de peso, acudió a mi consulta y resultó que padecía un tumor pulmonar. Después que realicé ese diagnóstico, mantuve un seguimiento casi diario durante cuatro meses y medio, hasta que falleció. Fue difícil ese caso.
LA COVID, OTRO HURACÁN
El doctor Rodríguez Castillo estuvo dentro del ojo del huracán porque la covid fue eso, un huracán que llegó con su carga de tos, falta de oxígeno, ahogos, puertas cerradas, cuadras cerradas, cintas amarillas… Solo afuera, en policlínicos, en hospitales y centros de aislamiento, valientes con frío en el estómago ahuyentando la muerte y hasta rezando por el fin de tanta tragedia.
Máster en Enfermedades Infecciosas, el doctor José Esteban sabía de la gravedad del momento. Para entonces, como integrante del Departamento de Higiene, Epidemiología y Microbiología del Policlínico Rosa Elena Simeón, de La Sierpe, vivió minuto a minuto lo que significó reorganizar todo un sistema de Salud para atender a cada uno de los casos, y el Cuerpo de Guardia y las urgencias y los centros de aislamiento y los positivos creciendo en espiral, los balones de oxígeno que no alcanzaban… Y ellos ahí, con mil lanzas contra el cansancio, contra la escasez crónica de medicamentos e insumos, contra los miedos de enfermar ellos y a los otros, los de casa.
Quien fuera director Municipal de Salud en La Sierpe y también subdirector del Departamento de Higiene, Epidemiología y Microbiología en ese municipio, ahora da seguimiento y control a las enfermedades transmisibles, y no es extraño encontrarlo, por ejemplo, en casa de aquella señora con sospecha de tuberculosis, a quien se dedican todos los cuidados.
José Esteban Rodríguez Castillo, uno de los médicos más queridos por los sierpenses, vive sus días con la humildad que heredó de sus orígenes, allá en Bacuino, en aquella casa hecha de guano y palma donde recibió las primeras y más grandes lecciones de su vida.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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