Enjaulada en su previa por rivales tan difíciles como misiles, bombas y llamaradas en el Medio Oriente, así como la expansión del ébola y otros virus raros en todo el planeta, la Copa del Mundial de Fútbol 2026 está a punto de anotar su primer gol: dar el pitazo inicial.
Eso será en días, prácticamente en horas, en dependencia del grado de ansiedad de los fanáticos. Pero ya es un hecho este megamundial, que sumó expectativas al convocar a casi medio centenar de naciones (48) y echar a rodar el balón por tres sedes: México, Estados Unidos y Canadá.
Nunca antes se vieron las caras tantos futbolistas: 1 248 jugadores, ni tantas selecciones. De ahí que una de las primeras barreras a superar será la del atractivo, aunque con la fiebre de balompié que padece el mundo no es difícil augurar que, en medio de tanto caos, esta convocatoria logre captar más seguidores, como si ya no tuviera bastante con los miles de millones que la persiguen en todas las naciones.
Un calentamiento se experimentó con la discusión de las finales europeas, que abarrotaron graderíos, enardecieron tribunas e infamaron calles y ciudades. Mas no deja de ser un reto cómo mantener el hilo dramatúrgico con una puesta en escena que durará más de un mes: del 11 de junio al 19 de julio.
Garantizado sí tiene su marketing, aunque el fútbol puede hasta prescindir de él. Se sabe que muchos querrán ver las últimas patadas, al menos mundialistas, de verdaderos íconos que han marcado un hito en las últimas décadas: Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Luka Modric y Neymar da Silva Santos Jr. Y aclaro: el orden nada tiene que ver con el ranking de superioridad de uno sobre otro, a pesar de que, sin dudas, los dos primeros son punto y aparte, por toda la historia y un liderazgo construidos sobre el césped que los unió y los enfrentó en una rivalidad sin par.
Después del 2026 ya no estarán en estas disputas. Lo suponen sus edades: 39 el argentino por 41 el portugués. Los dos sumarán sus sextos mundiales, los únicos en tener ese privilegio junto al mexicano Guillermo Ochoa, este con mucho menos protagonismo. Del cuarteto, solo Messi se va sin deudas, pues saldó hace cuatro años en Catar la que lo demonizaba ante sus detractores: levantar una Copa para su Argentina del alma y eternizar su mística.
Ronaldo, aun sin ese lauro, le puso su nombre a Portugal y ganó todos los Balones de Oro que quiso y pudo en su paso por el fútbol, que lo reverencia entre los mejores de la historia.
Modric lleva en su legado haber conducido a Croacia al mapa futbolístico, al punto de elevarla del anonimato a la gloria, con una impensada final en Rusia 2018 y un tercer puesto en la última convocatoria, toda una hazaña de sus cuatro mundiales; con 40 años bajo sus pies hará un adiós triunfante. Controversial y extrovertido, para Neymar, con sus 34 años, no es la edad la que marque el silbatazo de su adiós. Al margen de que ha vivido entre lesiones y excesos de drama sobre el césped, logró incluir su nombre en la historia de un país como Brasil, donde el fútbol es bandera y nación, y ya eso es bastante, aunque ni de asomo pudo acercarse a la leyenda del mago Pelé, ni tampoco a los Romario, Bebeto, Roberto Carlos
Pero, por la ley de las mutaciones, ya otra generación toma el batón de relevo y trata de construirse sus propios referentes. De si este puede ser o no el Mundial que les marque los goles que precisan para erigirse como símbolos a la manera de estos que se van lo dirán las estrellas, ya no tan emergentes como Kylian Mbapé.
Al margen de las estrellas, la FIFA se las arregló para tratar de balancear los grupos, con la idea de que el maratónico calendario de 104 partidos no conspire contra la competitividad y la calidad futbolística, so pena de dar la razón a quienes le cuestionaron esta variante masificadora, que demandó usar casi la mitad del alfabeto para nombrar las llaves desde la A hasta la L
Así, intentó equilibrar a los 12 grupos en disputa con cuatro equipos donde convergen fuertes y débiles, favoritos y «normales». Hay dos certezas. Una: que hasta ahora ninguna versión ha regalado sorpresas a la hora de levantar la Copa y, aunque siempre hay animadores y eléctricos como el propio Croacia en su momento, siempre se han impuesto los grandes, las potencias, los favoritos de las grandes mayorías; la otra es que para naciones como Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán el solo hecho de engrosar la lista de 48 y estar por primera vez en estas lides significa llevarse una victoria y es motivo de orgullo nacional.
Por eso en la guerra de pronósticos vuelven a barajarse los mismos nombres como aspirantes al pastel principal: Alemania, Francia, Argentina, Inglaterra, España, Brasil
Llega el Mundial y ojalá logre por semanas ser el opio que nos haga pensar en cosas distintas a la guerra, las amenazas de esta, la muerte, el hambre, las epidemias y hasta los apagones y las desconexiones.
Porque lo que sí está claro es que, rodando el balón tan cerca, será difícil que, como logre verlo, Cuba no vibre en medio de este espectáculo único.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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