En lo más intrincado del Escambray o en otros sitios de la geografía espirituana, donde el sol madruga y el rocío moja las botas antes del alba, las mujeres rurales sostienen la producción con manos curtidas.
En las cooperativas del territorio, varias féminas comparten la dirección de bases productivas dedicadas al tabaco, la ganadería, los cultivos varios u otros renglones, y sus brigadas agrupan a cientos de mujeres de toda la comunidad.
Los números confirman lo que el surco ya sabe: en Sancti Spíritus, cerca de 5,500 mujeres viven en condición de ruralidad, asociadas a la ANAP como propietarias, usufructuarias o familiares de campesinos.
Detrás de cada cosecha hay una historia de resistencia cotidiana. Son las que ordeñan antes del amanecer, escogen tabaco hoja por hoja, acarrean leche hasta el acopio y, al caer la tarde, siguen sosteniendo la casa. La Federación de Mujeres Cubanas acompaña también ese andar con brigadas que llegan hasta las zonas más complejas del Plan Turquino. De ese monte adentro emerge una fuerza que no necesita vitrina: la de las espirituanas que hacen parir la tierra.

Escambray Periódico de Sancti Spíritus
















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