La enfermedad cerebrovascular o ictus es la primera causa de discapacidad, la segunda de demencia y la tercera de muerte en Sancti Spíritus, Cuba y el mundo; y su principal factor de riesgo modificable es la hipertensión arterial (HTA).
La confirmación, preocupante, sin dudas, llega a Escambray en la voz del doctor Javier García Zacarías, especialista de segundo grado en Neurología del Hospital Provincial General Camilo Cienfuegos, a quien le asisten razones por su experticia médica y años de investigación, para hacer un llamado al control de los factores de riesgo favorecedores del ictus causante de la muerte de 413 personas en 2024, con una tasa de 97.4 por cien mil habitantes.
La enfermedad cerebrovascular —detalló García Zacarías— es la lesión de los vasos sanguíneos que irrigan al sistema nervioso central y sus dos grandes vertientes son el infarto cerebral y las hemorragias cerebrales, que a su vez se subdividen en hemorragia intraparenquimatosa y la temida hemorragia subaracnoidea.
Está demostrado —dijo el especialista— que en un porcentaje importante de esta afección puede ser prevenible y el primer factor de riesgo modificable es la hipertensión arterial.
¿Qué revelan las investigaciones en torno a esta problemática en Sancti Spíritus?
Alrededor del 90 por ciento de los pacientes que sufren enfermedad cerebrovascular son hipertensos y más de la mitad están mal controlados, y es ese control deficiente, que se prolonga por meses y hasta por años, lo que conduce a una lesión de los vasos intra y extracraneales; ello provoca una oclusión y sobreviene el infarto, la ruptura que provoca finalmente la hemorragia.
Un estudio realizado en la provincia, muy amplio, arrojó que alrededor del 20 al 25 por ciento de los pacientes que ingresan en la sala de ictus del Hospital Provincial General Camilo Cienfuegos, son una recurrencia, es decir, previamente ya han tenido la enfermedad y después la vuelven a presentar; sencillamente, por un control deficiente de los factores de riesgo, entre estos, la hipertensión arterial.

¿Qué tan silencioso es el comportamiento de la hipertensión arterial?
Es silenciosa entre comillas, porque sí da síntomas, lo que nos despreocupamos en ocasiones y no le damos la importancia requerida. La tensión arterial elevada con el transcurso de los años produce una lesión irreversible, porque es un comportamiento completamente sinérgico con otros factores de riesgo, por ejemplo, la diabetes.
Cuando coexisten en un mismo paciente hipertensión arterial y diabetes, el riesgo se multiplica porque son dos enfermedades con un mismo órgano blanco, con un mismo centro de daño, que son los vasos cerebrales. Si importante es para toda la población mantener un control ideal de la tensión arterial, mucho más importante es para el paciente diabético mantener ese control.
Se habla actualmente de que una tensión arterial aceptable está en 120 con 80, cifras superiores se consideran hipertensos y se manifiesta evidentemente de forma inequívoca cuando esas cifras son por encima de 140 con 90. Existe, también, la prevención primaria, en este caso, la persona que todavía no ha sufrido la enfermedad y en la que deben controlarse esos factores de riesgo.
La hipertensión arterial es, igualmente, un factor de riesgo para los riñones, para la circulación arterial periférica, e incluso, para la visión porque afecta el fondo de ojo, la arquitectura del ojo.
La hipertensión arterial daña el corazón; ese daño cardíaco puede adoptar diferentes formas, una de ellas es la alteración del ritmo del corazón, la fibrilación auricular, que justifica entre el 30 y el 40 por ciento de todos los infartos cerebrales, porque favorece la producción de un cardio embolismo cerebral.
¿Qué sugiere para poner frenos, digamos, a factores conductuales que son combustible para sufrir un ictus?
Ante todo, hacer cambios de estilo de vida, y que la persona disminuya de peso, combata el sedentarismo y comience a realizar ejercicios físicos de forma rutinaria. No estamos hablando de trabajar y caminar desproporcionadamente sino de ejecutar una serie de ejercicios físicos orientados, medidos, fundamentalmente caminatas en las personas de la tercera edad, actividades físicas que mejoren las condiciones del organismo.
También se sugiere que la persona no fume, no tenga grandes ingestiones de bebidas alcohólicas y que controle el resto de los factores de riesgo, díganse diabetes mellitus, colesterol, ácido úrico y triglicéridos altos, cardiopatías…
La enfermedad cerebrovascular es muy agradecida, disminuyendo solamente siete milímetros de la tensión arterial caería alrededor del 30 por ciento las cifras de enfermos cerebrovasculares y las de fallecidos.
Prevenir las cifras elevadas de HTA conduciría a una mejoría evidente en todos los indicadores de mortalidad y morbilidad y, por tanto, disminuirían las secuelas, la discapacidad motora, cognitiva, es decir, la demencia, y habría mayor calidad de vida.
¿Qué hacer ante el déficit de fármacos en la Atención Primaria de Salud?
En tal caso, es válida la sugerencia de que el paciente hipertenso acuda a su médico de la Atención Primaria o su médico de asistencia para que le reajuste el tratamiento.
Algo positivo que se está haciendo en la Atención Primaria de Salud, es la implementación en Sancti Spíritus de la de la iniciativa HEARTS, liderada por la Organización Mundial de la Salud que ha ido avanzando en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes hipertensos.
Que el propósito del Minsap sea llegar al diagnóstico del 80 por ciento de la población en riesgo, tratar al menos al 80 por ciento de esas personas y alcanzar el control de la hipertensión en el 80 por ciento de ellas; eso significaría un logro importante, más cuando ello se traducirá en menos incidencia de las enfermedades cerebrovasculares pues más del 50 por ciento de los individuos que las sufren no están controlados.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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