En la biblioteca que tanto ama su vida tiene sentido. Entró un día y descubrió la vocación por un oficio noble, esencial para resguardar la memoria y el conocimiento.
Camina entre los estantes, acariciando con la mirada los lomos gastados de los volúmenes de historia. Cada página es para Felicia Argüelles Montalbán un puente hacia los siglos pasados, un eco de batallas, reinos y voces que aún la deslumbran.
Llegó muy joven a la Biblioteca Pública Gustavo Izquierdo Tardío, de Trinidad, por su afición a la lectura. “Y un buen día me entero de la convocatoria para un curso de técnico medio en Bibliotecología en el Centro de Superación para la Cultura en Sancti Spíritus; el mejor de los mejores”, asegura.
“Siempre me gustó leer. Mi abuelo paterno era un excelente lector; de hecho, heredé unos cuantos de sus títulos. El primer libro que tuve me lo regaló y fue El cochero azul, que recuerdo con mucho cariño.
“Comencé en la biblioteca en el año 2003 en la sala de Hemeroteca y luego en la Infanto-Juvenil, hasta que me ubicaron directamente a trabajar con Dolores Zayas (Loli) para empezar a preparar la colección de Fondos Raros y Valiosos.
Hoy se habla poco de las hemerotecas, esos lugares que pulsan la historia cotidiana de un país…
La hemeroteca, imagínate, es donde se guarda toda la prensa periódica de la ciudad e, incluso, del país. Desafortunadamente, por una mala interpretación de una directiva, dejaron de funcionar estos espacios. La nuestra, que era una de las mejores en la provincia, está hoy totalmente deprimida.
¿Cómo recuerdas el trabajo con los niños y adolescentes?
Trabajar con los niños es hermoso, porque ellos son muy receptivos, pero también te obligan a estudiar, a estar mejor preparada porque pueden hacer preguntas inesperadas… A veces tenía que retomar el tema al día siguiente, era un desafío permanente, pero muy gratificante.
Además, aprendimos de una de las mejores bibliotecarias de esa sala, que era Cristina Bastida. Y, entonces, ir encaminando los gustos por determinados libros o proponiendo lecturas a los niños, eso es increíble.
Hoy la producción editorial es mínima y se han perdido varios títulos. De ahí que la labor de promoción de la lectura es más compleja, aunque sí, hay muchos niños a los que les gusta leer y eso me complace mucho.

Algunas voces anuncian la muerte del libro de papel frente a las nuevas tecnologías…
¿Y por qué no pueden convivir ambos? Pienso que, si lees, no importa en el formato que sea. A mí particularmente me gusta el libro físico, pero yo leo todo. Ahora bien, para dormir, necesito hojear las páginas de un libro, es mi mejor calmante.
¿Qué lecturas han sido importantes para Felicia?
Las obras de Cervantes; el Quijote es mi libro de cabecera. Ya perdí la cuenta de las veces que lo he leído. Tiene una presencia increíble en nuestros días. A través de sus páginas viajas, aprendes, sufres, te diviertes… Y el Quijote para mí es fundamental.
Me gustan también los libros de historia, los que combinan la historia y la ficción. Y de escritores cubanos, me fascina Gertrudis Gómez de Avellaneda.
¿Cuánto le aportó trabajar en la colección de Fondos Raros y Valiosos?
Primero trabajar junto a Loli. Yo tengo a toda esa generación de bibliotecarias en un lugar importantísimo, pero ella es mi ídolo, mi eterna tutora.
Aprendí a investigar, a profundizar en toda la información sobre un libro. ¿Cuál fue el contexto histórico en el que se escribió?, ¿en qué momento lo editaron?, ¿quién es el autor del prólogo y las ilustraciones? Y para procesar todo eso hay que conocer e ir más allá, mucho más allá.
Ese tipo de información es fundamental para comprender el aporte de cada texto y la evolución histórica de la humanidad.
Esa colección, ¿qué valor tiene? ¿Qué significa para la cultura de Trinidad?
La colección de Fondos Raros y Valiosos es excelente. Cuenta con volúmenes imprescindibles como los de Rafael Rodríguez Altunaga, un hombre nunca lo bien ponderado que se merece.
Rafael era diplomático e historiador. Junto a Francisco Marín Villafuerte, marcó un referente trascendental en la historia de Trinidad.
Reúne, además, libros de otros trinitarios que se han incorporado al fondo porque no es solamente un libro escrito por… Es también un libro que le perteneció a…; por ejemplo, a un abogado o a un alcalde renombrado de la ciudad. Son personalidades que ofrecen una visión muy interesante de una época.
No me canso de repetir que es una colección muy valiosa. Con textos anteriores al siglo XVII hasta el siglo XXI, en varios idiomas, incluso latín. Y eso no lo tiene todo el mundo.

Asumir la dirección de la Biblioteca Pública de Trinidad, ¿qué significó para usted?
Fue una etapa hermosa y difícil. Muchas personas evocan aquella generación de oro de la institución. Esa gente le entregó el alma. Y la nuestra fue la de enfrentar retos grandes para que siguiera siendo una buena biblioteca. Todos trabajamos con la misma pasión de los fundadores.
Los libros y esta biblioteca son mi vida. Me gusta mucho el trabajo de investigación. Por eso es que renuncio a la dirección para concentrarme en mis estudios de maestría. Ya estoy en la etapa final de mi tesis, una biografía de Antonio Argüelles y Ferrer, un patriota trinitario que pasó la mayor parte de su vida en Cienfuegos, pero es una personalidad que merece más atención.
¿Algo que le queda por hacer o que le gustaría ver?
Ver una biblioteca nueva. Ver en este mausoleo del siglo XIX una biblioteca de estos tiempos.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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