Después de una larga espera, el compromiso sincero de unas cuantas personas con la memoria del Apóstol devolvió a la vida un busto centenario de su figura emplazado en un espacio público de Jatibonico.
“Se pospuso por las muchas situaciones por las que atravesamos, pero nos reajustamos y se hizo posible el anhelo —explica Félix Madrigal Echemendía, artista visual de talla inmensa, quien asumió las labores de restauración—. Soñamos dejarlo listo para el 19 de mayo, pero bueno, lo importante es que ya está”.
La obra, al parecer hostigada por el fuerte sol y otros factores ambientales, así como por la calidad de la piedra escogida para hacerla, presentaba grietas y perdió uno de sus elementos. En 2015, este propio medio hizo pública la denuncia de un jatiboniquense alarmado por el estado del busto.
“No sabemos cómo, pero perdió una parte del rostro y por esa fisura se le introducían la lluvia y el sereno. Eso provocó una mancha de mugre que atentaba contra la calidad del busto”.
Esa fue la realidad que encontró Félix Madrigal Echemendía cuando emplazó justo frente al busto del Héroe Nacional otro de Serafín Sánchez Valdivia en 2019. Desde entonces, se miran ambos amigos como lo hicieron tantas veces mientras alistaban la Guerra Necesaria. Ambas creaciones dignifican el transitado espacio público jatiboniquense.

“Cuando construí el de Sánchez Valdivia, logré que la cabeza quedara inclinada. Por eso se encuentra con la mirada de José Martí. En ese momento, me percaté de los problemas del busto emplazado ahí hace más de 100 años y que, claro, se agudizaron por los años transcurridos. Con la presencia de las entonces máximas autoridades de ese territorio, se estableció el compromiso. Hoy agradezco a René Batista, el presidente de la Sociedad Cultural allá y, por supuesto, el empuje de Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo”.
Con el diagnóstico en la mano, Félix Madrigal se concentró en estudiar cómo realizar las labores de restauración. Sabía que no era sencillo salvarlo.
“En primer lugar, me asesoré con algunos amigos especialistas en esa materia. Por suerte, en mi taller tenía una resina especial para mármol. Después de una gran limpieza, quité toda la mancha. Le puse la resina en la fisura. La oreja fue reconstruida. Y en la cabeza, le habían puesto un poco de cemento, al parecer en alguna intervención anterior. Se lo retiré y lo impermeabilicé también con resina”.
Fueron jornadas intensas bajo el sol. Mas, no le faltaron las ayudas, los alientos de quienes, como él, se sienten en deuda con el más universal de todos los cubanos.
“Después que lo intervine no he vuelto a verlo, desconozco cómo se ha comportado porque la situación del transporte y el combustible me lo impide. En esos días pasaron por el lugar funcionarios del Partido y del Gobierno y amigos que se sumaron a trabajar, en especial Kevin Hernández, quien se trepó en el andamio y me ayudó mucho”.

OTRAS DEUDAS
El galopante deterioro que habitó en el busto del Apóstol emplazado en Jatibonico no es exclusivo de esa obra. Basta caminar por cualquier rincón de la provincia para tropezar con otros muchos ejemplos. Uno que en cualquier momento puede hacerse noticia porque caerá frente a los ojos de la ciudad del Yayabo es la estatua de José Martí, ubicada en la céntrica esquina de Avenida de los Mártires y Carretera Central a las afueras del Docente I de la universidad espirituana. Una grieta en el sostén de la pieza monumental alerta el peligro.
“Los monumentos son como los seres humanos. Cuando nacemos estamos bien, pero cuando envejecemos necesitamos tratamiento. Todas las obras precisan mantenimiento. Está estipulado que pasado los 15 años hay que intervenirlas.
“Con respecto a mis creaciones, excepto las de bronce, el resto requiere de determinadas acciones. En el caso de la de Oscar Fernández Morera, ubicada en el bulevar, hoy no tiene los espejuelos. Se le han puesto en más de una ocasión, pero ha sido víctima de la indisciplina social”.
Madrigal confiesa que cada obra lacerada le duele como si recibiera directamente el golpe. Por ejemplo, no olvida cómo se estremeció al conocer que la emplazada en Villa Rosalba perdió parte de sus elementos, tras ser impactada por un auto, y sigue ahí desmembrada. Similar le sucede cuando cruza por debajo de la que está en la fachada de Renacer, la cual ha sido pintada tantas veces con cal que ya perdió la cuenta.
“Las columnas del Memorial a los Mártires fueron concebidas con el color blanco, alguien decidió pintarlas de gris. Visité Los Laureles y las obras requieren un mantenimiento profundo, pero los costos compiten con otras urgencias”.
No es menos cierto que, tras años de descontrol y ausencia de accionar por quienes deben velar por el buen estado de los monumentos, hoy los montos para invertir en materiales y mano de obra requeridos por esas labores de restauración triplican los precios de cuando se emplazaron las obras.
El Decreto-Ley No. 55 Reglamento para la Ejecución de la Ley de los Monumentos Nacionales y Locales en su Capítulo X no deja márgenes a dudas o erradas interpretaciones: “La persona natural o jurídica propietaria o poseedora de un bien inscrito en el Registro de Monumentos Nacionales o Locales es la encargada de velar por su conservación, limpieza y pintura, y en caso de que se estime necesario, restaurarlo a su costa, previa aprobación de la Comisión Nacional de Monumentos o la Comisión Provincial según corresponda por el grado de protección establecido para cada bien”.
Por tanto, no se justifica tanto abandono.
“Sucede también que se han intervenido y no se han tenido los conocimientos necesarios. Eso, más que ayudar, acelera el deterioro con el paso de los días”, concluyó el artista.
A la dejadez, el desconocimiento de lo que significa un monumento para una nación, el desacato a lo legislado y las malas prácticas se suman otros problemas como la falta de completamiento del registro de todos los exponentes que son bienes culturales de este país, lo mismo en zonas urbanas que rurales.
Son fisuras de años que ganan profundidad y abren paso a otras muchas dificultades. Mas, nada justifica que ocurran. Basta mirar la recuperación del busto de José Martí en Jatibonico para confirmar que la voluntad y el compromiso son efectivos antídotos a las grietas de la memoria colectiva.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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