Fue el Día Mundial del Medio Ambiente la excusa perfecta para dialogar sobre la preservación de los recursos naturales que nos rodean. Y el escenario tampoco pudo ser mejor: la comunidad de Las Llanadas, 25 kilómetros al sureste de la cabecera municipal de Yaguajay, en uno de los parajes que la naturaleza eligió para mostrar su belleza.
Allí, vecinos del lugar, de diferentes edades y ocupaciones, protagonizaron el primer taller del Proyecto Internacional del Fondo de Pequeñas Donaciones “Conservación comunitaria de la biodiversidad en ecosistemas de montaña de la Reserva de la Biosfera: Guardianes de la Sierra”, que beneficiará directamente a la finca La Wendy, de la CCS Alberto Pis, escenario del encuentro.
La cita sirvió para establecer vínculos entre los actores y la población local de tres asentamientos de la montaña –Llanadas Arriba, Llanadas Abajo y Alunao– y para intercambiar tanto sobre metas ya pactadas como de otras que encontrarán su realización más adelante.
La primera tarea es la capacitación para la conservación de la biodiversidad, asegura Yipsy Suárez Valdés, directora de investigaciones de ecosistemas de montaña del Centro de Servicios Ambientales de Sancti Spíritus. “Hay muchos elementos que desconocen los campesinos, los jóvenes y las mujeres, y esto repercute en sus prácticas cotidianas que afectan la naturaleza”, añade.
Luego, los esfuerzos estarán centrados en la agricultura sostenible, en que las formas económicas y productivas de estos terrenos propicien la declaración de fincas agroecológicas que se conviertan en paradigmas dentro de la Reserva de la Biosfera.
Suárez Valdés afirma que el tercer paso es rehabilitar el ecosistema, “porque durante años las diferentes prácticas de cultivos, cría de animales y producción de cal han impactado en la biodiversidad del ecosistema, sobre todo en el ámbito forestal. Y entonces, desde la actividad comunitaria, con los maestros, médicos y campesinos, fomentar acciones colectivas en las que nadie quede excluido”.
La Alberto Pis es una cooperativa de 81 campesinos que se dedican a los pcultivos varios y la ganadería. Su presidente, Yorki Rodríguez Castro, sostiene con total seguridad que la iniciativa del Fondo de Pequeñas Donaciones beneficiará muchísimo a la CCS. “Nosotros producimos alrededor de 1 000 toneladas de alimentos al año, pero con el proyecto podremos sumar 500 toneladas más cuando comiencen a llegar los recursos y nos enseñen cómo hacerlo mejor”, alega.
Para Ivania García Viamonte, profesora del Centro Universitario Municipal y una de las impulsoras del taller, estas charlas en zonas rurales poseen suma importancia porque esos enclaves presentan mayor vulnerabilidad social. Así, han podido establecer pautas para el diagnóstico de la relación entre la gobernanza local y los actores comunitarios.
“Esto que hemos hecho es la materialización de la concepción misma del proyecto sobre el terreno. Ellos no son beneficiarios pasivos, son personas que construyen los pasos a seguir a partir de sus propias realidades”, apunta.
En una de las dinámicas de la actividad, todos debían definir con una palabra qué significaba para ellos vivir en estos parajes del lomerío del norte espirituano. Y se repetían, especialmente, tres: amor, felicidad y unidad. Ello demuestra el sentido de pertenencia que tienen los pobladores por el suelo que los vio nacer y que no abandonan aunque otros rumbos prometan un mayor desarrollo material.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus
















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