A 15 años de su fallecimiento, muy bien merece un recordatorio público el escultor espirituano Manuel Carbonell (1918-2011), quien crearía en 1950 una obra tallada en piedra de tamaño natural ubicada a la entrada de la Iglesia Parroquial Mayor de la ciudad de Sancti Spiritus. Llegó a graduarse en 1945 en la Academia de San Alejandro, de La Habana, donde tuvo la posibilidad de recibir clases del profesor Juan José Sicre, antiguo alumno de Antoine Bourdelle, discípulo predilecto del afamado escultor francés Augusto Rodin. Con los años, su trayectoria profesional fue consolidándose hasta convertirse en uno de los más importantes artistas cubanos del siglo XX.
La escultura, que dejó como legado permanente, está dedicada a glorificar al sacerdote italiano San Juan Bosco, quien dedicó su labor cristiana a educar a los jóvenes necesitados, por lo que se ganó el título de padre, maestro y amigo de los jóvenes. Por tal razón, el párroco católico tiene a su lado a un joven, como símbolo de su labor educadora. La obra forma parte de su período académico de carácter religioso (1945-1959), aunque logró simplificar con maestría la vestimenta y los rostros que componen el conjunto.

Luego de concluir en la Academia de San Alejandro, prosiguió sus estudios en España, Italia y Francia. Mil novecientos cincuenta y cuatro fue un año memorable para el joven artista al conquistar el primer premio internacional de la Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona, España, con la talla en piedra de tamaño natural Fin de una raza. La escultura pasó a formar parte de la colección del Museo de Bellas Artes, de La Habana.
En 1959 llega a Nueva York, donde se interesa por la figura humana, abandonando toda referencia al arte académico. De ese modo, el artista comienza a darle un giro a su obra, con especial atención a la distorsión y exageración del cuerpo. Es en esta etapa donde se pueden apreciar en sus esculturas iniciales los influjos de Rodin, a quien su maestro Sicre tenía como modelo de creación.
En los años sucesivos, le fueron encargadas al artista diversas obras monumentales, las cuales se encuentran instaladas en espacios públicos de China, la India, Panamá, Suiza y Estados Unidos. En 1961, Manuel Carbonell conoció al doctor Fred Schoneman, influyente y renombrado galerista de mediados del siglo XX de Estados Unidos. Al apreciar su obra afirmó: “Es uno de los maestros de la escultura de nuestro tiempo”, convirtiéndolo en su artista exclusivo. La galería exhibiría las esculturas de Carbonell junto a maestros europeos de los siglos XIX y XX, como Braque, Chagall, Monet, Degas, Pissarro, Picasso, Gauguin y Renoir.
Su estilo personal constituye una síntesis de lo figurativo con la abstracción, caracterizado por líneas limpias y formas estilizadas que transmiten simplicidad y profundidad. Su imaginación creativa lo llevó a seguir los pasos de maestros europeos, así como de otros artistas del movimiento figurativo abstracto. En las esculturas de Manuel se puede apreciar la monumentalidad estilizada de las obras de Henry Moore y la simplicidad de las de Brancusi, Archipenko y Arp. Sin embargo, en su obra, buscó una expresión diferente de figuración, donde logró la esencia de la forma y la ausencia de detalles, a la vez que potenciaba la sensación de monumentalidad en sus esculturas. Indistintamente llegó a utilizar en sus creaciones la piedra, el mármol, el bronce y la madera.
Un breve recorrido por su labor profesional, tal como lo sintetizan las plataformas digitales, registra que desde principios de la década de 1960 comienza a alcanzar los primeros reconocimientos en Estados Unidos. Son suyas la estatua de José Martí en el Instituto San Carlos de Key West, y El Centinela del río, monumento de siete metros colocado sobre el puente de Brickell. El lobby del hotel Mandarín oriental de Brickell Key cuenta con su conocida pieza Couple in love, mientras que la monumental Nueva generación forma parte del Parque Xujianhui, en Shanghai, China.
Como expresara el propio Manuel: “En la figura humana he descubierto los principios dinámicos de la forma y el ritmo inherente a la metamorfosis de la vida”. Para los estudiosos de su obra, la monumentalidad y extrema estilización de sus figuras humanas son elementos determinantes que la definen. Por la significativa impronta dejada en la historia del arte cubano, se encuentra entre nuestros representativos escultores del siglo XX, más allá de las fronteras nacionales.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus














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