Escudero del patrimonio espirituano (+fotos)

Mariano Flores Díaz, quien por más de cuatro décadas se dedicó a la protección de los monumentos, legó estudios trascendentales sobre la vida sociocultural de la cuarta villa de Cuba

Mariano Flores falleció sin vencer su más ardua batalla: erigir la estatua ecuestre del Mayor General Serafín Sánchez en el parque de igual nombre. (Foto: Facebook)

Como fiel escudero del patrimonio yayabero, Mariano Flores Díaz libró más de una batalla. Se enfrentó con tenacidad a los más fuertes molinos de viento, únicamente con su arma: el amor hacia las más puras esencias de Sancti Spíritus.

Fue ese su andar por la vida hasta su último aliento. No importó siquiera que, por razones propias del peso de los años, La Habana lo hubiera adoptado para estar cerca de los hijos. Sancti Spíritus y sus muchos sueños, deudas y añoranzas le palpitaban fuerte.

Aprovechaba la vía telefónica para sentir más cerca el calor de los buenos amigos, de quienes le seguían en cada combate contra la desmemoria histórica o las punzadas de muerte al patrimonio espirituano. Siempre insistente; tenaz hasta la médula.

Bastó escucharlo en muchas ediciones del Coloquio de la Cultura Espirituana para confirmar que, investigación a investigación, se hizo un verdadero experto de los sitios y monumentos de este territorio.

Tanto así que por necesidad le dio punto final a uno de sus tantos empeños: un libro sobre el tema. Lamentablemente, no lo pudo hojear porque lo (nos) sorprendió su despedida del reino de los mortales. En su centenar de páginas reposa un minucioso recorrido por la historia de la escultura, conocida durante mucho tiempo como la Cenicienta de las artes en Cuba por sus escasas muestras públicas y pobres estudios sobre el tema.

Conducir durante varios años los destinos de la Comisión de Monumentos en la cabecera provincial le permitió auscultar con precisión cada obra, sus antecedentes y evolución. Le impulsó su labor de promotor cultural.

Compartió su amor por la cultura con su esposa Paula Betancourt León.

Pero Mariano Flores Díaz no estuvo en esas entregas solo. Tanto en el hogar como en las pasiones por la cultura encontró con fidelidad la fuerza de Paula Betancourt León, egresada de la primera promoción de la Escuela Nacional de Arte, en 1967, en la especialidad de Artes Plásticas y que tantos saberes le regaló a la vieja urbe del Yayabo, como la novela que no ha hallado publicación, a pesar de los muchos empujes de su eterno enamorado.

Ambos dejaron un legado inmenso no solo a sus hijos, también representantes distinguidos de nuestra cultura, sino a una ciudad de encantos seductores cuando de patrimonio tangible se piensa y habla.

Cosechó su pasión por las artes en sus propios descendientes.

Mariano los halló y se enamoró de ellos. Lo hizo desde el Museo de Arte Colonial y el Centro Provincial de Patrimonio, testigos de sus pesquisas durante más de cuatro décadas dedicadas a la protección monumental, custodia y pasión fidelísimas que tuvieron su máxima expresión en la mayor de sus batallas: materializar la estatua ecuestre del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia en el parque de igual nombre. Lo convirtió en el centro de los últimos trazos de su vida. Lo asumió como la deuda más grande a Sancti Spíritus desde que, en 1923, el Mayor General del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo confesara al periódico El Fénix que a ese espacio público le faltaba el homenaje al Paladín de las Tres Guerras.

Como en el resto de sus defensas, no se limitó. Dejó escapar en escenarios múltiples la necesidad simbólica de esa obra. De erigirse un día, sería una injusticia imperdonable no dejar constancia de que sería fruto de la voluntad y la lealtad de Mariano Flores, el escudero del patrimonio espirituano.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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