Las siembras de Fidel en el Escambray

En esa zona montañosa, donde el propio Comandante enfrentó las bandas contrarrevolucionarias, apoyadas por Estados Unidos, crecieron escuelas y otras utopías plantadas por el líder cubano

El Comandante en Jefe incentivó la creación de planes agrícolas en la zona del Escambray. (Foto: Archivo de Escambray)

Cuando en 1959 los bohíos del Escambray, levantados con techo de guano y tablas de palma, eran una mueca triste en medio del lomerío, Fidel se hizo a la utopía de transformar radicalmente, junto al pueblo, los más de 4 000 kilómetros cuadrados de superficie de esa región montañosa que tanto aportó al triunfo del Primero de Enero de 1959.

Los caminos para lograr la hazaña eran tan empedrados e inaccesibles como aquellos que se atrevió a recorrer en noches oscuras y temibles, detrás de las bandas contrarrevolucionarias que incendiaban ranchos, escuelas, almacenes, granjas, tiendas del pueblo, y hacían de la muerte de campesinos y maestros una verdadera orgía de sangre.

Justo el 5 de enero de 1961, cuando ocurre el asesinato del maestro voluntario Conrado Benítez y del campesino Eliodoro Rodríguez en la zona de Pitajones, Trinidad, Fidel arriba al lugar de los hechos y se suma a las acciones contra los alzados que consumaron el crimen. Desde 1960 hasta 1965, varias veces retornó al Escambray para hacer frente a esas bandas terroristas, financiadas y armadas por el Gobierno de Estados Unidos.

Otros muchos ascensos a estos parajes, que más adelante pasarían a formar parte de la provincia de Sancti Spíritus, sirvieron para chequear de cerca la construcción de caminos, escuelas, lecherías y la reforestación del lomerío.  

Durante la ejecución de la carretera Manicaragua-Jibacoa-La Felicidad-Topes de Collantes, más de un obrero estrechó la mano de Fidel.

“Que alguien llegue y te ponga el brazo por encima, pese a andar uno enfangado, sudado, lleno de grasa…, eso te toca en lo más íntimo”, confirmó años atrás al periódico Escambray Demetrio Ramos, entonces responsable de mantenimiento de los equipos pesados de la brigada constructora.

En jeeps que se atascaban una y otra vez, esquivando barrancos y cruzando ríos, llegaba Fidel hasta Topes de Collantes para ver, según él, cómo andaban las cosas con el Plan de Café, las construcciones y uno de los mayores sueños, la Escuela Formadora de Maestros Manuel Ascunce Domenech, que en 1977, luego de varias graduaciones, todavía se formaban allí miles de estudiantes.

Hasta el Algarrobo, Trinidad, llegó el Guerrillero del tiempo sin avisar el 10 de diciembre de 1970. Cuentan que fue directo a las naves del internado Enrique Villegas, que abría sus aulas a alumnos de quinto y sexto grados de toda la serranía.

Distante de los protocolos, Fidel comenzó a jugar pelota en el terreno delante de la escuela y alumnos y profesores parecían conocerlo de toda la vida. Días después de la visita, relatan los lugareños, fueron cumplidas las promesas: luces y una guagua para el colegio y para el tráfico entre Guinía y Trinidad.

En el Escambray, donde las bandas contrarrevolucionarias segaron vidas e implantaron el terror, Fidel hizo múltiples siembras y logró más de una utopía.

Arelys García

Texto de Arelys García
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus. Especializada en temas sociales.

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