La historia del arte moderno en Sancti Spíritus comienza con tres pintores espirituanos, posteriormente alejados del terruño. Fueron ellos Maximiliano González, Raimundo Martín y Fayad Jamís. Cada uno creó un estilo muy personal que los distinguió entre la preponderancia del arte academicista espirituano potenciado a través del paisaje, aún a finales de la década de 1950. Ellos fueron precursores de un modo de expresión visual más cercanos a los cánones estéticos provenientes de París donde la abstracción y las nuevas preceptivas figurativas habían penetrado en la capital del país desde finales de la década de 1920 con el primer grupo vanguardista anti-academicista.
Maximiliano, quien falleciera en España a la edad de 94 años, luego de salir de Sancti Spíritus rumbo a Francia en 1960, estuvo primero al tanto del acontecer vanguardista mexicano al vincularse a los muralistas de ese país y beber de las experiencias de un modo de crear más atemperado a los tiempos de cambio que se registraban en el continente. En este período llegó a ser uno de los alumnos eminentes del gran muralista Diego Rivera, quien se lo recomendó a Pablo Picasso a través de una carta personal. Influido al principio por el arte de Wifredo Lam, se desarrolló posteriormente dentro de la tendencia abstracta. Pero antes de trasladarse a París, hizo una visita fugas a Sancti Spíritus donde impartió una conferencia sobre el arte moderno que provocó el rechazo de la comunidad de artistas espirituanos quienes seguían arropados en las preceptivas académicas cubanas y españolas.

En Sancti Spíritus, se encontró a otro trasgresor del academicismo: Raimundo, quien introdujo el arte moderno en el ámbito local a través de los principios del cubismo y la pintura simbólica de impronta surrealista. Radicado en Estados Unidos desde la década de 1960, su labor mantuvo los cánones estéticos que había iniciado en su ciudad natal. Lo más significativo de este pintor es que en un principio se vinculó al Círculo de Bellas Artes de Sancti Spíritus, defensor del arte academicista. Llegó incluso a ser presidente de su sección de Artes Decorativas. No obstante, fue evolucionando hacia un modo de hacer más cercano al quehacer plástico de la época. Sus primeros tanteos anti-academicistas en tierras yayaberas no fueron comprendidos del todo por la comunidad de pintores.
Tanto Maximiliano como Raimundo mantuvieron el mismo discurso creativo innovador del pintor espirituano de origen mexicano Fayad Jamís, cultor del arte abstracto y uno de los integrantes del grupo abstraccionista Los Once capitalino. Cuando a fines de 1954 llegó Fayad a París se encontró con el auge del tachismo. Fueron sus cuadros de fuerte colorido, manchas de pintura y a veces sutiles garabatos que recuerdan lo caligráfico que años después desarrollaría aún más, con algunos empastes y cierto diseño al estilo tachista. Estas obras se definieron por los brochazos, rápidos y espontáneos, al modo de hacer de la pintura gestual de fuerte carga expresiva. Pero, a pesar de estas confluencias con la pintura tachista, dichas obras tenían la particularidad de caracterizarse por el colorido alejándose de los presupuestos de la tendencia original.

Ninguno volvería a instalarse en la ciudad espirituana. Maximiliano radicaría en España; Raimundo vivió en los Estados Unidos; y Fayad estuvo varios años en Francia, hasta 1959 que regresó a La Habana. Este último haría una sola exposición personal en Sancti Spíritus, con Cartas recibidas, en 1987. Pero, en definitiva, los tres fueron precursores del arte nuevo de la localidad, aunque alejados físicamente de Sancti Spíritus.
Ellos dejarían en definitiva la semilla de la discordia estética y cognitiva cuando se funda en Sancti Spíritus —luego de la disolución del Círculo de Bellas Artes en 1962, bastión difusor del arte academicista— la Escuela Taller de Artes Plásticas, formadora de los primeros estudiantes espirituanos con motivaciones artísticas que entrarían a escuelas de arte capitalinas. En esta década de los 60 del pasado siglo se comienzan a perfilar modos diferentes de difundir la cultura de la localidad y preparar el camino hacia los aires renovadores que se vislumbran a fines de 1970 con una búsqueda más afincada en el imaginario social, mucho menos comprometida con la copia del natural.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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