A Santo Domingo llegó Jorge Hodelín Rodríguez a conquistar el oro. Y lo cumplió, sin aspavientos, para defender en el cajón de salto de longitud el favoritismo que le concedían sus marcas y su abolengo.
Con la etiqueta de ser recordista mundial sub 20 con sus 8.46 metros hace poco menos de dos meses en el Envol Trophée Meeting, en Francia, el muchachito se limitó a hacer lo que mejor aprendió desde que se inclinó por esta especialidad: saltar y hacerlo bien.
Tuvo un primer intento de foul, “quizás porque, por su juventud, entró algo ansioso y hasta el bullicio del estadio lo sacó un poco de paso y cambió el ritmo de carrera” como lo define su entrenador y artífice de sus resultados, el también espirituano Miguel Vázquez Herrada.
Mas, dice él mismo, que “tuvimos que ajustar cosas dentro de la competencia para que él fuera soltándose en eventos de este tipo. Le dije que marcara un primer salto porque en el calentamiento lo hicimos y que dejara reserva en la tabla”. Así, el joven aseguró con 7.76 metros y luego en el tercer intento marcó diferencia con el 8.23 metros que le sobraron para su primer título centroamericano, pues ninguno de sus rivales pudo cruzar siquiera la línea de los ocho metros, aunque todos superaban los 19 años del cabaiguanense y antes habían logrado traspasarla. El venezolano Eubrig Maza ganó plata con 7.85 y el colombiano Arnovis Dalmero bronce con 7.82.
Como niño que es, sobre el cajón no dejó de reír, como lo hace casi siempre, incluso, lanzó un reto a sus rivales e invitó a sus seguidores a verlo saltar y ganar el cuatro de agosto. ¿Qué tan fácil lo hizo el ídolo de Cuatro Esquinas? Su entrenador lo define mejor: “Jorge ha tenido una tremenda temporada y va marchando bastante bien. Iba como favorito a la competencia, pero eso no implicaba que lo valoráramos como algo fácil, porque entre sus rivales estaban varios atletas que saltan sobre los ocho metros, incluso el jamaicano había logrado un 8.22 y el venezolano y el colombiano habían rebasado esa distancia, pero hicimos la preparación enfocados en hacerlo lo mejor posible en estos Juegos y así fue, mostró todas sus potencialidades”.
Y ofrece una explicación técnica: “Gracias a Dios todo salió bien, se comportó bien, entendió más o menos el mensaje, salimos a tratar de mantener un ritmo de salto bueno, el registro de 8.23 lo realizó con 1.4 de la velocidad del viento en contra, una cifra que es incómoda para saltar”.
La corona de Hodelín no cayó por arte de magia. El “ensayo” lo escenifica desde hace poco más de un año cuando se convirtió en recordista cubano de la categoría juvenil con los 8.34 metros logrados en el Campeonato Nacional. Ya en este 2026 ha hecho habitual saltar sobre 8 metros y que le ha servido para ganar en la liga invernal y para llevarse el bronce en una de las paradas de la Liga del Diamante, o quedar a una nariz del podio en el Mundial Bajo Techo.
Por eso, junto a su pupilo, Miguel se siente feliz, tal como lo confiesa a Escambray vía Whatsapp. “Para él y para mí son los primeros Juegos. Para mí es una gran experiencia, más enfrentándolos con un atleta joven”.
Pero si de felicidad se trata, ninguna como la de Marisleidis Rodríguez, la madre de Hodelín, quien vivió una tarde de emociones inmensas. “Para qué te cuento”—dice a través del celular— y en el suspiro se le siente aun el sabor de las lágrimas que derramó de alegría minutos después de concretarse el éxito. “Antes no podía ni llorar. No podía respirar, cuando saltó el 8.23 sentí un alivio, pero hasta que no saltó el último no estuve tranquila”.
Lo cuenta ahora a Escambray a risotadas y se le advierte la alegría desbordada. “Esto aquí en Cuatro Esquinas fue de madre, es la primera vez que lo veo competir en la televisión, no había luz, pero la suerte son los paneles. No te puedo describir lo que sentí…, la emoción más grande de mi vida, los vecinos vinieron para la casa y me decían: tranquila, a él no hay quien le gane. Y yo, qué va, hasta que no salte el último no se sabe, porque no se puede menospreciar a nadie”.
Y con la confirmación del oro, se destapó el bullicio en Cuatro Esquinas: “los vecinos pusieron música y nos relajamos un poco. Me costó trabajo respirar otra vez”.
Entonces su mente retrocedió a unos años antes. A cuando soltaba el trabajo en el campo y venía “hasta tres veces por semana a la EIDE Lino Salabarría, porque él quería irse y los profesores me decían: “no te lo puedes llevar y yo que sí”. Ahora siente que tantos kilómetros de esfuerzo valieron la pena.
Luego las conexiones le permitieron hablar con él al filo de la medianoche. “Eso es lo más malo que paso aquí, que no puedo comunicarme con él cuando sale a competir. Por la noche me puse en una esquina de la casa y ahí pude verlo más o menos por una videollamada”.
Ya antes, apenas conquistó su oro en el cajón, Hodelín le había enviado un mensaje del tamaño de su salto: “¿Viste mamá?, la cogimos”.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus














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