Premio a la constancia y el amor por la naturaleza

El Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach mereció el mayor reconocimiento que otorga la Delegación Territorial del Citma por su labor investigativa y de divulgación

Las colecciones del Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach se roban la atención de los niños. Texto y Fotos: Lisandra Gómez Guerra/Escambray

Después de caminar kilómetros monte adentro, cuesta arriba, un inesperado hallazgo borró de pronto el cansancio. Contra todo pronóstico y con estudios científicos como brújulas, un grupo de amantes a la naturaleza se vio de frente con las huellas de perezosos a más de 1 100 metros sobre el nivel del mar en el corazón montañoso de Trinidad.

“Algo similar nos sucedió al identificar una gallinuela terrestre en una cueva muy cerca del Pico San Juan —comenta Abel Hernández Muñoz, uno de los espirituanos más fieles a las investigaciones medioambientales en el territorio—. Se desconocía. Hemos descubierto cosas extraordinarias en la alta montaña trinitaria que han cambiado la visión que nosotros teníamos acerca de la ciencia y biodiversidad”.

La edificación, desde el 20 de octubre de 1984, funge como museo.

Mencionar cada resultado rompe con la concreción periodística. Y es que, desde hace cerca de tres décadas, luego decque Abelito pusiera los pies en el Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach, indagar in situ sobre la flora y fauna le ha robado prácticamente todas las horas del día.

“Cuando llegué a esta institución cultural de perfil científico había alguna información sobre la biodiversidad de Topes de Collantes y Jobo Rosado. Teníamos deudas con otros contextos como Hornos de Cal, elemento natural destacado, Sierra las Damas o la Loma de las Damas, como le quieran llamar, Lomas de Banao… Pero desde entonces hemos incorporado mucha información relevante, incluso tras ir a cuevas, donde no hay huellas humanas”.

Lo cuenta rápido, pero solo él y quienes se le han sumado conocen cuánto sacrificio y constancia implica asumir esos estudios e ir más allá: divulgar, compartir, educar al resto de las personas.

“Si no sabes lo que tienes, no lo conoces, no sabes qué y cómo lo conservas —insiste quien cuenta en su currículo con libros y artículos científicos que incluyen muchos de esos resultados—. De ahí que nuestro museo haya impulsado una campaña grande de educación ambiental.

“Antes nos íbamos a los municipios. Hoy intentamos llegar a Tunas de Zaza, pero como sabemos es muy complicado. Desde el 2008, asumimos el Festival de las Aves Endémicas del Caribe, evento que se realiza en varias naciones del Caribe insular. Cuba también convoca. Nosotros no quisimos quedarnos detrás y también somos sede”.

La acción tiene ya gran impacto, como evidencian el Concurso Martí y la Naturaleza o las propias visitas dirigidas a las salas de la institución, que desde el 20 de octubre de 1984 abre sus puertas como museo en uno de los puntos más céntricos de la ciudad del Yayabo.

“En el caso del Festival de Aves es un evento de ciencia ciudadana. Se deja una huella en las diferentes generaciones, como cuando nos vamos con los menores de edad y sus tutores al Jardín Botánico de Sancti Spíritus, a fin de realizar una observación de aves y encuentran una que no estaba reportada en esa área. 

La mascarilla funeraria hecha para Juan C. Gundlach es una de las piezas que integran la muestra transitoria de la institución cultural de perfil científico.

“Hay personas que tiene una visión pesimista al asegurar que los animales salvajes se acercan a las urbes porque se están destruyendo sus hábitats naturales. Tengo otra visión de eso. Pienso que Sancti Spíritus se está volviendo más verde. Por tanto, recuperamos, poco a poco, cosas que antes no tuvimos”.

Y aunque ninguna acción ha buscado lauros, en este 2026 la Delegación Territorial del Citma decidió distinguir al Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach con el Premio Provincial de Ciencia, su más alto reconocimiento.

“Es la recompensa a la labor de prospección sistemática de la biodiversidad de nuestro territorio. De esa forma, hemos cubierto lagunas de información o de falta de información que existían. Desde hace un tiempo, nos hemos volcado en las redes sociales para difundir cada resultado ya que es un soporte a muy bajo costo y accesible a todas las personas, así como en cada actividad y espacio fijo de nuestro museo compartimos temáticas relacionadas con la naturaleza y el medio ambiente”.

Bajo su firma también se encuentran artículos en revistas especializadas y textos buscados en los anaqueles como Ensamble de aves del pinar de La Sabina, Banao y Vida silvestre en azul.

En tiempos de disímiles atractivos, el céntrico museo logra seducir a las diferentes edades.

DENTRO Y FUERA DE LA CASONA COLONIAL

Ni en sueños imaginóel funcionario de la corona española de origen vasco Félix Ramón del Camino y Santiago que la casona que mandó a construir en 1812 sobreviviera al siglo XXI. Mucho menos podría adivinar que sería una institución protectora de parte de la memoria histórica de Cuba y que, en tiempos de adelantos tecnológicos aparecidos a la velocidad de la luz, se robara la atención de diferentes de generaciones.

“Empezamos igual que todo el mundo con la vieja museología, el propio intercambio con los públicos; incluso, tras realizar algunos estudios con ellos, nos dimos cuenta de cómo era más efectivo dejar huellas en los heterogéneos grupos. Por ejemplo, el planetario, el único de su tipo que aún funciona en Cuba, es uno de los grandes atractivos que tenemos con mucho impacto. Más de un adulto ha llegado con su hijo de la mano porque cuando era pequeño disfrutó del planetario y quiere que su descendiente viva la experiencia”.

Muy cerca del portón antiguo de color azul de la casona, que hace esquina a un lado del parque Serafín Sánchez Valdivia, de la villa espirituana, la exposición transitoria en homenaje al alemán Juan C. Gundlach es uno de los incentivos para atraer, por estos días, las miradas de quienes deciden recorrer el museo.

“Pueden disfrutarse, entre otros elementos, la mascarilla funeraria que se le realizó al fallecer y elementos que colectó de la naturaleza. Le debemos mucho los cubanos, pues trabajó por nuestra ciencia y zoología. Y creemos que es un desconocido, aunque investigó en las lomas de Banao”.

El planetario es el único de su tipo que funciona en Cuba.

EN EL TINTERO

A la par de las visitas, la realización de concursos y de los talleres de verano, Abel Hernández Muñoz y el resto del colectivo del Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach no renuncian a sus ansias de ampliar saberes y buscar las vías más idóneas para el intercambio con el público.

“Estamos enfocados en la huella que dejan la flora y la fauna en el imaginario, la cosmovisión, en la cultura de nuestra sociedad. Tenemos una investigación concluida, que se titula La sombra de los árboles patrimoniales de Cuba, que no es la ceiba solo, sino que reúne ocho especies. Nos centramos en cómo los seres humanos se identifican con cada planta y la utilizan”.

Mantiene, además, inquieta el alma de las pesquisas la búsqueda de cómo a través de los refranes las personas ven a los animales y plantas; una propuesta sin antecedentes reconocidos.

“Trabajamos también en un estudio llamado Símbolos identitarios del patrimonio natural espirituano. Será de gran impacto para fijar nuestra identidad con el medio que nos rodea”.

Se identifican como los más frescos pretextos para erigirse entre el selecto grupo de instituciones espirituanas que apuestan por empuñar la ciencia. Ha sido esa la fórmula efectiva para que el Museo de Historia Natural Juan C. Gundlach se mantenga con vida, incluso cuando las huellas del paso del tiempo punzan con fuerza y ponen en peligro la calidad de sus colecciones. Al interior de las añejas paredes de grandes ventanales y patio mediano, se resguardan fragmentos imprescindibles de esta nación.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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