A Rosquelina Moreno Matamoros y Jorge Ramón Moreno Cruz los une, además de lazos familiares, el mismo amor por el campo, los animales y el orgullo de ser ganaderos.
Estar entre los productores líderes de Trinidad ha significado para ellos el doble de desvelo: sembrar alimento animal sin recursos, cuidar la salud del rebaño, incrementar la masa, innovar…
Y fueron esas las credenciales que les permitieron ser parte del Programa para la transición ecológica hacia municipios sostenibles en Cuba, una iniciativa que cuenta con el liderazgo nacional del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), el Centro de Estudios para el Desarrollo Local (CEDEL) y los gobiernos locales.
Rosquelina y Jorge, campesinos de la CCS Ismael Valdivia, en el Consejo Popular Caracusey, agradecen el hecho de formar parte de este proyecto, cofinanciado por la Unión Europea, la coordinación internacional de la Agencia Italiana de la Cooperación para el Desarrollo (AICS) y con la participación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Gracias a él son beneficiados con tecnologías, insumos y conocimientos, una oportunidad de lujo en su empeño por consolidarse como ganaderos.
LÍDER DE LAS MERCEDES
En la finca Las Mercedes cada día comienza antes de que el gallo cante. Rosquelina abre las puertas del corral y observa a los carneros que se agrupan en silencio, mientras los chivos, más inquietos, saltan y se empujan juguetones. Ella los conoce a todos: distingue al más dócil, al más terco, al que siempre busca escapar.

“Pedí tierra hace más de 10 años para dedicarme a los cultivos varios; pero lo que me gustaba era la cría de ganado. Estuve un tiempo en casa de mi primo Jorge, y me encariñé con estos animales. Te digo que es más fácil el manejo. Tengo más de 45 animales entre chivos y carneros”.
La ganadería no es solo trabajo físico, es también un arte de paciencia. Rosquelina sabe si hay demasiada humedad en el corral, cuándo una carnera necesita descanso o un chivo requiere atención especial.
Esto no lleva tanto sacrificio, asegura. Es una rutina que ya conoce muy bien: sembrar comida, pastorear el rebaño, resguardar los animales y alimentarlos. “Hay que vigilar los cascos para que no se enfermen por un hongo”, agrega.
De la nobleza de estos animales conoce muy bien Rosquelina, quien se encariña con los más pequeños. “Cuando la madre no los quiere, los he criado a pezonera”, comenta.
LA HERENCIA DEL ABUELO
Jorge Ramón aprendió a cuidar su rebaño siguiendo las enseñanzas de su abuelo. Con él recorrió los campos, aprendió a distinguir la calidad del pasto, a reconocer la mirada de un animal enfermo y a escuchar el lenguaje silencioso en el corral.
Desde que conoció del Programa Municipios Sostenibles supo que sería beneficioso para todos. “Ahora mis producciones se quedan en el territorio para reforzar la proteína en centros sociales y garantizar la venta a los residentes de nuestro consejo popular”.
Jorge Ramón estudió técnico de nivel medio en Agronomía, especializado en cría equina. Por ello valora el conocimiento como una inversión necesaria.
“El proyecto me ha aportado experiencias inolvidables, como la oportunidad de participar en talleres con expertos y una misión técnica en México. Allí vimos cosas novedosas en cuanto a la cría de ganado menor; pero no vamos a fotocopiar nada, sino a adaptar lo que vimos allí a las condiciones que tenemos aquí”, asegura.
LA RUTA DE LA SOSTENIBILIDAD
Con experiencia en prácticas agrícolas sin el uso de productos químicos, Jorge Ramón apuesta por las producciones naturales. “Mi finca siempre fue ecológica y ahora lo será más”, asegura y sus palabras se alinean con los postulados esenciales del programa que se implementa en ocho municipios cubanos, tres de ellos en la geografía espirituana.
“Me ha gustado mucho ser parte del proyecto. No es solo que te den el dinero, los recursos, sino el conocimiento, porque el guajiro tiene que aprender también», afirma Rosquelina.

“El que te diga que aprovechaba todos los residuos en sus producciones está exagerando. Ahora sí hemos aprendido sobre el manejo de los animales y la utilización de la materia orgánica”, apunta.
Jorge Ramón también reconoce los beneficios. “Tengo alrededor de 15 toneladas de materia orgánica en mi finca y quiero comercializarla entre los productores para que obtengan mejores rendimientos”.
Y esa es precisamente la ruta hacia la transición ecológica por la que apuesta este programa; que la experiencia se convierta en práctica cotidiana y se replique como modelo de desarrollo sostenible.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus
















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