Ruido ambulante

En Cuba, la contaminación acústica, es decir, el exceso de ruido generado por actividades humanas, el tráfico, la industria o la música alcanza niveles insospechados

Foto: Ramon Espinosa/ AP

Los efectos del ruido sobre la salud humana son enormes y están más que probados científicamente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), niveles superiores a 55 decibeles durante el día y 45 por la noche se consideran perjudiciales, al punto de generar desde molestias y alteraciones del sueño hasta enfermedades crónicas como la hipertensión o la cardiopatía isquémica.

Para hacerlo más comprensible, la propia institución aclara que 80 decibeles equivalen al sonido del tráfico, un despertador o un tren, mientras el de conciertos o fiestas supera los 110, muy por encima del umbral sano.

Otro dato importante es que se recomienda menos de 30 decibeles en las habitaciones para una buena calidad de sueño, y una cifra inferior a 35 en las aulas. En términos generales, los niveles más altos permitidos son de 65; cuando supera los 85, puede provocar pérdida auditiva crónica.

En Cuba, la contaminación acústica, es decir, el exceso de ruido generado por actividades humanas, el tráfico, la industria o la música alcanza por estos tiempos niveles insospechados.

Se sabe que el transporte terrestre es la fuente principal de ruido ambiental en entornos urbanos, pero en Cuba tiene una particularidad: los choferes de motorinas, sobre todo los más jóvenes, no saben andar sobre ellas sin un potente equipo de sonido.

Sería extenso escribir acerca de anécdotas propias y ajenas acerca de las motos, sus ruidos y la inseparable música de reparto que acompaña el deambular de estos equipos, muchas veces con letras que rayan lo grosero.

¿Y qué decir de las motos tradicionales?; si bien en otros tiempos transitaban de forma “normal”, ahora andan sin silenciador por cualquier calle y se han convertido en una especie de terror ruidoso cuando aceleran para arrancar, sin contar las ocasiones en que despiertan a medio mundo con carreras improvisadas y al margen de lo que dictan las normas urbanísticas.

El ruido es un sonido no deseado, de modo que debe tratarse como una problemática de mucha complejidad, principalmente en las grandes ciudades, con elevados volúmenes de tráfico y otros factores predisponentes. Pero, ¿no existe una legislación al respecto?

Hay provincias donde se ha hecho un llamado a disminuir el volumen en las motos eléctricas y demás vehículos que circulan por nuestras calles con bocinas estridentes, pero una campaña comunicativa no resuelva el problema por sí sola.

Son frecuentes también los ruidos relacionados con fiestas públicas y particulares hasta la madrugada, con un impacto psicológico dañino a la hora de descansar o cuando hay alrededor personas más vulnerables, como encamados o niños pequeños.

Según datos del Citma, ante la contaminación sonora por música alta en áreas recreativas, las personas pueden presentar su denuncia al Ministerio de Salud Pública, amparados en el Artículo 152 de la Ley 81/97 del Medio Ambiente, mientras que cuando el ruido proviene de viviendas, bicitaxis, coches, automóviles, entre otros, los ciudadanos pueden acudir a la unidad más cercana de la Policía Nacional Revolucionaria, con la posibilidad de asesorarse previamente a través del Decreto No. 141 de 1988 “Contravenciones de las regulaciones del orden interior”.

Se pudieran mencionar otras fuentes de ruido, como el panadero que grita y toca el pito todavía de madrugada en la ventana de cualquier ciudadano o el vecino que vocifera de extremo a extremo de un edificio; en fin, que la indisciplina social, y la falta de educación, en sentido general, ya son parte del día a día y del deterioro de valores y normas, tal vez bajo el mito equivocado de que los cubanos, con nuestra cultura caribeña, somos escandalosos por naturaleza. Pero eso no tiene nada que ver con la desidia, el descontrol, la falta de empatía y el hecho de no ponerse en la piel de quien ve la tranquilidad ciudadana como la manera adecuada de vivir en comunidad.

Carmen Rodríguez

Texto de Carmen Rodríguez
Reportera de Escambray por más de 30 años. Especializada en temas económicos.

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