El reloj marcaba una hora próxima a las 3:00 p. m.; el sol abrasaba hasta debajo de la sombrilla con que me cobijaba. Camino a casa, por la Avenida de los Mártires, esquina a calle Martí, un grupo de adolescentes reía, bromeaba y caminaba sin apuro. Un detalle llamó mi atención: dos de ellos sostenían en sus manos latas con la bebida llamada Shaka, sobre la cual últimamente se han vertido numerosas alarmas.
—Buenas tardes, muchachos. ¿Cuál de ustedes es el mayor?, pregunté, al percibir que sus edades se movían, según mi apreciación, entre los 13 y 17 años.
—Yo, dijo uno de ellos.
Entonces, en el tono que me pareció que podía llegarles más de cerca, les comenté que lo que bebían parecía inofensivo, pero podía provocarles problemas de salud, que ya varios jóvenes como ellos habían tenido que acudir al médico con este y el otro síntoma…
—¿Quiere un trago?, dijo sonriente y en tono burlón el que parecía menor de todos, acercando su lata de Shaka.
—Oye, deja la bobería, suelta eso, dijo el mayor, pero siguió su camino sin que la charla concluyera.
Otro, sin prestar demasiada atención, continuó escuchando, pero también comenzó a caminar. Ya a metros de mí agradeció, sin entusiasmo. Para ese entonces una trabajadora de un negocio situado allí había salido a confirmar mi alerta.
—Es cierto, esa bebida afecta la salud, lo han dado hasta por las noticias, dijo. Pero ya el grupo se alejaba.
No botaron el Shaka, sino la lata vacía, mientras continuaron bebiendo de otra aún con el contenido. No hacían nada ilegal, pero sí perjudicial para ellos, y eso me mantenía en alarma.
Al llegar a la esquina del bulevar se encaminaron hacia el otrora Karaoke, donde hoy funciona un centro recreativo de Artex. Antes de entrar arrojaron a una caja el recipiente vacío, luego de rotar la bebida entre tres.
Me pareció prudente alertar al joven que en la puerta de la instalación hacía las veces de custodio. “Por si les sucediera algo a alguno de ellos, sepan que han estado bebiendo esto”, le comenté, mientras le mostraba la foto de la lata que habían arrojado.
No tuve que hacerle la misma historia al joven, porque resultó ser uno de los casos que fue a parar a los servicios de Salud bajo los efectos nocivos de la bebida energética.
—¡¿Shaka?! ¡Yo no quiero saber de ella! Le hice la cruz para siempre. ¡Cuatro me tomé!
Y sin contar detalles, solo significó que habían tenido que suministrarle Dextrosa en vena.
El pasado 28 de agosto en estas mismas páginas se daba cuenta de las nefastas consecuencias del consumo de la mencionada bebida en ciertos grupos de personas. Se hacía referencia a cinco jóvenes de este territorio (todos de mayor edad a los que vi) que fueron atendidos en el hospital Camilo Cienfuegos luego de su ingestión. Otros medios de prensa del país han publicado materiales similares y en las redes sociales de internet llueven las publicaciones al respecto, incluso con ejemplos muy concretos.
Pero las alertas no resultan ni suficientes ni del todo efectivas, pues no están al alcance de todos, en tanto la bebida continúa a la venta en los puestos de trabajadores por cuenta propia, a precios que no resultan bajos, pero con evidente demanda, debido a la presunción de que se trata de algo exclusivamente agradable, beneficioso y también inocuo.
En el programa televisivo Revista de la mañana el pasado 9 de septiembre se dedicó un espacio amplio al asunto, y una especialista en Salud Mental explicó pormenores: quienes consumen Shaka no perciben el peligro, ya que su contenido de cafeína, que provoca sensación de energía y bienestar, enmascara el efecto de los 18 grados de alcohol que también contiene. Una cerveza promedio, según se ha informado también, tiene en su composición apenas cinco grados de alcohol.
Todo ello, de conjunto con los azúcares y la taurina, otro componente estimulante, puede exacerbar los efectos sobre el sistema cardiovascular y provocar una hiperestimulación del sistema nervioso. Como consecuencia, aparecen excitación, ansiedad, palpitaciones, insomnio y, en algunos casos, también falta de aire.
Los casos atendidos en el hospital espirituano han sido calificados por el personal médico como de intoxicación por ingestión de Shaka.
Al referir los síntomas con los que llegaron los pacientes mencionan sudoración, irritabilidad, nerviosismo, mucho dolor de cabeza, vómitos, palpitaciones, decaimiento, sensación de que se estaban apagando y que iban a morir.
Una joven que luego de beber dos latas de Shaka perdió el conocimiento súbitamente, llegó en coma y requirió ventilación mecánica.
La cafeína es un estimulante del sistema nervioso y el alcohol, un depresor del mismo, especifican los especialistas en Toxicología. El azúcar, la cafeína y los sabores con que viene la bebida (en Cuba abunda más el de Vodka) impiden percibir a tiempo los efectos del alto contenido de alcohol que hay dentro.
La cafeína, explican, es la causante de los principales síntomas como cefalea, ansiedad, taquicardia, arritmia, incremento de la tensión arterial.
Desde el punto de vista médico está recomendado el no consumo de bebidas energizantes por parte de niños y adolescentes, pero en ocasiones la familia desconoce lo que sus menores ingieren mientras se reúnen en grupos, a veces, en el caso de los mayorcitos, con la intención de sentirse más vigorosos o de mantenerse despiertos.
Desconozco el final de la historia de los muchachos que me encontré en la calle días atrás, y a quienes traté de alertar, sin que entendieran mi alarma. Espero que no haya habido consecuencias mayores.
Mientras el Shaka se comercializa libremente, sin restricción alguna, habrá que andar alertas siempre que entre los potenciales consumidores haya menores, o incluso jóvenes mayores de edad, propensos a caer en las redes de sus efectos secundarios y poco difundidos.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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