Presagio de otro amanecer en Sancti Spíritus (+fotos)

http://www.escambray.cu/2El pueblo de Sancti Spíritus reclamó a Obama indulto de antiterroristas cubanos. Bajo la lluvia del tiempo, entre nuestras dos heridas,/ por donde viene la luz/ ata una cinta amarilla… Lo susurró en el oído Tony, como se me antoja llamarlo aunque lo conozca solo de las pancartas.

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Era su misma voz de contralto, y que me perdone si no acerté en su tesitura pero nunca antes me dijo una palabra; lo único cierto es que esos y otros versos —nacidos entre rejas— despertaron a Sancti Spíritus el pasado jueves.

A Antonio Guerrero le bastó quizás ese pedido casi místico de René de colgar cintas amarillas hasta en el alma. Y es que los Cinco cumplían 15 años; no los de picar el cake; no los de la foto con la primera novia con permiso; no los de celebrar con los amigos… Son tres lustros cruentos: de posponer ternuras y abrazos; de paternidades frustradas; de quebrantos filiales y partidas sin regresos; de aprender a respirar en los escasos metros de una celda; de encanecer…

Por primera vez fue un 12 de septiembre diferente —y el último, me aclararía René, sin los otros cuatro de vuelta—. Hubo, como siempre, muchas voces, algunas, en la tribuna; otras, clamando igual en las calles; todas afinadas para condenar la injusticia que padecen los Cinco. Tampoco faltaron las cuartetas donde se rimaron versos por el retorno; ni el estribillo repetido más allá de los acordes de la Banda Provincial de Concierto y de las gargantas del grupo Imago que recordaban “ata una cinta amarilla alrededor del viejo roble”; ni las cuerdas de Los Lamas que confesaban “yo me muero como viví”.

Lo único raro en aquel concierto solidario al filo de las siete de la mañana del pasado 12 de septiembre en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia era la incandescencia, ese amarillo que empezó a inundarlo todo —mucho antes del jueves— desde los bolsos hasta los velocípedos, los balcones, las antenas, las manos, el pecho…, hasta las palmas.

No son días de consignas secas; sino de pulsar sensibilidades. Después del 6 de octubre, cuando concluye esta jornada internacional a favor de los Cinco, tendrán que seguir siendo días de borrarles esa sonrisa pegada a los labios como las que se encasquetan para las fotos, de sacarlos de las vallas y echarlos a andar y entonces caminar con el Tony poeta-pintor o descubrir a Fernando frente al fogón colando el café mañanero o que Ramón sienta el abrazo postergado de sus hijas sin la vista de los soldados o escuchar las carcajadas de Gerardo.

Debo confesarlo: me costó imaginarlos así, saberlos de carne y hueso y no por incredulidades mías, acaso porque nunca se sabe a ciencia cierta de qué fibra están hechos los héroes. Este septiembre les ha vuelto a desnudar las esencias y las cintas presagian llegadas sin aviso. Nadie puede dudarlo: con tanto amarillo por doquier amanece, por más que insista en caer la noche.

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