Viaje a la eternidad (+fotos)

El 28 de octubre de 1959, al regreso a Camagüey para restablecer la situación tras la intentona sediciosa de Hubert Matos, el Comandante Camilo Cienfuegos desapareció misteriosamente dejando tras de sí un océano de dolor y pena…

Camilo junto a Fidel.

 

La noticia terrible llegó de a poco, primero como un rumor que se extendía de forma vertiginosa preñado de dudas y elementos contradictorios, pero con un común denominador: nadie quería que fuese cierta. Todos anhelaban la posibilidad de que se tratase de un equívoco, o, cuando más, de un simple percance sin mayores consecuencias. Recientes eventos como la pérdida transitoria de Raúl Castro en la Ciénaga de Zapata, alimentaban la esperanza.

Lamentablemente, la realidad funesta confirmó los peores vaticinios: el querido Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán no había regresado de su último viaje a la tierra de los tinajones, a donde había viajando con frecuencia tras el fracaso de la intentona golpista liderada por Hubert Matos, el jefe militar de Camagüey. Los medios no tardaron en divulgar un reporte oficial fechado el 29 de octubre, dando cuenta del hecho.

El referido Parte Oficial expresaba en su primer párrafo: “Se hace saber por este medio a la opinión pública que en el día de ayer, 28 de octubre, a las 6:01 salió del aeropuerto de Camagüey el avión bimotor de las FAR, marca Cessna 310, número 53, de cinco plazas, rumbo a La Habana, conduciendo al jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, Comandante Camilo Cienfuegos, quien iba acompañado por el piloto de dicho avión, teniente Luciano Fariñas Rodríguez, y el soldado Félix Rodríguez, los que desgraciadamente no han llegado a su destino”.

De inmediato se adoptó un grupo de medidas. Como premisa, toda la región de la isla, entre Camagüey y la provincia habanera, cayos y mares adyacentes, fue dividida en 25 zonas, cada una de ellas de unas 33 millas náuticas para facilitar el rastreo, que fue organizado de forma minuciosa.

Posteriormente al Parte Oficial surgieron los antecedentes del suceso. A raíz de la frustrada asonada de Hubert Matos, Camilo se hizo cargo de reestructurar los cuadros militares de la provincia de Camagüey afectados por el brote sedicioso. En el curso de los siguientes días, efectuó rápidos viajes entre la Capital y la región agramontina.

Para el miércoles 28, ya su tarea en la cuna del Bayardo tocaba a su fin.  El capitán Méndez había sido colocado al frente del Regimiento, asistido por oficiales leales y capaces, en tanto el M—26—7 designaba nuevos coordinadores y depuraba sus filas.

Apenas pasadas las 6:00 PM, el ligero Cessna bimotor pintado de rojo y blanco despegó del aeropuerto camagüeyano y a mediana altura se perdió en el horizonte con rumbo noroeste. Por lógicas razones de seguridad, el bravo Comandante no informó de su salida ni de la ruta a seguir. Minutos después, Camilo Cienfuegos se comunicó con el capitán Méndez para impartirle algunas instrucciones. Fue por tanto el nuevo jefe del Regimiento Agramonte la última persona en tierra que oyó su voz inconfundible.

Gilberto Guerra Valdivia.ESPIRITUANOS EN LA VORÁGINE

Ubicado en el centro de la zona más probable donde pudo ocurrir el accidente, el territorio espirituano recibió la máxima atención de las autoridades nacionales, las cuales orientaron iniciar de inmediato la búsqueda, monitoreando cada pulgada de terreno.

Gilberto Guerra Valdivia, a la sazón jefe del Puesto del Ejército Rebelde en Taguasco, estaba en su oficina temprano en la mañana del 29 de octubre cuando llegó un telefonema que daba cuenta de lo ocurrido y ordenaba los pasos a seguir, así como comunicar cualquier indicio que pudiese hacer luz sobre el suceso.

“De inmediato —recuerda Gilberto— se decidió empezar la búsqueda del Comandante por la costa sur del actual municipio de La Sierpe, para lo cual se organizó un grupo de 10 o 12 hombres encabezados por el teniente Gelasio León Alonso, que en ese momento era jefe de la tenencia del Escuadrón 38 del Ejército Rebelde en Sancti Spíritus. Llegamos allí en yipis y otros vehículos que teníamos a  mano.

“Aunque la mayor probabilidad del posible accidente se ofrecía en la zona norte, por ser ese el derrotero más probable del avión, lo  cierto es que también se ordenó buscar en todas partes donde existiera aunque fuese la más mínima posibilidad de encontrar algo, y por eso nos dirigimos a la zona sur del territorio.

Allí, en una extensa franja conversamos con pescadores y gente que vivía por los alrededores, a los que les preguntamos sin habían escuchado algún ruido de avión, o visto u oído algo acerca de un posible aterrizaje forzoso o accidente de una avioneta, pero todas las respuestas fueron negativas. “También se pidió a la gente que tenía lanchas, que recorrieran el litoral, pero todo fue en vano.

“Cuando se agotaron todas las posibilidades y se dio por terminada la búsqueda, muchos de nuestros compañeros se resistían a regresar a sus ocupaciones normales, porque no querían aceptar que se habían perdido todas las esperanzas. Entonces fue como si a la gente le hubiese caído una pesada plancha de concreto sobre las espaldas”.

Luis Barrera Figueroa

AMARGA DECEPCIÓN, AMISTAD SOLIDARIA

Acabado de tomar posesión como jefe del Puesto del Ejército Rebelde en Guasimal, a donde llegó luego de desempeñar igual cargo en El Jíbaro, el actual coronel ® Luis Barrera Figueroa, asumió la búsqueda de Camilo con un nutrido grupo de sus compañeros en un extenso perímetro que abarcaba desde Paredes-Guasimal-Tayabacoa, hasta Tunas de Zaza.

Dolidos hasta el tuétano por el extravío y posible pérdida definitiva del Hombre de la eterna sonrisa, aquel colectivo estalló de emoción y alegría cuando se propagó la especie de la falsa aparición del Héroe. Con la apoteosis de júbilo las cartucheras quedaron exhaustas de tanto tiro disparado al aire sin la menor mesura, “y cuando poco después se supo que la noticia era errónea, sufrimos una decepción tremenda.

“Pero aquello no quedó ahí, ya que al comprobar que habíamos hecho un derroche imperdonable de parque por algo que no era verdad, tuvimos que correr a la Feria espirituana y hacer contacto con Armando Acosta para que nos repusieran esas municiones, pues de lo contrario podíamos recibir un castigo riguroso”.

Ya de regreso, el nutrido contingente se volcó a la búsqueda por la zona de Tunas de Zaza. En el traslado, le avisan a Barrera que en una curva pronunciada, cerca de Guasimal, se acaba de producir un accidente y que hay heridos. Hacia allá corrió a prestar ayuda a los lesionados y, cual no sería su sorpresa al ver al segundo teniente Carlos Moctezuma, destacado actor de la radio y la televisión cubanas, quien se había fracturado una clavícula.

La prensa reflejó ampliamente la consternación de familiares, amigos, compañeros y pueblo en general, así como la búsqueda intensiva del Héroe por todo el archipiélago cubano .

Sin perder un instante, Barrera y sus acompañantes pusieron al popular “Ñico Rutina” en su jeep, y emprendieron veloz trayecto hacia el Hospital de Sancti Spíritus. Aquello llevó a meditar a Barreras, que a Camilo lo estaba buscando todo el pueblo, y no solo las autoridades oficiales, sino que artistas, maestros, constructores, campesinos, pescadores, estudiantes, la mayoría abrumadora de nuestro pueblo se había empeñado en la búsqueda del Héroe. “Yo creo que en Cuba no quedó nadie sin buscar a Camilo”, razona el interpelado.

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