En Girón, frente a los mercenarios

El Gobierno de los Estados Unidos quiso en abril de 1961 destruir la Revolución cubana al estilo de Guatemala en 1954, pero Fidel, las milicias y el pueblo los derrotaron en menos de 72 horas. Vivencias de un alumno cabaiguanense de la Escuela de Milicias de Matanzas, al cabo de 59 años

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Fidel dialoga con los milicianos durante la invasión a Playa Girón. (Foto: Joaquín Viñas/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas)
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Fidel dialoga con los milicianos durante la invasión a Playa Girón. (Foto: Joaquín Viñas/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas)

Con toda razón se ha dicho que la victoria de Cuba en Playa Girón en abril de 1961 tuvo dos grandes protagonistas. El primero de ellos fue el pueblo, que desde el llamado inicial de la Revolución se organizó como un mar azul y verde olivo en las Milicias Nacionales Revolucionarias, y se preparó en el manejo de las armas dispuesto a defender su obra.

En el momento de la agresión, ese pueblo, representado en las milicias obreras, campesinas y estudiantiles, y en el Ejército Rebelde, corrió a sus puestos de combate con una idea firme

En el momento de la agresión, ese pueblo, representado en las milicias obreras, campesinas y estudiantiles, y en el Ejército Rebelde, corrió a sus puestos de combate con una idea firme: defender la Revolución Socialista. Artilleros, policías, soldados rebeldes, pilotos, tanquistas, médicos cayeron encima de los invasores como una centella y en 66 horas los aniquilaron o pusieron en fuga por los tremedales costeros, para irlos capturando poco a poco, desmoralizados y medio muertos de hambre y de sed.

El otro gran protagonista fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, no solo por la dirección exitosa de la batalla, sino por haber avizorado con mucha antelación la invasión mercenaria y haber organizado, preparado y armado al pueblo y convertirlo militar e ideológicamente en una fuerza determinante de combate junto al Ejército Rebelde para esa prueba decisiva.

UN ESPIRITUANO EN LA VORÁGINE

Entre los miles de milicianos que enfrentaron a los mercenarios que vinieron a conquistar a Cuba para devolvérsela a la oligarquía nativa y a los monopolios yanquis figura el cabaiguanense Efraín Domínguez Córdova, entonces un joven tabaquero con alguna instrucción militar.

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Efraín Domínguez: “Yo dije: en esa alcantarilla no me meto”. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Pero él no fue el único cabaiguanense que combatió en Girón, pues fueron muchos, al igual que otros espirituanos de los distintos territorios de la actual provincia que confluyeron en la zona de las acciones desde diferentes frentes, después de incontables peripecias.

Este curtido veterano que encabeza la presidencia de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Cabaiguán desde hace 27 años tuvo en los inicios de la Revolución en el poder alguna preparación previa y después fue trasladado para Santa Clara junto con otros jóvenes de su edad, de donde los enviaron para Oriente.

Hoy recuerda con emoción: “Diez veces subí la loma de La Vela y tres el Pico Turquino. Poco después nos dieron un pase y nos regresaron para Cabaiguán con la instrucción de que, finalizado este, nos presentáramos en la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas”.

Casi a mediados de abril de 1961, la mayor parte de los alumnos milicianos salieron de pase y Domínguez se fue a su pueblo a descansar y compartir con su familia, pero el enemigo tenía otros planes y con su traicionero accionar envió sus pájaros de la muerte a atacar tres aeropuertos cubanos con la misión de destruir en tierra a la exigua aviación revolucionaria.

Casi de improviso le llegó a Efraín la orden urgente de presentarse en la Escuela, ya en alarma de combate. A las pocas horas estaba en Matanzas ante sus superiores y el 16, cuando se hace la despedida de duelo a los caídos en el alevoso ataque y Fidel declara el carácter socialista de la Revolución, “nosotros acogimos aquello con gran satisfacción, y la Escuela respondió unánime, porque allí todos éramos revolucionarios”, afirma Domínguez casi seis décadas después.

En medio de la barahúnda creada por el ajetreo bajo la tensión del momento, temprano en la mañana del 17 se recibió la orden del entonces capitán José Ramón Fernández, director de la escuela, “de organizarnos en composición de batallón y partir en medios de transporte requisado, sin pérdida de tiempo, hacia el central Australia”. 

CON EL ALIENTO DEL PUEBLO

Cuando se forma el batallón, se hizo una selección de las seis compañías que había, y se dejó una como guarnición. Fernández, apremiado por Fidel para que se presentara en la escuela y la condujera al combate, buscó antes a toda costa un mapa de la Ciénaga de Zapata, que consideraba imperioso, y partió velozmente a reunirse con sus hombres. Llegó a la escuela, dio órdenes precisas y siguió acto seguido para el central Australia, adelantándose a su tropa.

A pesar de los años transcurridos, todavía Domínguez se siente impresionado cuando recuerda la llegada de la caravana a Jagüey Grande, donde “estaba prácticamente todo el pueblo en la calle, con tremendo entusiasmo revolucionario y las mujeres pidiéndonos que nos cuidáramos, a la vez que nos daban agua y café”.

En el central Australia el Batallón de la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas estuvo brevemente y la caravana continuó rumbo al frente, y fue atacada de improviso por aviones mercenarios que los obligaron a tirarse de los vehículos y continuar a pie. Avanzaron con cautela y cuando cayó la noche los regresaron al central, donde pasaron unas horas.

Pero llegó el Gallego Fernández con órdenes de Fidel de que había que continuar por la carretera principal rumbo a Playa Larga. “Tuvimos que avanzar en condiciones muy difíciles, ya que enfrente estaban los mercenarios bien armados y atrincherados, y a los dos lados de la vía, la ciénaga y el diente de perro que hacían casi imposible pasar por allí.

En Pálpite había paracaidistas y a la compañía No. 2, de los nuestros, al mando del teniente Conyedo, le tocó ir a combatirlos. Allí los cubanos emplazaron morteros 120 milímetros, y mandaron a buscar apoyo blindado. El teniente Díaz, que avanzaba con los tanques, murió por el impacto directo del proyectil de un cañón sin retroceso.

“Eso fue muy triste. En el enfrentamiento con los paracaidistas, a mi compañía la distribuyeron en dos partes; un grupo que marchó con el teniente de milicias Beltrandy para la pista de Soplillar, donde aterrizaban avionetas, mientras Conyedo, teniente del Ejército Rebelde, partía con el otro grupo.

“A mí me tocó seguir para Soplillar, y cuando íbamos en caravana la aviación nos atacó. Ahí mismo formamos un círculo con el pelotón de ametralladoras para cuando viniera el avión, concentrarle el fuego. Se me gastó la cinta tirándole al B-26 con la Modelo 37 checa; pero, ¡qué va!, porque yo tenía puntería y sabía que las balas le estaban dando, pero aquel aparato parecía inmune a sus proyectiles.

“Cuando el avión aquel pasó, le metió un fotutazo a una ametralladora, que la desbarató. Entonces, ahí se formó el corre corre. Cuando eso estaban haciendo la carretera nueva y había unos tubos grandes de alcantarilla y cuando venía el avión la gente se metía ahí. Yo pensé: Ahí no me meto yo. Yo me tengo que meter donde vea al avión. Allí lo que había era mucha palma de guano cana y yo me metía detrás de una de esas palmas y cuando el avión tiraba, giraba en sentido contrario, para intentar protegerme de sus calibres 50.

“En eso llegaron unos reporteros de la televisión en una camionetica y nos dijeron: “Tírale ahí, que vas a salir tumbando al avión, tírale ahí”. Yo le tiré, le tiré y nada. Ellos insistieron, volví a tirarle y nada. Cuando mataron a Cocoliso, que era de la Compañía No.1, yo no podía avanzar con la ametralladora, el trípode, el aditamento antiaéreo y las cintas, así que puse la ametralladora en la camionetica, fui para donde estaba el cuerpo de Cocoliso, cogí su Fal, las municiones y seguí pa’lante.

“Cuando llegamos a Soplillar, me preguntó Beltrandy: ‘325, ¿dónde está tu arma?’, le expliqué y me dijo: “No, tú no eres fusilero, tú eres de ametralladoras, ve allá donde la dejaste y búscala’. Así que tuve que regresar a buscar la Modelo 37 y volver a Soplillar, donde esa noche se cogieron tres mercenarios. Había allí una maestra y un muchacho que querían emprenderla a golpes contra los prisioneros y no se les dejó, porque aquellos tipos estaban presos y nosotros tenemos principios”.

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Como muchos otros milicianos, Domínguez pasó muchos días capturando mercenarios en los tremedales de la Ciénaga.

RECIBIMIENTO CON LÁGRIMAS… DE ALEGRÍA

“Fuimos los últimos alumnos de la Escuela de Responsables de Milicias en regresar. Inclusive cuando llegamos allá, como por el día 26, fue muy impresionante ver a los compañeros de uno llorando porque creían que, si no regresamos antes, era porque nos habían matado, ya que no sabían nada de nosotros, pero estábamos capturando fugitivos.

“A los hogares cubanos llegaron noticias del alto número de bajas sufridas en el enfrentamiento a la agresión mercenaria, lo que creó mucha zozobra, sobre todo entre quienes tenían parientes en los cuerpos armados, pero cuando supieron que estábamos ilesos, la alegría fue enorme y lloraron lágrimas de alegría. Nuestros familiares fueron a vernos a la escuela, donde permanecimos porque el 27 de abril debíamos vencer el último examen.

“¿Que si lo aprobamos? Si el propio Fidel reconoció públicamente que los alumnos de la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas se habían graduado con creces, que pasamos la más dura de las pruebas”.

Pastor Guzmán

Texto de Pastor Guzmán
Fundador del periódico Escambray. Máster en Estudios Sociales. Especializado en temas históricos e internacionales.

Comentario

  1. EL POETA YUMURINO

    ¡! EN SU CUMPLEAñOS SESENTA ¡!
    -1-
    Quiso el mes de Abril
    según nuestra hermosa historia
    registrar la gran victoria
    que Girón pudo vivir
    ante el ataque hostil
    de esos burdos mercenarios
    apátridas temerarios
    que en menos de 72 horas
    cayeron ante la milicia defensora
    del gobierno revolucionario.
    -2-
    Todo el pueblo extraordinario
    en este mes victorioso
    saluda muy generoso
    el 60 aniversario
    de nuestro Presidente solidario
    que en la primera trinchera
    defiende con visión certera
    a Cuba ante la pandemia
    esta infernal tragedia
    que al planeta desespera.
    -3-
    Defender el socialismo
    es defender a Fidel
    a Raul, el General fiel
    con amor y altruismo
    luchemos con optimismo
    toda la patria dispuesta
    nuestra Ciencia tan honesta
    con la Salud está presente
    junto a nuestro Presidente
    ¡! En su cumpleaños sesenta ¡!.
    —000—
    EL POETA YUMURINO
    20 de Abril de 2020

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