Lázaro Zerquera Pedroso: Enfermero de corazón

El joven trinitario asegura que se mantendrá en esta profesión hasta los últimos días de su vida

sancti spiritus, enfermera, dia de la enfermera, salud publica
La profesionalidad y el humanismo acompañan a este enfermero trinitario. (Foto: Ana Martha Panadés/ Escambray)
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La profesionalidad y el humanismo acompañan a este enfermero trinitario. (Foto: Ana Martha Panadés/ Escambray)

Lázaro Zerquera Pedroso no se imagina en otro sitio: siempre al lado de un paciente, tomando sus signos vitales, aplicando un tratamiento, luchando por la vida hasta el último aliento. Su vocación ha vencido todas las pruebas y en 38 años de ejercicio profesional a este enfermero trinitario le acomodan no pocos calificativos: humano, sensible, competente y también imprescindible.

Ecuánime hasta en los momentos de más angustia, el licenciado en Enfermería ha traspasado el umbral de casi todos los servicios que se prestan en el Hospital General de Trinidad Tomás Carrera Galiano, desde los Cuidados Intensivos, Cirugía, Emergencia, hasta la sala de infecciones respiratorias habilitada como parte del protocolo de la COVID-19.

Ahora, como jefe de servicio de la sala de adultos que ha devuelto la vitalidad al segundo nivel de la institución hospitalaria, extraña tal vez la tensión de segundos salvadores cuando conocimientos e instintos le ganan la batalla a la muerte; pero aquí encuentra cientos de razones para amar la profesión que reconforta sus días.

“La sala se inauguró en medio de la COVID-19 —dice mientras se acomoda su uniforme impecablemente blanco—, por lo que todavía faltan parte del mobiliario y otros detalles, pero las condiciones son excelentes, con cubículos para hombres y mujeres, muy ventilada. Todo el equipo de trabajo vela celosamente por la limpieza y la atención esmerada a las personas que permanecen hospitalizadas.

“Es un servicio dedicado fundamentalmente al estudio de pacientes aquejados de diferentes patologías, entre ellas la anemia, que resulta muy frecuente en el municipio. Pensamos profundizar las investigaciones y, de acuerdo con los resultados, proponer acciones de intervención a nivel comunitario, trabajar con factores de riesgo y elevar la calidad de vida”.

De enfermero se graduó en el año 1984 y la relación con esta profesión —como en los amores auténticos— se fue arraigando en el día a día, en madrugadas de desvelo junto a un paciente, de frente a la impotencia y la tristeza, sanando el alma cuando una sonrisa agradece y devuelve el sosiego.

“Todas las especialidades me gustan, cada una exige habilidades y concentración, pero me apasiona la Urología; no he podido desprenderme de ella y todavía realizo algunos procederes, como las dilataciones de la uretra. Es un alivio para los pacientes, de lo contrario deben viajar al Hospital Provincial, yo me dedico totalmente a ellos.

“Por muchos años trabajé en los servicios de Urgencia y es una experiencia que te hace más humano, consciente de lo frágil que es la vida. También ejercitas tus reflejos, siempre debes estar alerta, con la mente puesta en los pacientes. Cuando entras a la sala de Terapia, todos los problemas se quedan fuera. Allí lo único que cuenta es la vida”.

¿Las vivencias más difíciles?

La misión en Afganistán, fue en la década del 90, un país lejano, que estaba en guerra, vivió también la tragedia de un terremoto y en Cuba se iniciaba el período especial. Había mucha preocupación por la familia, por nuestro país, pero cumplimos la misión y pusimos en alto las banderas del internacionalismo proletario. En Venezuela estuve cinco años; se extraña mucho el hogar, los amigos, Trinidad; pero fue una misión muy hermosa, que recuerdo con mucho cariño.

¿Qué cualidades no deben faltarle a un profesional de la Enfermería?

La ética profesional, el humanismo y la dedicación a los pacientes, todo lo que hagas debe ser con esmero, con orgullo porque es una vida humana; siempre soy positivo, optimista, eso también ayuda mucho en la recuperación.

¿Recompensas?

Mi profesionalidad, por eso nunca he querido ser otra cosa, enfermero hasta los últimos días. No sé hacer otra cosa, ni quiero. La sonrisa agradecida de un paciente o su familiar son los mayores premios. Me siento inmensamente feliz.

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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