Tras las huellas de lo que somos (+fotos)

Desde hace cinco años el Gabinete de Arqueología Manuel Romero Falcó, de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Sancti Spíritus, se encarga de excavar en el pasado como forma de comprender el presente

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El Gabinete de Arqueología Manuel Romero Falcó suma valiosos hallazgos a la historia de Sancti Spíritus.

Los dedos se hunden en la tierra. Con delicadeza excavan en sus entrañas en busca de palpar algún objeto extraño a ese entorno. Las gotas de sudor corren. El sol pica. Llevan horas agachados, tanto que las piernas están entumecidas. Alguien grita. Tira sin mucha fuerza y muestra un fragmento de una vasija de cristal.

—¿A qué época corresponderá?

Es la pregunta que ronda a quienes hacen un círculo alrededor de la nueva pieza que se sumará la lista de los hallazgos del Gabinete de Arqueología Manuel Romero Falcó, de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Sancti Spíritus, en sus cinco años de existencia.

Luego vendrá la otra parte del proceso, tan preciosista como la de excavar: mirar con lupa los pedazos para responder con exactitud a la interrogante.

No importa cuánto cansancio se acumule en esos días. Cada resultado es una victoria porque permite comprender mucho más un pasado alejado del presente por años, pero vigente por ser el responsable de cómo somos.

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En la Sala de Interpretación Arqueológica Ruinas del Parque se conserva una maqueta que sitúa cada punto de los hallazgos. (Foto: Lisandra Gómez Guerra)

MINA ARQUEOLÓGICA

Sancti Spíritus ha demostrado ser tierra fértil para los hallazgos arqueológicos. Justo aquí encontraron acomodo los aborígenes, quienes en 1514 vivieron el complejo proceso de transculturación. De ahí que resulte común que el equipo de arqueólogos de la provincia tope de frente con piezas de cerámica aborigen y un fragmento de espada o hachas petaloides y monedas.

Uno de los sitios más ricos para volver a otros siglos es la zona ahogada por el embalse Zaza. En épocas de sequía, cuando la retirada de su agua deja libres puntos estratégicos, según las investigaciones, se aprovechan para ir hasta allá, incluso en bicicleta, y remover cada centímetro del área.

Más de 300 estaciones arqueológicas encontradas ha sido el resultado que muestra el Gabinete de Arqueología Manuel Romero Falcó en sus búsquedas en la barriga de lo que pudiera ser cuando está lleno el gran mar de agua dulce de Cuba.

“Esta es una cifra significativa —opina Rolando Álvarez de la Paz, jefe del colectivo—. Lo más importante es que nueve sitios tienen que ver con el contacto y la transculturación indohispánica en Sancti Spíritus, y están relacionados directamente con la fundación de la añeja villa, precisamente enmarcados en donde dicen los historiadores que se fundó el primer asentamiento tras la llegada de los españoles a esta región, entre el arroyo El Fraile, ahora conocido como La Botella, y el arroyo de Pueblo Viejo, actualmente Puente Palo”.

Justamente esa área —rodeada de maleza y con presencia de animales que pastan—, ubicada 6 kilómetros al este de la ciudad de Sancti Spíritus, ostenta la declaratoria de Monumento Nacional.

También ha sido muy provechoso extender las búsquedas al municipio de La Sierpe, donde se han identificado una treintena de sitios aborígenes, fundamentalmente en las márgenes del río Zaza, el río Jatibonico del Sur, el Arroyo Naranjo y la laguna Canta Rana.

En cinco años de constantes labores se distinguen la conservación de fragmentos de mayólica Columbia Liso y Caparra Azul, botijuelas de estilo temprano, herraduras de caballo, algunos clavos, pedazos de cadenas, espada y puñal, y una punta de lanza de hierro, única de su tipo que se contextualiza en la villa espirituana del siglo XVI.

Asimismo han vuelto a ser tocados por las manos porciones de burén (disco de barro donde se cocinaba el casabe y se asaban las carnes), sumergidores de redes de pescar de piedra tallada, hachas petaloides, piedra pulida de color verde, una cuenta de collar hecha de cuarzo lechoso, percutores, raspadores, núcleos y cuchillas de sílex, y piezas de cerámica aborigen.

Y aunque pudiera parecer que solo los hallazgos son posibles en los lugares alejados del ir y venir de un mayor número de personas, el año 2014 demostró que en cuestiones de descubrimientos no hay fórmula exacta. Cuando la antigua estructura del parque Serafín Sánchez Valdivia se vino abajo a fuerza de buldócer​ y retroexcavadoras permitió que arqueólogos espirituanos y otros invitados se sumergieran en los restos del convento y de la iglesia de San Francisco.

Demasiada historia en el sitio donde en 1914 el parque Serafín Sánchez Valdivia tomó cuerpo encima de los restos del lugar en el que se ubicó la ermita de la Veracruz en 1690, que a partir de 1716 estuvo acompañada de la edificación religiosa San Francisco. En 1911 se decidió demoler la ermita y el otrora convento, con el fin de ofrecer trabajo y modernizar a la villa.

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Los especialistas vuelven a las ruinas de la otrora iglesia Jesús Nazareno, ubicada en el corazón de Jesús María. (Foto: Yoan Pérez/ Escambray)

FRAGMENTOS DE HISTORIA

Aún permanece fresca en la memoria de esta ciudad el cordón humano que tras días y días veló por cada hallazgo: vasijas, herraduras, monedas, herrajes de puertas y ladrillos de barro de diferente grosor.

Con alto grado de preservación, posibilitaron valorar por vez primera un espacio de gran magnitud en el centro de la ciudad.

Precisamente, para que nadie se pierda de ese diálogo fascinante con un tiempo que nos antecedió se apostó por devolverle la vida a la Sala de Interpretación Arqueológica Ruinas del Parque, ubicada en la parte trasera del Museo Provincial de Historia.

Allí, además de las evidencias, se exhibe una maqueta con los puntos donde se extrajo lo encontrado.

“La propuesta es que se realice un recorrido por todo el parque para explicar su historia en cada gigantografía y algunas huellas arqueológicas expuestas a la vista de todos”, explica Marta Barbarita Esquijarosa Escobar, directora de la institución.

POR MÁS RIQUEZAS

El Gabinete tiene en su mira otros muchos proyectos, además del citado Pueblo Viejo, el Ruinas del Parque y el de la presa Zaza. Ponen todo su empeño en poder escudriñar en el patrimonio azucarero y en fortificaciones militares.

La buena nueva ha sido el regreso de especialistas a las ruinas de la otrora iglesia Jesús Nazareno, ubicada en el corazón del Consejo Popular de Jesús María.

Allí buscan detalles de las pinturas murales que aparecen en sus paredes a fin de protegerlas por ser una edificación en un estado constructivo deplorable. Junto a los expertos participan los alumnos del Curso de Arqueología de la recién estrenada Escuela de Oficios de Restauración Conrado Garau Gayá, una forma perfecta para sembrar el amor y entrega por una labor para curiosos y apasionados con el pasado, ese tiempo capaz de permitirnos analizar el presente gracias a las huellas de lo que somos.

One comment

  1. Ojalá que de una buena vez esta ruina sea destinada a tener uso social. A casi ninguna autoridad pareció importarle que justo a su lado hubiera por años una cervecera de mala muerte.

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