Chile pide auxilio internacional por devastadores incendios que dejan al menos 13 muertos

Hay casi 180 incendios forestales en desarrollo, de menor o mayor gravedad, concentrados en tres de las 15 regiones del país

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Más de 15 mil hectáreas de bosques han sido reducidas a cenizas por los incendios forestales en el centro sur de Chile. (Foto: Internet)

Al menos 13 personas fallecidas, 80 casas quemadas y más de 170 puntos de deflagración en desarrollo era hasta la noche de ayer el saldo de la terrible jornada de incendios forestales propagados a comunidades en Chile.

Con temperaturas arriba de 40 grados centígrados, vientos de hasta 70 kilómetros por hora, cuyo rumbo y ráfagas son cambiantes e imprevisibles ,alimentan voraces lenguas de fuego que en un par de días han calcinado más de 15 mil hectáreas de bosques y campos agrícolas; la región centro-sur del país está literalmente ardiendo, descontrolada, sin ninguna esperanza pronta de ver esta barbaridad contenida.

En un acto sin precedente en los años recientes, Chile está pidiendo auxilio internacional para atacar los incendios, pues su desarrollo no está concentrado en unos cuantos puntos, sino ampliamente difundido en zonas diversas, lo cual facilita su propagación.

Hay casi 180 incendios forestales en desarrollo, de menor o mayor gravedad, concentrados en tres de las 15 regiones del país.

Como en muchos lugares, en Chile no hay signo de gravedad mayor que aquello que obliga a que el Presidente de la República concurra, de urgencia y cuerpo presente, al punto donde se suscita una tragedia humana; y ese ritual lo acaba de confirmar el gobernante Gabriel Boric, quien hace apenas dos días iniciaba sus vacaciones en la Patagonia, a 2 mil kilómetros de Santiago, para suspenderlas y regresar al epicentro de la crisis a dar instrucciones.

El presidente, hablando desde la ciudad de Chillán, 400 kilómetros al sur de Santiago, señaló que instruyó “a los encargados de la defensa nacional, Fuerzas Armadas y Carabineros que se desplieguen en todo el territorio para ofrecer una sensación de seguridad, que la gente sepa que estamos presentes”; explicó que: “me parecía importante estar en terreno para ver en primera persona cuál es la realidad. He podido hacer un sobrevuelo de la zona y es tremendamente complejo cuando tenemos tantos focos”.

Confirmó que solicitó “apoyo a países amigos respecto de recursos que nos han ofrecido para poder contar con todo lo que esté disponible para combatir estos incendios”.

Mientras Boric habla, las personas huyen apenas con lo puesto y lo que sus manos abrazan, arrastradas por socorristas que los salvan de su impávida y absurda decisión de quedarse para proteger aquello que representa el resultado de sus vidas: viviendas, animales, campos cultivados. Pero no hay nada que hacer, todo está en llamas, el fuego crepitante lo determina todo; no hay más que hacer, dejarse arrastrar para salvarse o morir.

Las imágenes son alucinantes y devastadoras. Las personas huyen con unas cuantas cosas “sagradas” en las manos, un álbum de fotos, una mascota, un cáliz; todos con rostros de espanto ante las llamaradas que explotan a sus espaldas, arrasando pinos, eucaliptos y robles.

Arden inmisericordemente no sólo las tierras, las casas y las bestias, sino la historia de vida de decenas de miles de personas.

Vastos sectores de tres regiones del sur chileno (Ñuble, Biobío y la Araucanía) se consumían por las llamas que llegaron a centros urbanos quemando 15 mil hectáreas. Parecían inútiles los esfuerzos de los bomberos y brigadas forestales, porque el viento intenso y variable aparecía por doquier y acrecentaba el impacto de las llamas; brasas ardientes saltaban por los campos de un potrero a otro propagando los incendios e imposibilitando su control.

Hay alarma meteorológica y se ha decretado estado de catástrofe en esas regiones, decenas de brigadas de bomberos forestales y de compañías que han concurrido desde diferentes puntos de Chile, pero nada es suficiente.

Todo se hacía poco, la ola de calor y la diversidad de los focos de fuego hacían inútiles los esfuerzos; mientras se anunciaba que las condiciones meteorológicas, caracterizadas por una ola de calor extremo, continuarán prácticamente invariables.

Cubadebate

Texto de Cubadebate

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