Refugio del patrimonio cultural de Trinidad (+fotos)

El Centro de Promoción Cultural de la Oficina del Conservador de la Ciudad y el Valle de los Ingenios, desde su fundación hace dos décadas, se erige como baluarte en defensa del patrimonio inmaterial de esta urbe

El Centro de Promoción Cultural en Trinidad abre las puertas al público de diversas edades que aprenden a amar a la ciudad. (Fotos: Ana Martha Panadés)

Las ciudades tienen alma. Y por más que perduren sus edificios, sus calles y sus espacios públicos, no menos trascendentes son los valores que nos atan de manera irremediable a un lugar y definen lo que somos.

Preservar todo ese legado ha marcado el rumbo del Centro de Promoción Cultural perteneciente a la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, con una fructífera trayectoria —20 años— en defensa del patrimonio inmaterial de la tercera villa fundada por los españoles en Cuba.

En la calle Amargura, la casa marcada con el número 85 sirve de sede a la institución que vio la luz apenas unos días después de la muerte de Roberto López Bastida (Macholo), fundador y primer director de la Oficina trinitaria. Se cumplía otro de sus grandes sueños: promover el conocimiento de la historia y la identidad local como fundamento de toda la actividad de restauración. Porque es necesario amar para conservar, asegura la doctora Alicia García Santana, Miembro de Honor de la Academia de Ciencias de Cuba.

MAS QUE PROYECTOS, RESULTADOS

Margot Durán, dircetora de Gestión y Promoción de la Oficina del Conservador de Trinidad reconoce el aporte del Centro en la divulgación y salvaguarda del patrimonio cultural.
Margot Durán, dircetora de Gestión y Promoción de la Oficina del Conservador de Trinidad reconoce el aporte del Centro en la divulgación y salvaguarda del patrimonio cultural.

A través de los proyectos socioculturales la institución se conecta con sus públicos. Para Margot Durán Cueva, directora de Gestión y Promoción de la Oficina del Conservador de Trinidad, resulta una de las líneas fundamentales del centro que permite desarrollar diversas acciones de sensibilización en torno al privilegio —y los grandes desafíos también— de vivir en una urbe patrimonial.

Entre Agujas fue uno de los primeros y desempolvó el arte de las manualidades. Reconocidas maestras artesanas se dedicaron a la enseñanza del tejido, el bordado y el deshilado para perfeccionar la técnica, con tal grado de exquisitez que solo puede mostrarse en una Ciudad Artesanal como la nuestra.

“Seres de la diminuta inmensidad es uno de los más hermosos”, comenta Margot y expone las razones: “Se trabaja con niños en el círculo infantil Clodomira Acosta gracias a la dedicación de la reconocida artista Yudit Vidal Faife; y a través de las artes plásticas los pequeños aprenden a querer el lugar donde viven”.

Musicarte, la orquesta de guitarras para niños y adolescentes, el festival de música infantil Carrusel de Colores, Tierranza… vinculan oficios, tradiciones campesinas y técnicas con materiales del entorno en la búsqueda constante de la creatividad cuando ciertamente escasean no pocos recursos.

Adalberto Justiz es uno de los jóvenes especialistas del centro y que prosigue con el proyecto de muñequería.
Adalberto Justiz es uno de los jóvenes especialistas del centro y que prosigue con el proyecto de muñequería.

Adalberto Jústiz López, especialista en promoción cultural y uno de los jóvenes especialistas, reconoce entre las virtudes del colectivo la premisa del trabajo en equipo. “Las ideas para hacer son muchas, nos golpean las carencias, pero tratamos de encontrar alternativas. La mayoría son realizables, como este de muñequería al que nombramos Trapita. Está dirigido a las personas de la tercera edad y queremos concebir una muñeca que represente la identidad trinitaria”, comenta entusiasmado.

Otros proyectos enlazan el Centro de Promoción Cultural con las comunidades asentadas en el Valle de los Ingenios. Tierranza, uno de los más interesantes, llega hasta la escuela primaria Esteban Hernández del poblado de San Pedro y revela nuevos usos de la tierra y de pigmentos naturales en la creación artística.

LA CASONA DE AMARGURA No. 85

Tras una exquisita restauración por el medio milenio de Trinidad, el inmueble conocido como Casa Tristá acogió en el 2013 el Centro de Promoción Cultural, ya con una década de quehacer.

El edificio constituye uno de los exponentes más significativos de la arquitectura de la época colonial en esta villa. En uno de los laterales de su fachada una cruz de madera marca una estación del Vía Crucis y parada obligatoria en las peregrinaciones de la Semana Santa por toda la calle de la Amargura hasta las Tres Cruces.

La sala principal, convertida en la Galería Tristá, resulta escenario de exposiciones de representantes de la vanguardia artística cubana; entre ellos Roberto Chile, Diago y Choco, quienes han compartido espacio con artistas locales e incluso internacionales. Tertulias literarias y descargas de músicos y trovadores de la localidad animan también a los espíritus de la casona.

Para Israel Rondón, especialista principal de la institución, este espacio galerístico contribuye a la promoción del arte en sus más diversas expresiones. “Mantenemos un vínculo estrecho con los artistas, los más reconocidos y los más jóvenes porque no hay ninguna distinción; y desde aquí se estimula la búsqueda constante de la calidad, de técnicas y materiales novedosos, siempre con mucho respeto a la creación individual”, comenta el también curador.

Fundadora del centro, Noemí Pérez Santos evoca a Macholo. “Desde el primer momento comprendió la importancia de trabajar lo cultural con la misma intensidad que la restauración”, sentencia la promotora cultural que prefiere el intercambio directo con el público.

“Antes me desempeñé como instructora de arte en la Casa de Cultura Julio Cueva, pero aquí he tenido la posibilidad de crecer profesionalmente. Preparar exposiciones, atender visitas de alto nivel, organizar rutas y senderos como parte de las actividades del verano… Cada reto me hace esforzarme más”.    

También fundadora, Lázara Naranjo Hernández es de las más queridas en el colectivo. “Soy tan promotora como ellas porque he recopilado mucho conocimiento de la ciudad y de su historia. Somos muy unidos y eso hace que las cosas salgan bien”, dice orgullosa de la labor que realiza como auxiliar de limpieza.

CELEBRACIÓN DE UN ANIVERSARIO

Como parte de la institución, la Galería Tristá promueve el arte sin distinción y los jóvenes encuentran allí el espacio para mostrar sus obras.
Como parte de la institución, la Galería Tristá promueve el arte sin distinción y los jóvenes encuentran allí el espacio para mostrar sus obras.

“Es un buen momento para celebrar el cumpleaños del Centro de Promoción Cultural este primero de julio”, manifiesta Margot, sin dejar de reconocer deficiencias y desafíos futuros, los cuales requieren de mucha intensidad en el trabajo y compromiso.

Entre las propuestas, la exposición Guardar como devino espacio de encuentro en el que coincidieron artistas con una obra consolidada, artesanos, niños y jóvenes que ya asombran por su talento, pero además de reflexión, desde principios y cuestionamientos estéticos.

“Estamos en un lugar donde confluyen técnicas, modos de hacer, visiones conceptuales, unas que vienen de la formación empírica, artesanal y de la propia academia que un día tuvimos en Trinidad, como centro de esa vida que se mantiene a pesar de procesos pandémicos y de transformaciones económicas. Es bueno entonces reflexionar en torno a la idea de cómo almacenar y mantener todos esos procesos en una ciudad creativa como la nuestra”, afirma Israel.

La presentación de audiovisuales y del programa por el aniversario 510 de la fundación de la villa, actividades en las comunidades rurales, talleres de cocina creativa y otras propuestas que se extenderán durante los próximos meses se sumaron a la jornada de festejos por los 20 años del Centro de Promoción Cultural de la Oficina del Conservador de la Ciudad, una casa donde se resguarda el patrimonio cultural trinitario.

Continuar trabajando en un vínculo más estrecho con la comunidad, en particular las que se asientan en el Valle de los Ingenios constituye una de las proyecciones a las que se refiere la directora de Gestión y Promoción de la Oficina del Conservador de Trinidad. “Estaremos con las propuestas de la etapa estival y vamos a concretar nuevos proyectos de colaboración internacional”, añade Margot.

En la casona de Amargura No. 85 la creatividad se cultiva y crece. De ella se nutre el colectivo del Centro de Promoción Cultural que cuenta con jóvenes como Adalberto.  “Se pueden hacer muchas cosas. Trinidad es un cúmulo de tradiciones aún por develar. La inspiración sigue viva; entonces, manos a la obra”.    

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

Comentario

  1. Cómo siempre, la prensa de Cuba, informando de lo que a nadie le importa.

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