El brillo de una vida (+fotos)

En uno de los espacios más concurridos de la añeja ciudad de Sancti Spíritus, un hombre y su oficio sobreviven al paso del tiempo

Cecilio Reyes Pérez lustra unas botas en los portales del mercado El Convenio; un oficio que aprendió desde niño y que aún ejerce a sus 82 años. (Fotos: Alien Fernández)

A los pies de la Iglesia Parroquial Mayor, entre el ir y venir de quienes atraviesan cada mañana los portales del mercado El Convenio, Cecilio Reyes Pérez llega puntual a su banco de limpiabotas. Tiene las manos marcadas por décadas de betún, cepillos y cuero.

El betún negro y las brochas acompañan desde hace más de siete décadas las jornadas de Cecilio.

Nació en La Habana, pero Sancti Spíritus terminó por adoptarlo en 1990. Desde entonces, o quizá un tanto después, lo conocen por el sobrenombre que evoca su origen: “Habana”. Aunque ejerció distintos oficios a lo largo de su vida, nunca abandonó el primero: limpiar zapatos. Lo aprendió con ocho años. Eran la década del 50 del siglo pasado. Le prestaban un viejo banco para ganarse unos quilos en las calles capitalinas.

Cada movimiento sobre el cuero repite una rutina aprendida en las calles habaneras de los años 50.

Hoy su puesto es más moderno, pero la rutina conserva la misma esencia. Mientras un cliente coloca las botas sobre las suelas metálicas, los cepillos van y vienen con una precisión aprendida por el tiempo. Le arranca al cuero el brillo oscuro del betún negro. Entre pasada y pasada, Habana cuenta historias de otra Cuba, de otros días, como quien también pule la memoria.

Entre clientes habituales y conversaciones mañaneras, Habana mantiene vivo un oficio cada vez menos común.
Las manos de Cecilio conservan las marcas de una vida entera dedicada al trabajo.
A los pies de la Iglesia Parroquial Mayor, el brillo del cuero también parece conservar la memoria del tiempo.

Alien Fernandez

Texto de Alien Fernandez

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