A los pies de la Iglesia Parroquial Mayor, entre el ir y venir de quienes atraviesan cada mañana los portales del mercado El Convenio, Cecilio Reyes Pérez llega puntual a su banco de limpiabotas. Tiene las manos marcadas por décadas de betún, cepillos y cuero.

Nació en La Habana, pero Sancti Spíritus terminó por adoptarlo en 1990. Desde entonces, o quizá un tanto después, lo conocen por el sobrenombre que evoca su origen: “Habana”. Aunque ejerció distintos oficios a lo largo de su vida, nunca abandonó el primero: limpiar zapatos. Lo aprendió con ocho años. Eran la década del 50 del siglo pasado. Le prestaban un viejo banco para ganarse unos quilos en las calles capitalinas.

Hoy su puesto es más moderno, pero la rutina conserva la misma esencia. Mientras un cliente coloca las botas sobre las suelas metálicas, los cepillos van y vienen con una precisión aprendida por el tiempo. Le arranca al cuero el brillo oscuro del betún negro. Entre pasada y pasada, Habana cuenta historias de otra Cuba, de otros días, como quien también pule la memoria.



Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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