El graderío vacío del estadio Julio Antonio Mella no pudo ser más proverbial. Ni porque la disputa por el título enrolara a Industriales, el equipo que en Cuba hemos construido como el motor de los duelos clásicos, el más controversial y mediático, logró atraer a los tuneros. Y así la IV Liga Élite del Béisbol Cubano cerró la más lánguida de sus ediciones.
Hasta ahora, nunca la afluencia de aficionados nunca había sido el fuerte de la mal nombrada Élite, sobre todo en su fase regular, pero los desafíos por la discusión del título habían logrado salvarla por la presencia bastante numerosa de eso que llamamos el décimo jugador: el público.
Más allá de los contrarios que le ganaran la porfía a la hora del cierre, el evento que inventamos hace cuatro temporadas dio muestras de fenecimiento preocupante.
La estocada final se la dio el colapso eléctrico, que obligó incluso a posponer un juego en medio del play off por el título. Resulta complicado conquistar seguidores, mucho menos presenciales, cuando la gente padece el impacto de un apagón total en sus vidas. Incluso a la hora en que se disputó lo que a la postre fue el juego definitivo, el pasado 7 de julio, aún muchos hogares y sus moradores estaban en penumbras. Así es muy difícil llenar graderíos.
Pero antes ya la Liga estaba por firmar por adelantado su acta de defunción, cuando su calendario se metió en territorio prohibido y tuvo un fuera de lugar por adelantado.
Nada compite en el planeta con la Copa del Mundo de Fútbol y su arrolladora capacidad para acaparar todas las atenciones.
La afición, la poca que siguió la Élite más por los medios que en los estadios, perdió el rumbo de la lid desde que se dio la primera patada del megaevento futbolístico, diseñado para atraer multitudes con sus espectáculos gigantescos, su marketing opulento y su calidad innegable.
Muchos ni sabían por dónde andaba el calendario del certamen beisbolero; ni siquiera quiénes eran los protagonistas de su finalísima, a pesar de que los medios digitales y las redes se las ingeniaron para darle seguimiento informativo.
La Liga Élite pudo incluso haberse suspendido cuando el país tuvo que paralizar hasta centros laborales completos, su transporte y su propia vida, tras el cerco energético de Estados Unidos, que bloqueó las entradas de combustible. Y eso se lo resintió todo, hasta el deporte, precisado a suspender incluso los Juegos Escolares Nacionales.
Pero, en nombre de eso que llamamos pasión de los cubanos, la hicimos y punto. Como fuera. Quizás a sabiendas de que tendría este cierre opaco, y no precisamente por los apagones.
Terminó con el título de Industriales en una finalísima que, para colmo, se acabó en un santiamén, tanto como en cinco partidos, pese a enrolar también al equipo que ha sido ganador de oros en la Serie Nacional. Y así, ante la falta de rivalidad de competencia, a pesar de lo cerrado de algunos marcadores, la opacidad se recalcó y el disfrute, al parecer, solo fue privativo de los jugadores y su equipo técnico, que levantaron felices la copa de campeones en un estadio vacío.
Porque nada tiene que ver con lo extradeportivo, al final para los Azules lleguen los aplausos porque ganar alimenta, aunque sea en un encuentro de barrio. Ellos fueron los mejores de una punta a la otra al quedar primeros en la fase regular y defender con dignidad ese liderazgo. Así, ganaron su primer título en estas lides y, para mí, si somos consecuentes con la realidad, no termina con una sequía de 16 años sin ganarlo, porque este pertenece a la Liga Élite y el lapso de que se habla pertenece a otro evento que nada tiene que ver con este.
Enfocarlo de ese modo es contraproducente porque se trata de torneos totalmente diferentes desde sus diseños, estructuras, cronogramas e integración de de equipos sobre la base de refuerzos numerosos. En Cuba el título principal del béisbol cubano sigue siendo el que se gana en su principal evento: la Serie Nacional. Por tanto, Industriales es el campeón de la Liga Élite, pero no se suma a los 12 que ya tienen en Series Nacionales. El de Cuba es Matanzas, hasta que vuelva la próxima edición, de la que por cierto, nada se ha dicho.
Más allá de este cierre enjuto, ¿qué dejó la Liga Élite? Que en un torneo donde se agrupa lo mejor que tiene Cuba en materia de béisbol, descontados los contratos que militan en varias ligas, se haya lanzado colectivamente para un PCL de 6.32 habla de deudas crónicas en un departamento clave para soñar con una recuperación de este deporte.
Y hay que leerlo así más allá de que el bateo integral lo haya hecho para 318, pues entonces eso nos hundiría más en el espejismo de contar con bateadores de calidad, aunque tengamos casos esporádicos. El average de 974 es perfectible para una liga de este tamaño.
Hay que darle, sin embargo, un reconocimiento a los protagonistas principales: los jugadores y sus cuerpos de dirección porque salieron al terreno a jugar pelota de la mejor manera que pudieron hacerlo, pese a estar trasnochados por el apagón, soleados y no siempre bien alimentados.
La decepción colectiva fue Matanzas, con un último puesto y un desbalanceado promedio de 15-23, pocos meses después de ser el titular de la Serie Nacional. De manera que, otra vez, a pesar de lo rimbombante de su calificativo en nombre de la publicidad, a la Liga Élite le quedó el traje fuera de medida, por más que intentemos tapar el sol con un dedo.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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