La Industria Alimentaria de Sancti Spíritus enfrenta durante este 2026 viejos y nuevos retos para sostener en pie producciones fundamentales en la mesa de los espirituanos: desde la elaboración del llamado pan de la canasta básica, hasta la repostería.
Hoy, esa entidad cuenta con 10 Unidades Empresariales de Base (UEB), una en cada municipio, más otras dos en la cabecera provincial que atienden la elaboración del pan de venta liberada y el aseguramiento a todas las panaderías del territorio.
Con unos 1 215 trabajadores, el principal encargo social de la entidad continúa con la fabricación del también llamado pan de la cuota, alimento que hace unos años llegaba puntualmente, como un reloj, cada día a las familias espirituanas y que hoy se distribuye de manera irregular.
“En el país se mantiene un alto déficit de harina y el molino de Cienfuegos continúa paralizado. A esta empresa, diseñada para consumir 45 toneladas diarias de harina, hoy apenas arriban nueve, lo cual obliga a elaborar solo el pan del consumo social y una mínima parte del de la canasta básica, que se debe distribuir cada tres días”, argumentó a Escambray Osney Rodríguez Espinosa, subdirector de Producción de la Industria Alimentaria en Sancti Spíritus.
Pero sucede que en la práctica esa programación no siempre se cumple y los consumidores muchas veces no saben a ciencia cierta cuándo podrán comprar el producto.
Esta realidad obliga a las familias a erogar notables cifras de dinero en comprar el pan que fabrican las panaderías particulares o las propias estatales a precios diferenciados y también caros para el ingreso medio de los espirituanos.
Entonces muchos se preguntan: ¿por qué las panaderías tienen harina para fabricar el pan caro y no el barato?: “El pan de la canasta básica es subsidiado por el Estado, que no dispone de la harina; mientras que para elaborar el de tarifas más caras compramos esta materia prima importada a precios elevados a los proveedores particulares y, como consecuencia, tenemos que vender a precios diferenciados el pan liberado”, argumentó Rodríguez Espinosa.
Otro asunto complejo en la agenda de la Industria Alimentaria se relaciona con la calidad de sus surtidos, un viejo arrastre que ha mejorado en algunas panaderías, pero en otras se mantiene igual o peor con la elaboración de panes que dejan mucho que desear.
Esa realidad se complica en la actualidad porque, aunque la calidad de la harina se mantiene generalmente buena, “los apagones inciden negativamente en el proceso, debido a que la masa necesita un tiempo de reposo de tres o cuatro horas para poder entrar al horno y cuando supera ese lapso y no existe forma de hornearlo el producto pierde propiedades”, aseguró el directivo.
Ante este panorama, algunas alternativas han nacido en la práctica, como los 30 hornos de leña con que ya cuenta la entidad y el estudio que hoy llevan adelante para instalar paneles solares en tres panaderías, una idea que —de concretarse— convertiría a esta industria en la pionera en Cuba en aplicar esa solución.
Pero mientras ese momento mejor llega, las panaderías y dulcerías de Sancti Spíritus se afanan en mantener, al menos, sus ofertas fundamentales, que hoy prácticamente resultan imprescindibles para contribuir a paliar la crisis por la escasez de alimentos que enfrenta el país.
En este sentido, mucho resuelven la comercialización de sus bases de pizza, panes liberados y dulces, los cuales expenden a precios bastante más módicos que los productores particulares.
Con estas opciones cumplen los compromisos productivos fijados y salvan la economía de la empresa, aunque en general sus surtidos no satisfacen la actual demanda de los espirituanos.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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