Los candidatos presidenciales Keiko Fujimori y Roberto Sánchez (por confirmar) alistan sus campañas proselitistas para disputar en un balotaje la presidencia de Perú, que se perfila como una final cuyo desenlace es difícil de pronosticar.
Ambos parten empatados en preferencias, según una reciente encuesta de la empresa Ipsos que les asignó 38 por ciento a cada uno, ante lo cual la neoliberal se sumó a las percepciones mayoritarias que pronostican que su rival será el izquierdista Sánchez, del partido Juntos por el Perú (JP).
Las proyecciones indican que Sánchez alcanzará el segundo lugar, a la espera del fin del lento conteo de votos, en el que supera por estrecha diferencia al derechista extremo Rafael López Aliaga.
“Parece que estamos en segunda vuelta con el señor Sánchez”, dijo la postulante del partido Renovación Popular (RP) a un grupo de madres de un barrio popular, sector en el que se define la contienda final, en un discurso que sobre todo invoca el legado d e su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó el país con mano dura entre 1990 y 2000.
Descartó así los afanes del derechista extremo Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, de anular las elecciones alegando que los graves fallos logísticos de la primera ronda evidencian un supuesto fraude.
Televisoras, estaciones de radio y diarios que en su mayoría lo arropan con amplios espacios para su prédica “fraudista”, pese a que expertos electorales y analistas políticos señalan que no hay pruebas de fraude, al punto que López Aliaga ha ofrecido recompensas a los funcionarios electorales que le proporcionen pruebas
Con un tono de voz cálida, sonriente y distendida, en su cuarta campaña por la presidencia -fracasó en las tres previas- Fujimori muestra un gesto amable, dejando atrás el carácter duro y eventualmente agresivo de sus campañas anteriores.
“Se presenta ante los medios de prensa como una persona bondadosa, pacífica, dialogante, todo un dechado de virtudes que guardan mucha distancia con su ser real”, afirma el analista Jorge Agurto, en un artículo que la califica como “cuervo disfrazado de santa paloma”.
Fujimori ganó la primera vuelta electoral del 12 de abril con 17 por ciento de los votos, porcentaje precario debido a la fragmentación del electorado y al gran número de candidatos presidenciales (34), mientras Sánchez tiene 12 por ciento y fracción, es decir que creció más que su rival.
Sánchez elevó su porcentaje de adherentes a más del triple, mientras Fujimori lo aumentó a un poco más del doble, aunque ella tiene a su favor más recursos -según indica el despliegue de la primera vuelta- y cuenta con la mayoría de los medios de prensa.
A diario, aparecen editoriales y noticias de orientación macartista y alarmista, que auguran en estridentes portadas un negro futuro para el país si ganara la presidencia Sánchez.
Cualquier flanco débil del izquierdista es aprovechado por ese coro mediático, como el apoyo que recibe JPP del nacionalista radical Antauro Humala, de quien Sánchez marcó distancias al señalar que lo apoyó en la campaña de la primera vuelta, pero no pertenece al partido de Sánchez, ni expresa las posiciones de JPP.
Tampoco puede descartarse el recurso de alegar un supuesto fraude en la eventualidad de que, tras una verdadera carrera de obstáculos, Sánchez gane la segunda vuelta.
Fujimori no ha apoyado el fraude que alega López Aliaga -como hizo en 2021, cuando ambos intentaron anular la victoria del maestro rural Pedro Castillo- pero en su reunión con mujeres humildes, les pidió que se enrolen como personeras de su partido para “cuidar los votos” ante irregularidades como las de la primera vuelta.
Y todo eso cuando ni siquiera se ha confirmado la clasificación de Sánchez a la gran final, lo que da la razón a quienes pronostican un balotaje encarnizado.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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