Osadía a la espalda de Trinidad

Estos hombres superaron todos los obstáculos. (Foto Vicente Brito)Varios días consecutivos de titánico trabajo para recuperar el abasto de agua por la conductora de San Juan de Letrán, averiada por las intensas lluvias.

Hay encomiendas periodísticas que desbordan cualquier previsión. Acompañar a dos brigadas de trabajadores de Acueducto encargadas de reparar las averías que causaron las intensas lluvias en la conductora de San Juan de Letrán devino inigualable cobertura reporteril a la proeza que el martes 29 de mayo protagonizaron más de 20 hombres a la espalda de Trinidad.

En esa fecha, la escasez de agua aguijoneaba a la villa y su gente; el servicio desde esa fuente, que abastece al 60 por ciento de los usuarios, estaba paralizado desde el miércoles 23. El sábado 26, es cuando directivos y especialistas de la entidad de Acueducto y Alcantarrillado Municipal pueden trepar al lomerío y ubicar los daños en la tubería.

PROA A LA MONTAÑA

Al filo de las seis de la mañana del pasado martes llegó el equipo de Escambray a Trinidad. Unos 25 trabajadores de Sancti Spíritus y ese municipio se reunieron al final del barrio La Pastora. Allí, esperaba también el camión Katanga, de la Empresa Forestal, único medio de transporte capaz de transitar por aquellos caminos y potreros para acercar a esas fuerzas especializadas hasta el borde de la montaña, donde se cierran los accesos; a partir de ahí, los hombres solo tienen la opción de continuar a pie.

Al chofer Carlos Escobar no pareció asustarle la desafiante travesía por pantanos, cauces de arroyos, marabuzales… Pero permanecer sobre la cama del Katanga, sin baranda y cargado de tubos, botellones, picos, palas, sogas, barras de plomo, gomas…, y casi 30 hombres fue un verdadero dilema.

A las 8:10 a.m., el camión detiene la marcha; alguien recuerda que, para la primera avería, faltan 4 o 5 kilómetros. “Ahora viene la parte dura”, comentó Michel Soroche, jefe de Operaciones, y tenía razón. Con todos aquellos recursos y medios de trabajo, los trabajadores empiezan a trepar. La mayor incógnita era cómo subirían un trozo de tubo de más de 3 metros de largo y 14 pulgadas de diámetro.

Comenzó la proeza; primero lo cargan guindado de una vara de pito; después, al hombro. Se caminaba sobre rocas, barro, por zanjones; a la izquierda, la montaña; a la derecha, el derrisco. “Vamos, que hay que llegar”, animaba a cada rato Jorge Valdivia, director municipal de Acueducto; y, el pesado tubo volvía también a los hombros de Yurguen Balmaceda, Humberto Polanco, Miguel Veloz, Roberto Carlos García y Yandi Lizano.

Cubierto un tramo, el cansancio amenazaba con abortar aquella operación de reparar la conductora; mientras, esa mañana muy pocos en Trinidad conocían que un grupo de trabajadores desafiaba la adversidad para restablecer el servicio de agua.

Alguien sugiere llevarlo arrastrado y fue la iniciativa salvadora. Lo amarran, esos mismos hombres hacen de “yuntas humanas”, y de nuevo a subir. En la medida que se avanzaba, más inaccesible se presentaba aquel sendero. “¿Cuánto falta?”, pregunta el fotógrafo de Escambray;  “2 o 3 kilómetros”, le contesta alguien. Con el tubo a rastro sigue el avance; la picapica y el guao acompañan el trayecto.

Llega el cruce del río, la primera mojada del día. Pronto se suceden las otras, pues el San Juan, caprichosamente, zigzaguea entre esas montañas. El tercer paso resultó el más complicado; una ligera cascada, hacía más fuerte la corriente; a los hombres se les cae el tubo, casi se lo lleva el arrastre, pero lo logran subir.

LA PIEDRA PARTIO EL TUBO

Unos metros más de camino y, por fin, se llega a la primera avería localizada en la conductora. Un desprendimiento de las rocas partió el tubo. Eran las 9:40 a.m.; en menos de dos horas, por un abrupto camino, esas fuerzas llegaron a una de las roturas; sin perder tiempo, emprendieron la sustitución del tramo dañado.

Otros dos grupos siguieron el trayecto; uno, para reponer un pedazo de conductora rajado por las fuerza de las aguas; el otro llevaba la misión de llegar, unos 4 o 5 kilómetros más arriba, al mismísimo manantial de San Juan de Letrán, ese surtidor natural que entrega sus aguas a Trinidad.

Muchas veces la sequía ha puesto en jaque el abasto a la ciudad desde esta fuente principal y todo indica que la villa y su gente seguirán dependiendo en buena medida de esas aguas. Sin embargo, acceder a la conductora para cualquier reparación es otra vulnerabilidad. Si en otros tiempos con bueyes y mulos se subían los recursos y medios, esta vez ningún lugareño se atrevió a poner en riesgo sus animales. Solo el tesón de esos hombres hará posible que el agua de San Juan de Letrán vuelva a Trinidad.

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