Exprimir la tierra para producir

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“Mis animales se han comido más de 4 hectáreas de caña”, expresa Pedro Luis Corrales. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Los productores de la CCS Luis La O, en Yaguajay, mantienen las entregas de comida en medio de la escasez de agua

El rostro de la sequía está visible en El Rincón, La Gloria y Llanadas Abajo, tradicionales zonas campesinas del municipio de Yaguajay donde se asientan los integrantes de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Luis La O, entidad acostumbrada a producir en secano, mas en esta última etapa prácticamente allí han tenido que exprimir la tierra para mantener las entregas de alimentos.

“No es que haya sido tan grande la sequía, es que desde el pasado año viene apretando, fíjate que el pozo del batey La Elaida nunca se había secado y ya se agotó”, narra con asombro Pedro Luis Corrales Oliva, el ganadero de la CCS que mejor parado sale ante la adversa situación climática.

Al cierre del primer trimestre del año, la cooperativa, enclavada en áreas del Plan Turquino de Bamburanao, sobrecumplió el compromiso de leche para la industria y también el aporte de frijol para la canasta básica.

El mayor impacto de la escasez de agua se reporta en la malanga, cultivo sobre el que se desarrolló un amplio programa de plantación y se llegó, incluso, a fijar un plan de 20 toneladas, pero, hasta marzo, los acopios apenas superaban las 2 toneladas.

“La seca le pasó la cuenta a la malanga, no solo porque rindió muy poco, la que se dio tuvo mala calidad; con el frijol pudimos cumplir porque llovió algo cuando le hacía falta a la planta, se sembró más de lo contratado y los campesinos aportaron por encima del compromiso”, señala Yoel Fernández, económico de la CCS.

La prolongación de la sequía tiene, por increíble que parezca, un lado bueno, según argumenta María del Pilar Martínez, presidenta de la cooperativa.

“Los campesinos están pidiendo combustible para preparar terrenos y sembrar forraje, si alguno no creía en la seca, lo que está ocurriendo demuestra que hay que prepararse más y tener suficiente comida para mantener los animales y la entrega de leche, que es un renglón importante en la zona”.

DESVELO POR LAS RESES

Mis animales se han comido más de 4 hectáreas de caña y 2 de king grass —relata el campesino Pedro Luis Corrales para ilustrar ese desafío de alimentar el rebaño—, aunque la sequía siga plantá’, no renuncio a los 23 000 litros de leche que tengo comprometidos en el año”.

Este ingeniero en Transporte, devenido después campesino, lleva por dentro la filosofía ganadera y revela que la fórmula en esta actividad es acuartonar. “Mientras menos camine y pisotee el animal, es mejor”, afirma.

“Esas cosas se aprenden en el día a día, pero el campesino tiene que organizarse bien”, agrega sin dejar de atender la preparación de la comida en la máquina forrajera para llevarla después al potrero donde esperan las 12 vacas actualmente en ordeño.

El campesino reafirma una frase que no es nueva: la seca se gana en la primavera, y adelanta la intención de sembrar en los meses por delante más caña y hierbas proteicas. “Es mejor tener áreas compactas de comida que grandes potreros abiertos sin pasto.

“Le digo algo, como están viniendo los tiempos y, aunque acuartones, hoy el ganadero que no tenga una máquina forrajera tiene que retirarse; es verdad que antes no existían esos equipos, pero llovía con regularidad”, advierte Pedro Luis.

La carencia de la inseminación artificial aflora entre las preocupaciones del campesino y, según expresa, las vacas se están preñando al año y pico. “Estoy comprando novillas cargadas porque con mis dos toritos no logro el 80 por ciento de natalidad que tuve el año pasado”.

NUEVA RUTA PARA EL TOMATE

Cada año en la CCS Luis La O se planifica aportar 45 toneladas de tomate para el programa de sustitución de importaciones, pero esta vez la industria conservera espirituana no asimiló la producción de la base campesina por razones de capacidad tecnológica.

“Sembramos sin tener todo el destino asegurado, siempre se nos había contratado, este año no fue así y ante esa situación la Empresa Agropecuaria Obdulio Morales hizo la gestión con la industria de Arimao, en Cienfuegos, y hemos enviado el tomate para allá”, explica la presidenta de la cooperativa.

Al cierre de marzo, la CCS reportaba 12 toneladas entregadas a esa fábrica y otras 20 a Ceballos, en Ciego de Ávila, contribución esta que se factura a través de la empresa espirituana de Acopio ante el impedimento de que la base productiva contrate directamente con la planta avileña.

“Sembré tomate para sobrecumplir los compromisos; sin embargo, la seca me ha puesto contra la pared y es bajo el rendimiento; pero a otros productores que lo plantaron más temprano les ha ido mejor y la cooperativa tiene posibilidades de cumplir con este renglón del programa de sustitución de importaciones”, puntualiza el productor de Llanadas Abajo Alfredo Linares Pérez.

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